Por SILVIO HERASME PEÑA
El ex presidente de la República Leonel Fernández declaró recientemente que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) es una especie de “escuela de presidentes” y que gobernará en el país durante décadas.
Parece que la opinión pública recibió la optimista expresión del exjefe de Estado con “un granito de sal”, como dijera en su momento don Rafael Herrera.
Lo primero que debería establecer el rector magnífico y decano de la facultad de presidentes del PLD es identificar el “roster” de los alumnos y las materias que harían de “pénsum”, y si es que a cada cuatro años se graduaría por lo menos el alumno más aprovechado de la escuela.
El otro condicionamiento seria establecer cuáles son las exigencias políticas, económicas y sociales que deben adornar al privilegiado “graduando”.
Esa expresión debe entenderse como el entusiasmo que despierta en el expresidente el ejercicio actual del licenciado Danilo Medina. Pero Danilo viene de la misma promoción de la que salió Leonel y no se le puede endilgar el concepto de “alumno” de la escuela anunciada por Fernández.
La escuela debe comenzar de ahora en adelante... pero hay un problema que debe establecerse ahora que se discuten las materias a impartir.
Por ejemplo quiénes pueden y quienes no pueden aspirar a la graduación de candidato presidencial del PLD. En los tiempos del PRI en México siempre se asignaba la sucesión al ministro del Interior. El creador de la escuela de presidentes no ha dicho aún cuáles serían las cualidades de los pre-seleccionado como presidente sucesor.
Suponemos que también habrá de deliberarse si procede que el rector-magnífico y creador de la escuela puede asignarse a sí mismo la condición de “futuro” presidente.
Caso que así suceda, tan temprano como ahora para el 2,016 podría empezar la escuela con un revuelo de alta significación.
Se debe recordar que cuando Danilo en el 2,007 reclamó su graduación como candidato presidencial para el 2,008 el profesor lo reprendió y lo apocó y tuvo que irse para su casa con “el rabito entre las piernas”. Y no fue que el parto del 2,012 fuera un ejemplo de sanidad, sino que el actual presidente tuvo que jugar con tacto e inteligencia su derecho a graduarse para terciarse “la ñoña”.
El asunto ahora es otra cosa... si hablamos de escuela de graduados, resultaría un tema muy distinto al concepto de “regreso” para que le tercien la banda tricolor.
Hay algunos alumnos que le cogieron la seña al contrario y arrancaron a buscarse “su turno al bate”. Y más vale temprano que tarde.
Se rumorea, pues eso es lo que he oído, que el León está dispuesto a salir desde ahora a la calle. Pero un León en la calle necesita alimentarse y no parece que haya presas para consumir en este momento.
Dejando de lado al PRD y asumiendo que no se compongan- habría que contar con que el gobierno de Danilo Medina sufra un resquebrajamiento en el aprecio de la opinión pública. Y eso no parece ser, al menos en este momento. Más bien lo que se estima que si continúa su política de “poner agua bendita” en las heridas sociales de los dominicanos pobres, su popularidad no se va a lesionar.
¿Entonces por dónde va a pasar la campaña del rector magnífico?...¿En oposición al gobierno de su partido?. Eso no tendría ni lógica ni razón de ser.
Podría generarse un enfrentamiento -asi sea solapado- entre los dos principales profesores de la Escuela que podría ver interrumpidas sus clases aún antes de que comiencen.
No tendría sentido, ni lógica ni perspectiva justa que Leonel que gobernó tres períodos, dos de los cuales consecutivos pretenda volver por un cuarto mandato. Ni aún cuando los agradecidos fueron muchos, que no parece ser esa la verdad.
Si él hubiese tenido la prudencia en el 2,008 de no presentarse a la reelección, hoy sí sería -despues de cuatro años fuera del Estado- un candidato ideal para dirigir los destinos nacionales.
Pero el “muermo” de la continuidad al estilo Balaguer lo sedujo y estuvo a punto de decidirse otra vez en el 2,012 lo que habría sido un daño innecesario al PLD, a Danilo y al país.
La bendita escuela de Presidentes de Leonel podría ser un esfuerzo muy legítimo si se pensara en todos, y no en uno sólo.
Pero si se pretende capitalizar la indefensión de los otros que se consideran aún sin condiciones, podría “pecharse de frente” con una paredÖLa pared del rechazo popular. Y no sería bueno jugarse con eso.

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