Pertenece William Páez Piantini al grupo de militares que estuvieron durante la guerra de abril de 1965,al lado del coronel Caamaño en la trinchera del honor. Tras firmarse las paces del conflicto,muchos de estos soldados pasaron al servicio diplomático. Los últimos cuarenta años los ha pasado en la Cancillería, desempeñando funciones diversas: cónsul en Curazao,cónsul en Puerto Príncipe, ministro consejero en Lima (Perú) y, una vez investido del rango de embajador, subdirector del Departamento de asuntos haitianos. Ha impartido docencia en la Cancillería y en el Instituto de Altos Estudios del Ministerio de Defensa. Con él, he recorrido decenas de veces la frontera, y creo que no hay un dominicano que conozca mejor y que tenga más vasto conocimiento que él de la línea fronteriza.
En año 2002,fue parte fundamental de la Comisión para la relocalización de los bornes fronterizos. De esa experiencia, escribió en la bitácora de esos viajes un conjunto de observaciones, examinó cada uno de los planos fronterizos, espulgó estudios que habían quedado olvidados, fotografió cada una de las pirámides e hizo un diagnóstico y unas recomendaciones para ser tomadas en cuenta por la superioridad. De ahí ha nacido este libro La frontera dominico haitiana. 6 zonas.97 planos/313 pirámides ( Ediciones Unicaribe,2013).
De las pocas fronteras intrainsulares que hay en el mundo,la que divide a la República Dominicana y a la República de Haití es la más compleja y la que condensa la mayor proporción de conflictos. Se trata de una frontera social, política y económica que separa dos repúblicas densamente pobladas. Haití tiene 360 h/km2y la República Dominicana 190h/km2. Este sólo dato debería concentrar la atención de los estudiosos. Porque la densidad poblacional que prevalece en las siete Estados de la América Central alcanza 89h/km2 y la que tiene primacía enlos Estados de América del Sur es de 22h/km2; en México es de 60h/km2, en Estados Unidos es 34h/km2 y en las estepas de Canadá es apenas de 4 h/km2. Por descontado, que el solo crecimiento demográfico plantea un desafío de supervivencia que no puede ser echado en el olvido ni desdeñarse como una información intrascendente.
Las condiciones en las que se desenvuelven uno y otro Estado trasuntan una preocupación aún mayor. Haití es el país más empobrecido del continente; tiene el mayor porcentaje de desempleo 70%; tiene apenas 1,2% de superficie boscosa, y sigue consumiendo seis millones de metros cúbicos de madera por año para la construcción de viviendas y para la producción de carbón vegetal; carece de recursos para cambiar en el corto plazo estas variables infernales que conducen irremediablemente al desastre y al hundimiento de su Estado. Su población, dadas sus condiciones extremas de pobreza, está a la cabeza de las mayores cantidades de enfermedades: SIDA (10% urbano y 5%), malaria, filaria, cólera, enfermedades venéreas y enfermedades transmisibles por vectores (el agua y los animales) y carece de un parque sanitario para enfrentares a catástrofe. Con una sociedad que tiene el mayor índice de analfabetismo resulta casi imposible que pueda transformarse en el corto plazo en un factor de riqueza.
A estos cálculos ya preocupantes, se añade el hecho de que en varias ocasiones el país se ha sumergido en la inestabilidad, y que desde hace una década, se haya intervenido por las tropas de las Naciones Unidas (MINUSTAH), encargadas de mantener la paz y la estabilidad. Sin territorio útil, sin recursos naturales, sin un polo de autoridad, y con más del 80% de su población hundida en la pobreza absoluta, estas circunstancias verdaderamente escalofriantes,han transformado a la República de Haití en una auténtica amenaza. La manifestación palmaria de su descomposición nos llega por la deforestación y la carbonización de nuestros bosques para satisfacer la demanda cada vez más creciente de carbón vegetal, por la expansión del contrabando, por el tráfico ilegal de armas, por el predominio del narcotráfico que ya se ha había enseñoreado completamente de la realidad haitiana y por la inmigración ilegal y la trata de personas, la hiperbólica presencia de todos esos problemas, constituye el mayor quebradero de cabeza de todas las fuerzas del Ministerio de Defensa, de las Aduanas, de los departamentos de control fitosanitario y de control migratorio y del Ministerio de Salud. Es un desafío capaz de desmantelar todos los progresos que hemos logrado hasta el día de hoy.
Todas estas realidades se hallan en el fondo de la dualidad política y social concretada en la frontera que divide los dos Estados asentados en la isla de La Española.
