Por MIGUEL ESPAILLAT GRULLON
“No hay nada más terrible, que la ignorancia y el odio en acción”. Goethe
Nota preliminar: en mi artículo de la semana pasada publicado con el título “El asunto de la ciudadanía: parte de una conspiración contra el Presidente Medina”, cometí un yerro. El asunto no es sobre ciudadanía, sino sobre la nacionalidad.
Enmendado el error, paso al tema de hoy: A Fernando Casado, Trujillo se le ha “montao”.
¿Por qué he elegido esta temática?
Estupefacto y hasta entristecido he quedado después de leer el disparatoso y nauseabundo panfleto, publicado en este importante diario digital por el cantante Fernando Casado titulado: “Una lágrima en los ojos del Padre de la Patria”.http://www.almomento.net/articulo/146700/Una-lagrima-en-los-ojos-del-Padre-de-la-Patria
De antemano ya sabía que Fernando Casado no era buena cosa, y digo no era, porque a lo mejor, en el presente, con el transcurrir de los años, acontecimientos diversos que nos ocurren a todos, podrían haber pesado sobre su ser, y que ya viejo, sus errores y pecados de la juventud, podrían haber quedado atrás, para en una evolución espiritual, mostrar algún avance de su alma hacia la luz.
Pero no…, nuestra “Gloria Nacional”, con su penoso escrito antihaitiano, nos revela, que él, en vez de haber superado las taras del pecado original que nos llevan a ser malos desde el nacimiento- según dice la misma biblia- en vez de eso, este hombre más bien, se ha reafirmado y hasta empecinado en involucionar, en vez de evolucionar. En este avatar existencial, su párrafo, donde atribuye a los haitianos atrasos oscuros con mueca primitiva, se revierten en su contra, describiéndose a sí mismo de manera inconsciente, pero elocuente.
Este baladista retuerce la historia arbitrariamente, para que sirvan a sus confesados y perversos fines, de presentar ante el mundo a los haitianos como una horda belicosa primitiva y rencorosa de bestias-asesinas de blancos y mulatos por puro gusto y placer, acicateados por un racismo endémico y salvaje. Sostiene además, este cantor del amor, que esta manada, está más cerca del animal intrínseco que al hombre civilizado. Adrede- asegura- los haitianos nos quieren traspasar el cáncer de su ignorancia, primitivismo y pobreza, y se mueven en nuestro territorio, llevando a cabo contrabando de armas y mercancías, robos de ganado y vehículos, para finalizar afirmando: “Los haitianos están prestos a embestir al pueblo dominicano, para con un baño de sangre arrebatarnos la tierra, fundir la isla en una sola, imponernos el vudú y el creole, y toda su insana cultura y creencias primitivas, para terminar sustituyendo nuestra moral Cristiana". Y acusa entre líneas: "Para llevar a cabo esas pretensiones, los haitianos querían hacerlo a través de llevar un día a la Presidencia dominicana, a un nacional de origen haitiano".
Finalmente, acusa a esos seres de procreación irresponsable, de no tener el concepto de familia y de hogar, para terminar preguntándonos ¿ante los haitianos, estamos frente a la animalización del hombre, nulificado y embrutecido por la pobreza extrema? (fin del parafraseo al texto del cantante Fernando Casado).
En este libelo con una enorme carga racista y xenófoba, escrito como en un explosión irracional de odio, su autor, no plantea en ningún momento, si la sentencia refrendada por el Tribunal Constitucional mediante sentencia # No.168/13, es violatoria o no, de nuestra Constitución y de acuerdos internacionales vinculantes, sino, que se explaya en consideraciones que nada tienen que ver con lo jurídico del asunto en cuestión. Ya que él no lo hace, nosotros si lo haremos; veamos:
En su artículo 110 la constitución de la República establece lo siguiente: “La ley sólo dispone y se aplica para lo porvenir. No tiene efecto retroactivo sino cuando sea favorable al que esté subjúdice o cumpliendo condena. En ningún caso los poderes públicos o la ley podrán afectar o alterar la seguridad jurídica derivada de situaciones establecidas conforme a una legislación anterior”.
Es decir, porque las leyes no son retroactivas, todo el que había nacido en territorio dominicano, de unos padres que tenían más de 10 días en el país con registración legal de entrada, son dominicanos.
En este punto, es primordial tener en cuenta para los fines de lugar, que casi el cien por ciento de los braceros haitianos han entrado al país legalmente desde 1929, puesto que lo han hecho avalados por contratos de trabajo para el corte de la caña, por lo que los conceptos de tránsito y transeúntes no les son aplicables.
En cuanto a quien le corresponde o no, la ciudadanía de manera automática, la Constitución 2010 establece en su artículo 18 lo siguiente:
1) Son dominicanas y dominicanos: Los hijos e hijas de madre o padre dominicanos.
2) Son dominicanas y dominicanos: Quienes gocen de la nacionalidad dominicana antes de la entrada en vigencia de esta Constitución (la del 2010).
3) Son dominicanas y dominicanos: Las personas nacidas en territorio nacional, con excepción de los hijos e hijas de extranjeros miembros de legaciones diplomáticas y consulares, de extranjeros que se hallen en tránsito o residan ilegalmente en territorio dominicano. Se considera persona en tránsito a toda extranjera o extranjero definido como tal en las leyes dominicanas.
