Por Enrique Torres *
Santiago de Chile (PL) A pocos días de que sean exhumados los restos del poeta chileno Pablo Neruda, para tratar de determinar si fue asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet, la parte querellante mantiene grandes dudas sobre la rigurosidad del procedimiento.
"No estoy pensando en la mala fe del juez, ni del médico legal, no creo que estén comprometidos en ningún juego sucio, en nada que no sea transparente, pero sí existe falta de rigurosidad en la forma en que se ha determinado la exhumación de Neruda", manifestó el abogado Eduardo Contreras.
En entrevista con Prensa Latina, el prestigioso letrado describió diversos y poco conocidos pasajes en torno a la muerte del intelectual chileno, ocurrida el domingo 23 de septiembre de 1973, 12 días después del golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende.
De acuerdo con Contreras, el peritaje debería comenzar por determinar a través de exámenes de ADN si los restos que serán exhumados de Isla Negra el 8 de abril corresponden a Pablo Neruda, sin embargo, tal diligencia no está prevista.
"No existe garantía alguna de que los huesos que están en esa urna sean los de Neruda", manifestó el abogado, tras recordar que la osamenta del bardo fue colocada inicialmente en el panteón de la familia Dittborn, con la cual la esposa del escritor, Matilde Urrutia, tenía relaciones de amistad.
Los restos luego fueron trasladados a un nicho en el Cementerio General, donde permanecieron hasta 1992, cuando son llevados a Isla Negra, una de las tres casas que tuvo el Premio Nobel de Literatura 1971, ubicada en la comuna El Quisco, en la región de Valparaíso. Allí reposa también su esposa Matilde.
"Quién observó el traslado de los restos de Neruda al nuevo lugar, quién redujo y cómo se redujeron los restos a un nicho más pequeño, qué huesos se trasladaron, cuáles no se llevaron, cuáles pueden servir aún para una pericia, nada de eso se sabe", reflexionó Contreras.
En opinión del abogado querellante, ese procedimiento resulta necesario si se tiene en cuenta que en los años 80 Pinochet ordenó la llamada operación Televisores, en la cual los militares tomaban restos de detenidos-desaparecidos y los lanzaban al mar, los quemaron, y trastocaron tumbas para que si en el futuro hubiese una investigación judicial no se pudiesen encontrar los cuerpos.
"Si ellos hicieron eso con muchas personas, por qué no pudieron hacerlo también con Neruda", preguntó.
LA QUERELLA
En 2011 fue interpuesta una querella criminal por el Partido Comunista de Chile, organización en la que el poeta militó toda su vida, llegando a ser miembro de su Comité Central, senador y candidato a la presidencia de la República.
El abogado Rodolfo Reyes, sobrino de Neruda, también se hizo parte querellante del proceso, reclamó la exhumación de los restos del intelectual para someterlos a pericias dentro y fuera de Chile, a fin de determinar si la causa de muerte fueron sustancias extrañas suministradas a su organismo.
En respuesta a la petición, a fines de febrero último el juez Mario Carroza ordenó que se lleve a cabo el proceso, abierto muchos años después de que la versión imperante indicaba que el poeta murió a causa de un cáncer de próstata.
Fue el testimonio del chofer de Neruda, Manuel Araya, que inspiró la querella, al revelar que una extraña inyección fue puesta en el abdomen del paciente mientras permanecía en la clínica Santa María.
Neruda se alarmó y llamó a Matilde, incluso trató de comunicarse con Araya, quien se encontraba ese día en la casa de Isla Negra por encargo del poeta, en víspera del viaje que tenía previsto realizar a México el 24 de septiembre.
Luego de la muerte de Neruda, su chofer fue arrestado y recluido en el Estadio Nacional, a la sazón convertido por la dictadura en centro de tortura y muerte.
Fue así que los médicos certificaron su deceso por enfermedad, sin que nadie objetara el dictamen.
"Pero además, el terror masivo de aquellos terribles días inhibía cualquier tentativa de pedir una investigación sin más antecedentes, de manera que los tribunales no la habrían aceptado como tantas otras denuncias y recursos de amparo", comentó el abogado Contreras.
Muchos años después, el testimonio de Araya apareció en un reportaje en la revista mexicana Proceso, escrito por el periodista chileno Francisco Marín.
Las revelaciones del chofer desmintieron el dictamen de los médicos, quienes certificaron que el escritor murió de una "caquexia cancerosa", que según explica Contreras, "nunca jamás existió".
