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OPINION: Los parias de ambos lados


En casi todos los diccionarios el paria es definido como  persona a la que se considera inferior y a la que se le niega el trato y las ventajas de que gozan las demás: los mendigos y vagabundos son considerados como los parias de nuestra sociedad.
Y yo agrego:  en República Dominicana los auténticos parias son los haitianos y los millones de dominicanos excluidos, sin educación, sin un servicio de salud medianamente digno, sin viviendas decentes, sin empleo, sin futuros, sin sueños.
En el caso de los parias haitianos la situación es más humillante e inhumana: aparte de no tener lo elemental para vivir tampoco tienen identidad, no tienen un documento que los convierta en seres humanos aunque sea de décima categoría.
Es una redundancia o pleonasmo y una perogrullada afirmar que el ser humano nunca se ha dejado morir de hambre encerrado en un una trampa llamada territorio. Siempre ha encontrado la vía para escapar, para ir en pos de mejores condiciones de vida. Los haitianos y los dominicanos somos un vivo ejemplo de lo que digo.
A través de la historia Haití ha sido expoliado por potencias extranjeras, por militares y gobernantes tiránicos, que solo han servido para ahondar la pobreza extrema que padecen los habitantes de la región occidental de la isla. Y ellos no han hecho nada extraordinari simplemente, cruzar la frontera en busca de una oportunidad para mejorar su existencia.
Exactamente lo que han hecho millones de dominicanos a través de la historia. Lo mismo que han hecho mexicanos, centroamericanos, chinos, japoneses, africanos, estos últimos se ahogan en embarcaciones rudimentarias tratando de llegar a las costas mediterráneas de la Europa peninsular. Es lo mismo que hicieron los actuales dueños de los territorios estadounidenses, que llegaron y sometieron a los nativos, les robaron sus tierras, destruyeron su cultura y levantaron un imperio.
HIPOCRECIA Y FICCION
Cada cierto tiempo en el país se pone de moda la ficción de que las potencias extranjeras tienen montada una trama para unificar la isla. Aducen y se escudan en una constitución haitiana que señalaba que la isla es una sola e indivisible. Puros cuentos chinos o de novelista.
Estas falacias han tenido en Marino Vinicio Castillo, Vincho, y sus vástagos, a los principales sustentadores ideológicos de esta farsa. Recordemos que cuando José Francisco Peña Gómez fue candidato, a una población ignorante  se le vendió la idea de que tan pronto Peña Gómez accediera al poder iba a dejar libres las fronteras para que sus hermanos penetraran sin ningún obstáculo.
Sin embargo, Peña no fue a la presidencia de la República y nuestras fronteras han permanecido abiertas, sin ningún tipo de control, y con un gran número de jerarcas militares enriqueciéndose con el tráfico de ciudadanos haitianos. De igual manera, empresarios agrícolas y de la construcción han visto hincharse sus fortunas explotando a los trabajadores haitianos, los cuales, por carecer de documentos, no tienen más alternativas que aceptar todo tipo de abusos, incluyendo el perverso mecanismo de ponerlos a trabajar y luego llamar a los inspectores de Migración para que los espanten y así librarse del compromiso de pagarles.
LA SENTENCIA
No soy abogado ni experto en temas relacionados a asuntos migratorios ni mucho menos constitucionales. Pero desde la elaboración de la Constitución que finalmente entró en vigencia en 2010 se sabía que las tropelías antihaitianas de muchos estarían  amparadas en esa constitución que se mandó hacer el doctor Leonel Fernández para rehabilitarse políticamente y ante todo para blindarse.
Dice una máxima que lo justo siempre deberá estar por encima de lo legal, porque lo legal usualmente suele ser manipulado, acomodado a intereses de los grupos que detentan el poder.
Esa sentencia no hace más que enseñar impúdicamente las nalgas de una sociedad que tarde a temprano va a pagar su ceguera, su indiferencia, su falta de sentido común.
EL FUTURO
Surgen muchas preguntas en torno a miles, casi millones de jóvenes que nacieron en el país hace 10, 15, 20 y treinta años y que no podrán obtener un documento para realizar las tareas civiles elementales. Es verdad, sus padres son ilegales, pero el Estado nunca ha hecho nada para regularizar su situación migratoria ni mucho menos para controlar, que no evitar, la masiva migración de ciudadanos de la parte más pobre de la isla.
He visto a muchos muchachos y muchachas dominicanos, de origen haitiano, llorar ante los medios de comunicación, hacer protesta ante el Palacio Nacional, hacer vigilias  en parques, rasgarse las vestiduras, implorar, gritar, desafiar, desmayarse. Solo quieren un documento para trabajar, estudiar, casarse, cambiar un cheque. Y no lo podrán obtener porque ahora llegó al climax la conjura encabezada por xenófobos, explotadores, hipócritas y por un Tribunal Constitucional al servicio de las peores causas humanas.
Cuando se ve a ciudadanos de la categoría del doctor Milton Ray Guevara ufanarse de su gran sentencia, de su gran hazaña, de la gran victoria conseguida para el pueblo dominicano, entonces llegamos a la conclusión de que esta sociedad está retorcida, desde sus mismo cimientos; si usted ha cumplido con lo que dice la Constitución, a sabiendas de que su deber cumplido es una aberración, al menos tenga el tino y la delicadeza de quedarse callado, de esconderse, porque en este país hay muchos ciudadanos a los que nos importa una mierda una Constitución que solo sirve para garantizar los derechos y los privilegios de las élites, a la cual él pertenece y de la que ha sacado grandes beneficios.
Llegado un momento, muchos de estos jóvenes saldrán a la calle y se sumarán al ejército de parias dominicanos. Se confabularán, como se han confabulado en su contra las élites, y formarán bandas de sicarios, de asaltantes, de traficantes de droga.
Luego nos pondremos las manos en la cabeza, pediremos misericordia a Dios. Rezaremos a nuestras vírgenes y santos para que nos protejan, pondremos más hierros, más candados, más alarmas. Los jueces del Tribunal Constitucional y de la Junta Central Electoral pedirán un escuadrón Swat adicional y se lo concederán. Se sentirán más seguros, pero nunca podrán dormir en paz.

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