La obra de William Páez Piantini nos describe menudamente la frontera punto por punt 97 planos, 313 pirámides, 392 kilómetros de longitud. Cuatro puntos de control: Dajabón-Ounaminthe, Elías Piña-Belladere; Jimaní-Malpasse, Pedernales- Anse a Pitre.Una frontera de llanuras constituida por ríos, unos 172 kilómetros, por áreas montañosas —la carretera internacional de 48 kilómetros, la extensión montañosa que va desde Restauración hasta Pedro Santana,que, posteriormente se eleva en la Sierra de Neiba hasta el valle de Jimaní y que vuelve nuevamente a elevarse por Puerto Escondido, se interna en la Sierra del Bahoruco y vuelve a empalmar con la llanura ,marcada por la cañada de Bois-dorme y el río Mulito con el río Pedernales hasta concluir en el Mar Caribe. Hace acopio de los tratados y las dificultades historiográficas que han precedido el deslinde; recoge diversos informes relacionados con las dificultades fronterizas de la demarcación hasta el período actual. En trescientos años hemos tenido dos fronteras:
1. La frontera pre estatal trazada durante el período del Tratado de Aranjuez en 1777 .
2. y la frontera deslindada por el Tratado de 1929 y por el addedum de 1936, que dejó solventadas las dificultades que no pudo resolver el Tratado anterior.
Durante más de cien años la frontera de Aranjuez permaneció intangible. La dimensión legada por la colonia francesa de Saint Domingue a la República de Haití era de 21.085 km2. Tras la proclamación de la Independencia por porte de los esclavos de dicha colonia comenzó un proceso de expansión hacia la porción oriental de la isla, que, al parecer, sólo se detuvo con los tratados del siglo XX. Haití paso, entonces, a tener 27.750 km2, que son los límites actuales,hurtándole a los dominicanos San Rafael de la Atalaya, Hincha, Capotillo, Rancho Mateo y, finalmente, el Valle de la Miel, unos 5.600 km2.
Para muchos tratadistas, la frontera debió quedar fijada definitivamente por estos instrumentos jurídicos que dejarían rotundamente zanjadas las dificultades geográficas. Sin embargo, no ha sido así. El autor subraya en las conclusiones de la obra, el desvío del curso del río Dajabón a la altura de la pirámide 16en perjuicio de la República Dominicana dejando una enorme lengüetade territorio que fue rápidamente colonizada por los haitianos; hay 36 pirámides desaparecidas, y 4 de ellas se hallan hundidas en el Lago del Fondo. El lago fronterizo se ha desbordado borrando las antiguas aduanas e instalaciones militares y se ha internado dos kilómetros en el interior de la provincia Independencia. De manera que lejos de haber concluido las dificultades geográficas quedan planteadas.
Además del compendio de importantísimos documentos que tiene en su haber este libro, a saber: los tratados, los protocolos y los acuerdos que han servido para establecer la línea de demarcación,el informe de la comisión para la localización de los padrones fronterizos, fundado en el sistema de posicionamiento global (GPS), la presentación de cada uno de los planos que componen topográficamente la frontera, el informe de Alfred Boumpensiere quien llegó a esta tierra contratado por el Departamento de Hacienda y Comercio en 1906 para localizar los bornes fronterizos pertenecientes a la frontera legal y vigente era la del Tratado de Aranjuez, las fotografías de cada una de las pirámides que constituyen la demarcación fronteriza. Toda esa inmensa documentación se ha compendiada para, si en el porvenir se presentase algún problema entre la nación dominicana y la haitiana, se pueda echar lumbres sobre aquellos aspectos que se hallen en penumbras.
Los límites intangibles de la República Dominicana se hallan expresados en artículo 9 de la Constitución, y refrendado en el Tratado de 1929, en el Acuerdo fronterizo del 1935 y el protocolo de revisión de 1936 y su anexo.En 1948, una Comisión de doce expertos contratados por las Naciones Unidas redacto el Informe Misión en Haití.En las conclusiones de dicho informe, se recomienda la emigración de familias enteras a otros territorios, porque ya no era posible la conjugación entre el hombre y el escaso medio geográfico para mantener una población que, en aquel punto y hora, apenas llegaba a 4 millones de habitantes .Son estas circunstancias terribles advertidas por los expertos hace más de sesenta años, las que hoy han llevado a la mudanza del pueblo haitiano hacia la República Dominicana. En todas las estadísticas, los haitianos y sus descendientes rondan los dos millones de personas, y esto constituye una amenaza de desnacionalización que podría anular nuestra Independencia de Haití obtenida por los fundadores del Estado dominicano en 1844.
De modo que estas circunstancias no pueden ser enfocadas con indiferencia ni examinada alejados de los ideales de los fundadores de la nacionalidad ni tratada con frivolidad. El porvenir depende de lo que hagamos en el presente. Debemos ser capaces de conservar el esfuerzo por mantener la nacionalidad inalterable tal cual la recibimos del fundador Juan Pablo Duarte. Entregar esta antorcha gloriosa a las generaciones que nos suceden en el tormentoso curso de la existencia. Ese ha sido el propósito de este libro ejemplar escrito por el embajador William Páez Piantini. El país no puede echar en el olvido este precioso legado, y desde ya puede decirse que contará con el agradecimiento de todas las generaciones postreras. Enhorabuena.
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