condicionada
Por TEÓFILO -QUICO- TABAR
Aunque sobre este tema he escrito en varias ocasiones, creo oportuno reiterar que lamentablemente vivimos desde hace tiempo en una sociedad en la que se han ido tejiendo tantos hilos de intereses entre los distintos grupos y sectores que protagonizan las diferentes actividades, que se ha creado una especie de telaraña que la cubre, ata y condiciona.
Los diferentes sectores se han entremezclado e interconectado a tal punto, que cuando se toca uno, los efectos se sienten en los demás. Esa situación está dando como consecuencia una sociedad atrapada y condicionada hasta la médula, cuyas fatales consecuencias todavía no se vislumbran en toda su dimensión a mediano y largo plazos.
Producto de esa interconexión entre los diferentes grupos que interactúan en la sociedad, pero que la atan y la condicionan, hay sectores y temas que se maquillan o que no se pueden tocar. La mayoría de ellos se callan, porque sus reflejos condicionantes podrían afectar o golpear el conjunto o alguna parte de quienes los ejecutan, de forma directa o por vía de sus allegados. Porque como se ha dicho una y mil veces, aquí se paga para hablar y también para callar.
Pero si esos hilos que se han entrelazado bajo el manto de la gobernabilidad o bajo el ropaje de nuevos estilos de vida moderna, continúan perneando el comportamiento de la gran capa social, con el paso del tiempo será mucho más preocupante y peligroso, porque ya no se estaría dando exclusivamente en determinados estratos de las cúpulas actuantes en la mayoría de las esferas sociales, sino empujando este esquema negativo al resto de la sociedad, hasta convertirla en una calamidad, solo curable con una hecatombe social. Y aunque algunos no le den la debida atención, con eso hay que tener sumo cuidado.
Por eso casi nadie habla de los conflictos de los intereses que se producen tanto en lo público como en lo privado, constituyéndose en una de las peores formas de corrupción. En una lacra para la sociedad que carcome y destruye los principios éticos y morales. Un verdadero flagelo difícil de combatir, sobre todo en una sociedad condicionada.
Si aspiramos a una sociedad mejor, combatiendo los males que impiden su crecimiento sano y armónico; si creemos que hay que cambiar las cosas que nos conducen al deterioro moral; si la corrupción es el gran causante de los males que nos afectan; si aspiramos a una sociedad creíble, deberíamos establecer códigos de conductas y mecanismos legales que de manera clara, definida y contundente eviten y castiguen rigurosamente los conflictos de intereses, en todas las áreas y magnitudes. Tenemos la urgente obligación de reconvertir nuestra sociedad, pero primero y sobre todo, lograr que los protagonistas del diario hacer puedan representar los verdaderos intereses nacionales y no el de los grupos que han hilvanado el manto que la cubre, condicionándola y manteniéndola de rodillas ante los intereses que representan, sin que muchos se atrevan a tocarlos.

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