El abogado recuerda que se reunió con Araya al conocer de ese testimonio, plática que le aportó otros antecedentes, y además recurrió a la prensa de la época, hasta encontrar que el mismísimo diario El Mercurio informó que el poeta falleció de un paro cardíaco, provocado por un shock causado por una inyección que se le aplicó para calmarle dolores.
"Quedó demostrado que el certificado de defunción de los médicos de la dictadura era falso", manifestó Contreras, quien asegura que, independientemente de los resultados de las pericias técnicas que se realicen luego de la exhumación, existe la certeza de que la muerte de Neruda no fue por causas naturales.
OTRAS PÁGINAS OSCURAS DE LA HISTORIA
Para el abogado Contreras, tampoco resulta normal que la clínica Santa María, a donde el poeta había sido llevado para sacarlo del aislamiento de Isla Negra, no haya entregado al tribunal la ficha clínica del paciente.
"No solo era su obligación legal conservarla, también era su deber ético, por respeto a una de las grandes figuras de la literatura continental y universal", consideró el letrado.
Pero además, expresó el abogado querellante, la clínica -donde también murió en extrañas circunstancias el expresidente Eduardo Frei Montalvo-, tampoco accedió a entregar la lista de todos los trabajadores que laboraban allí en septiembre de 1973.
Según Contreras, el centro de salud solo dio acceso al registro de quienes trabajaban en esa época y todavía son empleados de la institución, por supuesto, sin libertad para contar la verdad, ya que no pueden declarar contra su empleador.
La historia no acaba ahí. El abogado recordó que Neruda fue ingresado el 19 de septiembre de 1973, y el médico que ordenó la inyección, Sergio Draper, entró a trabajar en la clínica un día después.
"Y no existe constancia de que un médico con ese nombre haya estudiado en las facultades de medicina de Chile", exclamó Contreras, quien dijo continuar con dudas sobre la identidad de esa persona, pues se desconoce si fue incluso un extranjero.
El letrado insistió en las dudas existentes sobre la sustancia inyectada a Neruda; entre trabajadores de la clínica se llegó a pensar que fue aire.
"¿Fue dipirona, bacterias, aire, sustancias tóxicas, gas sarín, ácidos, qué?", preguntó Contreras, para quien continúa siendo una incógnita el nombre del médico o la autoridad que ordenó la inyección.
LA EXHUMACION
Hasta el momento en que se realizó esta entrevista no estaba autorizada la participación de los peritos nacionales e internacionales de la parte querellante, y sí de Germán Tapia Copa, un experto del Servicio Médico Legal, quien ya fue parte de la certificación sobre la muerte de Neruda.
"Eso evidencia una falta de imparcialidad notoria", sostuvo Contreras, quien dijo estar dispuesto a llegar hasta la corte de apelaciones u otras instancias para reclamar la participación de los peritos de la parte querellante.
El abogado aseguró que es ilegal realizar la exhumación sin la presencia de sus expertos, ya que el Código de Procedimiento Penal vigente en la época de la muerte de Neruda, el cual es el que se aplica en este caso, permitía que se pudiera trabajar con peritos.
"Nosotros no objetamos la lista del Servicio Médico Legal, de la Cruz Roja, observadores argentinos, pero también deben estar los nuestros, uno viene de Suiza, otro de Canadá, de forma voluntaria, son gente de mucho prestigio, de mucho nivel internacional", apostilló.
También el abogado Reyes, el sobrino de Neruda que se hizo parte de la querella, propuso un perito, y tampoco se lo aceptaron.
Otra laguna de la diligencia es que no están previstas pruebas de salinidad. Contreras llamó la atención sobre el hecho de que el terreno donde están los restos en Isla Negra está muy próximo al mar, y por lo tanto tiene influencia de salinidad y humedad.
"Por lo tanto, antes de destapar la tumba, se debe determinar cuál es el grado de salinidad y humedad del terreno, porque eso establece también lo que puede ocurrir cuando se abra y entre en contacto con el aire. Qué puede perderse o no perderse. Tampoco eso está planteado", manifestó.
En medio de tantas anomalías, Contreras dijo temer que quizás nunca se pueda saber la verdad de lo ocurrido, aunque está consciente de que la actual tecnología médico forense de alto nivel permite descubrir verdades luego de más de un siglo de transcurridos los hechos investigados.
"No se trata de establecer que Neruda padecía de un cáncer prostático, realidad que nadie niega, sino de descubrir la existencia de sustancias nocivas que pudieron provocar el desenlace", apostilló.
*Corresponsal de Prensa Latina en Chile.
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