Por MIGUEL ESPAILLAT GRULLÓN
Para infortunio de todos los dominicanos, nuestra nación ha sido prolífica, en producir intelectuales, que a lo largo de sus vidas, haciendo de bocinas y usando de la mentira, la calumnia, la intriga y la discordia, se han dado a la tarea de apoyar las perversidades de gobiernos y grupos de poder, que a lo largo de nuestra historia republicana han obrado contra los sagrados intereses de la república.
Y lo han hecho, y lo siguen haciendo, como medio de subsistencia fácil, porque no tienen la capacidad para el sacrificio, que requiere la vida de ser revolucionario. En este discurrir, la lista de este tipo de intelectuales que apoyaron a Trujillo es profusa. Muchos de ellos llegaron a la ignominia de darle su apoyo a ese sátrapa, defendiendo y justificando el genocidio físico de los haitianos ordenado por ese monstruo, en 1937. Véase el video mostrado en el enlace copiado más abajo, donde usted podrá observar a algunos de estos personajes en plena acción, loando a Trujillo y a su régimen de oprobios.
Entre todos ellos, vale destacar el papel jugado por Joaquín Balaguer en la matanza de haitianos aludida, quien haciendo uso de su florida oratoria, defendió aquella infamia en todos los foros nacionales e internacionales, tal como lo hizo Joseph Goebbels, con el holocausto de judíos, gitanos y homosexuales, en la época de Adolfo Hitler.
“Los sucesos de 1937 -nos dice Balaguer- cuando los enemigos del gobierno dominicano han tratado de pintar en el exterior como una inicua masacre de inermes masas haitianas, fueron un estallido, en el alma de nuestro campesino, de un sentimiento de defensa y de protesta contra cuatro siglos de depredaciones realizadas en las provincias del Norte del país, por grandes bandas de merodeadores haitianos. La actitud contraria equivaldría a renovar la política de la incuria y de abandono que paulatinamente iba entregando la patria a un pueblo de otra raza”, (a la cual Balaguer llama, “La raza maldita de Dessalines”).
“Considero- estipula Balaguer- que había que depurar este ambiente y que gracias a Trujillo, esta depuración se hallaba en marcha”. “Gracias al mando omnipotente de Trujillo, el país entró en un proceso de reparación histórica y de retorno y consolidación de nuestros más auténticos valores. Gracias a la labor de este superhombre, “el contacto de los bajos fondos de la sociedad haitiana ha concluido ya totalmente, y no sería aventurado confiar en que Santo Domingo, si la política de nacionalización iniciada por Trujillo se mantiene, conservará sus caracteres antropológicos actuales y no quedará expuesto a perder totalmente la pureza de su semblante originario”
“Esa esperanza se funda no sólo en el hecho de que la causa que ha dado origen a ese proceso de descomposición racial ha sido radicalmente extirpado, sino también en la circunstancia de que la organización del país y el desarrollo de sus riquezas naturales, atrae anualmente a su territorio una poderosa corriente migratoria formada por elementos de la raza caucásica”.(La palabra encadena, JB).(Fin de la cita)
Los motivos racistas de Balaguer y de los cortesanos aludidos para justificar esta bestial matanza, es evidente en este discurso, cuando implícitamente declara que la inmigración haitiana sería sustituida por una poderosa corriente migratoria formada por elementos de la raza caucásica que el desarrollo y la organización del país atrae a su territorio.
Posteriormente, en los tiempos de Bosch, de Balaguer, y gobiernos perredeistas alternados, así como en los gobiernos de Leonel, y ahora en el de Danilo Medina, los remanentes del Trujillato, queriendo rescatar o permanecer en el poder, como al efecto lo han logrado, se han valido en toda ocasión, de personeros con naturaleza similar a los defensores de Trujillo, aunque sin el talento de aquellos. De esos periodos, son de triste recordación, Rafael Bonilla Aybar (alias Bonillita), Santiago Lamela Geler, Tomás Reyes Cerda, Luis Hormero Lajara Burgos, Fermín Luna, y de manera espectacular, abogados prominentes de larga historia trujillista.
Ya en la era de Leonel, el más ínclito perínclito después de Trujillo y Balaguer, la cual también abarca el gobierno de Danilo, esta clase de “funestos intelectuales”, ha intensificado su protagonismo de apoyo al régimen leonelista que opera en la sombra contra el pueblo dominicano. Y lo hacen con igual comportamiento retrógrado, que sus antepasados gremiales, como si se tratase de una descendencia única, que recibe y repite por transmisión genética, las características de sus ancestros para ser reaccionarios, con la diferencia, como ya aludimos, de que aquellos del Trujillato, eran verdaderos intelectuales, y que eran unos cuantos; en contraste, hoy, el intelecto de los nuevos voceros es limitado, mas no así el número de ellos, que sobrepasa en este tiempo en varios cientos, y que además, se cotizan caros, por lo que su mantenimiento cuestan a nuestro pueblo, millones de pesos mensuales.