En este punto vuelvo a recordar, que a los braceros haitianos, establecidos en el territorio nacional, traídos con contrato de trabajo para el corte de la caña, no es posible aplicarle jurídicamente los conceptos de tránsito y transeúntes, puesto que según se desprende del reglamento de migración No. 279 del 12 de mayo de 1939, estos conceptos (tránsito y transeúntes), no son aplicables a personas que han rebasado los 10 días de permanencia legal en el país. Y como se sabe, en el caso haitiano ya no estamos frente a 10 días, sino, ante el efecto retroactivo de 84 años, equivalentes a 30 mil 660 días.
Ante esta situación, ¿qué culpa tienen los hijos de los haitianos de haber nacido aquí, cuando fue el mismo Estado Dominicano que trajo a sus ancestros para el corte de la caña? Pero también, ¿qué culpa tienen ellos, de que El Estado Dominicano no haya puesto controles y políticas de migración a tiempo, como hacen otras naciones para controlar las migraciones ilegales?
Ahora bien… ¿esta sentencia, como aplicarla a ese grupo social conformado en territorio dominicano en ese largo periodo de 84 años, sin violar sus derechos humanos, la constitución de la República y convenciones internacionales vinculantes?
En consecuencia, para resolver el grave problema que nacional e internacionalmente ha planteado está locura de sentencia, no debemos enfocarnos solamente en lo jurídico, pues, analizando el problema desde sus raíces y viendo el drama amargo y desconcertante que están viviendo los dominicanos de ascendencia haitiana por la negativa de la nacionalidad que les corresponden, y visto además, las enormes consecuencias negativas internacionales que su aplicación traerá a la Republica, ante estos hechos, el asunto de la nacionalidad no puede ser tratado como un simple problema jurídico, dejando a un lado el aspecto humano, y el internacional vinculante, con el mundo globalizado de hoy.
Estos, y no otros puntos, son los que tenemos que enfocar, y no desviarnos del tema con discursos y escritos racistas y xenofóbicos, que exacerban los ánimos de un sector social, con mentalidad trujillista, posesos de una psiquis malévola, para quienes matar macheteando a otros seres humanos en nombre de un rancio nacionalismo, lo consideran un acto patriótico, a contrapelo, de un proclamado cristianismo católico.
Ya vimos cómo el cantor del amor que nos ocupa, acusa a esos seres de piel negra y pobres de solemnidad, de procreadores irresponsables, de no tener el concepto de familia y de hogar, tachándolos además, de hombres animalizados, nulificados y embrutecidos por la pobreza extrema.
¡Dios mío! precisamente Fernando Casado hablando de concepto de familia y hogar.
Yo que conozco a este señor en su faceta paterna, puedo dar testimonio de lo mal padre que es, y ahí lo dejo…
El poeta petromacorisano, René del Risco Bermúdez, tiene una composición, titulada “Una primavera para el mundo”, una pieza noble, alta, bella, sublime, paradójicamente cantada magistralmente por Fernando Casado, el hombre que hoy se nos revela, irracionalmente lleno de odio contra una parte de la creación. http://www.youtube.com/watch?v=pDqnnaoDE-E
Ven que contigo quiero comenzar un sueño que no acabará. No, no temas al tiempo, que la luz del cielo no se apagará. Voy a enseñarte lo hermoso que es el amor. Cada piedra será una flor. Cantaremos a un nuevo sol.
No, ya no hay sendas que puedan volver atrás. La alegría de un mundo mejor vendrá. Dar sonriendo la mano y seguir...seguir…. Gloria y fiesta es la vida cuando hay amor.
Ven levanta tus ojos a los cielos rojos del amanecer. Hoy que en la tierra entera una primavera puede florecer. Deja que el viento se encienda con tu rubor. Pinta al mundo con su color y cantemos a un nuevo sol.
No, ya no hay sendas que puedan volver atrás. La alegría de un mundo mejor, vendrá…vendrá…vendrá .
Me parece que estas letras, tan llenas de amor, no lucen ser cantadas, por un hombre lleno de odio.
En la literatura se dice, que el escrito…, lo que se escribe…, rebela al hombre. Si esto es así, Fernando Casado con su escrito nos ha rebelado, que una bestia habita, en su ser. En ninguna parte de su artículo, aparece el artista, sino, un ser en tinieblas, en involución, lleno de odio, enfermo en cuerpo y alma y hasta chochando. ¡Qué pena que así sea!, pues cuando las huestes antihaitianas, se decidan a echar al “invasor” a machetazos, bajo el influjo de sus incitaciones, él no estará en condiciones para ir al frente, ni en la retaguardia de esa operación chapeo.
En este punto, solo me resta decirle, lo que al efecto de “nacionalismo” refiere el amigo Pablo Antonio Gómez.
“Cuanta ignorancia sobre la historia dominicana exhiben los neo-nacionalistas que se ufanan orondos pretendiendo que con su grosero antihaitianismo siguen el ejemplo y la enseñanza de Juan Pablo Duarte”, a lo que yo añado:
¿Acaso podrá ser autentico nacionalista y patriota en este país nuestro, quien nunca se ha manifestado, contra los canadienses y su Barrick Gold?
Pero…, si es el caso de Fernando Casado, es que el espíritu de Trujillo se le ha “montao”, entonces, queda exento de culpa, hasta tanto sea exorcizado y bautizado, en los ríos de aguas vivas del amor.

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