Al principio de este trabajo, hice alusión de los intelectuales que en el 1937 fueron defensores del genocidio físico de miles de haitianos ordenado por Trujillo. ¡Pero, que paradojas tiene la vida! Ahora en el 2013, la descendencia gremial de aquellos intelectuales, por las razones de trasmisión de caracteres de conducta antisocial, ya referidas, hoy, éstos, están al por mayor y al detalle, defendiendo el genocidio civil de miles de haitianos planificado por Leonel a través de mal llamado Tribunal Constitucional, vía la sentencia inconstitucional, 0168/13.
¡Pero que paradojas tiene la vida! hoy, al unísono, estos “gendarmes de la dominicanidad” califican de traidores a la patria a quienes se oponen a sus criterios racistas frente a la injusticia que nos plantea la desnacionalización de los dominicos-haitianos, derivada de la sentencia aludida, tal como en el ayer calificaron sus ancestros de traidores a los trinitarios, porque no confesaron con los credos ideológicos de los hateros liderados por Pedro Santana.
Hoy, esos “seudonacionalistas” acusan de operar a favor del propósito haitiano a quienes disienten de ellos. En este propósito son tan sin escrúpulos, que acuden al chantaje ideológico como arma de ataque, al envolver en esta batalla a nuestros héroes y mártires, queriendo presentarlos como su inspiración patriótica.
En este tenor, cínicamente, han traído por las greñas al Coronel de Abril y Caracoles como modelo de patriotismo a seguir, intentando con esta treta, sembrar la percepción, de que mientras Caamaño en el 1965, estuvo en la trinchera del honor defendiendo la Constitución y las leyes, al contrario, los defensores de los dominicos- haitianos, militan en la trinchera de la deshonra, al estar –según ellos- al servicio del poder extranjero para aplastar la voluntad mayoritaria del pueblo dominicano, su Constitución y sus instituciones.
En todos sus escritos y alocuciones, se equivocan sus protagonistas, a la vez que mienten descarada y deliberadamente, con la agravante, de cometer el sacrilegio de coger en sus bocas al Caamaño revolucionario, a Duarte y demás trinitarios, para hipócritamente justificar sus propósitos racistas.
Se equivocan de medio a medio, al pretender poner en relación de igualdad a los reaccionarios que en el 1965 se aliaron al poder extranjero con el fin de aplastar la voluntad mayoritaria del pueblo dominicano, con los que hoy impugnamos la sentencia racista del TC, que nos ocupa y preocupa.
Aquella manada de egoístas y codiciosos, que en el 1965 estaba apoyando al invasor yanqui, estaba precisamente compuesta por personas similares a los ultranacionalistas que hoy salen a la palestra a calificar de traidores a quienes disienten de sus posturas fascistas frente a los dominicos-haitianos. Esta realidad histórica, no está en discusión entre las personas conocedoras de aquellos acontecimientos.
Suena ridículo y absurdo, que se quiera igualar a Juan Bolívar Díaz, Fausto Rosario Adames, Huchi Lora, Marino Zapete, Hugo Tolentino Dipp, Andrés L Mateo, Rosario Espinal, Miguel Ceara Hatton y a otras tantas personalidades que se han opuesto a la monstruosidad jurídica del TC aludida, Con el chacal de San Isidro, Elías Wessin y Wessin y demás gorilas golpistas, y con los curas y obispos de la Iglesia y miembros de aquella oligarquía retrógrada, que se aliaron a poderes extranjeros para conspirar contra el país y sus instituciones y derrocar en 1963 al gobierno constitucional presidido por Juan Bosch.
Como por sus frutos lo conoceréis, analícese quiénes son los que han dejado que nuestro país se llene no solamente de haitianos, sino también de narcotraficantes y mafiosos de la peor calaña de todas partes del mundo, tal como ya expuse.
Ubíquese, quienes han comprometido la soberanía de la república, regalando nuestro oro a la Barrick Gold y a otras empresas mineras. Entérese, de quienes han enajenado el sagrado Territorio Nacional y vendido nuestras empresas estratégicas a precios viles.
Averígüese, quien siendo ministro de comercio, le entregó a potencias extranjeras informes confidenciales y estratégicos del país. Investíguese, quien con su mala administración y robos, dejó el país quebrado y con un déficit de más de 200 mil millones de pesos y con una deuda externa de más de 30 mil millones de dólares.
Entérese, de quienes se han hecho supermillonarios sobrevaluando las obras del estado y robando el dinero de las arcas nacionales.
Cerciórese, de quien o quienes, han comprometido la Soberanía de la República con compras, concesiones y contratos lesivos al interés nacional.
Inquiérase… escudríñese, quien enajenó la Bahía de las águilas.
Tráigase a colación, cuál, y por qué, de Duarte o Santana, fue el verdadero traidor a la patria.
Analizando todo el discurso anterior, conjuntamente con inventariar las tantas mentes retorcidas que han operado y operan contra nuestra patria desde aquel 1844 en que Santana y sus seguidores se adueñaron por las malas de la República y sus instituciones, ante la situación de desastre económico, político y social, y hasta moral y ecológico, que los sucesivos gobiernos de esta gente ha llevado al país, forzosamente tenemos que llegar a la conclusión, de que nuestra República Dominicana, ha sido y sigue siendo, un criadero de monstruos, que por paradojas de la vida, se identifican como seres humanos.

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