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OPINION: No a la abstención electoral


En esta ocasión, disiento de un planteamiento de Miguel Guerrero, un periodista y escritor de larga data en esos quehaceres.  Y lo hago cuidadosamente, refrenando y sopesando mis diferencias de criterio con él, pues a este gran hombre, del cual admiro la elocuencia y elegancia del rugido de su pluma, no quiero herirlo con hechos, ni con la palabra, ni con el pensamiento.
A este profesional, lo asocio con esa gloria del periodismo dominicano, el extinto Don Rafael Herrera, quien en su madurez, fuera por largo tiempo director del Listín Diario.  Pero también, en lo intrínsecamente personal, lo vinculo por su don de gente, por su decencia, por su ecuanimidad e integridad y otras virtudes, con Don Julio Ravelo de la Fuente, quien en vida fue mi profesor de topografía I y II, y del curso “Apreciación Musical”.  Con esas cualidades, y sin  saberlo, el ingeniero Ravelo despertó en mí, cariño respeto y admiración, e influenció en mi formación. 
En definitiva, como a los anteriores, iguales sentimientos tengo para Miguel Guerrero, por su ejemplar valor, sacrificio y entrega en el difícil y peligroso ejercicio de una profesión, que como el periodismo, cuando se ejerce con la integridad e independencia debidas, resulta extremadamente peligrosa para la vida, y tentadora a venderse al mejor postor, tal como en estos momentos lo están haciendo decenas de periodistas, que en su pérdida de valores y perversidad, han llegado al colmo de subordinar o anteponer la lealtad debida a la patria, a la gratitud comprometida por favores recibidos de un exgobernante deshonesto, que ha enriquecido a todo ese grupo de bocinas, a costa de quebrar el país y enajenar su soberanía, cometiendo de paso, la mayor de las ingratitudes y traiciones a la patria.
Pero de ningún modo, esa estimación por Miguel Guerrero, se constituye en motivo de negativa para el disenso, pues si ello fuera así, y ese ejercicio resquebrajara la amistad, mi alta valoración, por este o cualquier otro profesional, que exigiera este tipo de condicionamiento para la preservación de relaciones amistosas, implicaría automáticamente, la pérdida de uno de los fundamentos que cimenta una relación auténtica, porque siendo así, caeríamos en falsedad. 
  Es por ello, que haciendo uso a las anchas del pensamiento, las ideas y las palabras, tal como debe ser en un mundo de libertad, sin tabúes ni cortapisas, me permito lanzar una contrapuesta a la propuesta de Miguel Guerrero, quien en su artículo, “El valor de la abstención”, sugiere no penalizar la abstención electoral, y lo hago, estando seguro de que Guerrero no la tomará a mal.  Veamos:
En la última semana del pasado mes de diciembre, el periodista Guerrero ha
publicado consecutivamente dos artículos: el ya mencionado (“El valor de la abstención y “Reflexiones al terminar el año”.
En  “El valor de la abstención”, él se pronuncia en contra de una ley que penalice la abstención electoral, argumentando, que ésta, de ser cierta, seria simplemente monstruosa y antidemocrática. Este criterio lo expone con el párrafo siguiente:
“El derecho que los dominicanos se han ganado de escoger libremente a sus gobernantes, implica el derecho de cada ciudadano de votar por la opción electoral que entienda más beneficiosa para el país o más afín con sus intereses, sean ideológicos, políticos, religiosos o económicos.  Por lógica elemental ese derecho garantiza la facultad ciudadana de abstenerse cuando entienda que ningún candidato o partido llena sus expectativas.  Como la abstención no constituye delito, promoverla no puede ser objeto de sanción, con el perdón de aquellos que pretenderían obligar a los dominicanos a votar en contra de su conciencia”. 
Lamento no estar de acuerdo con Miguel Guerrero en este planteamiento.  En primer lugar, no es cierto que los dominicanos escogen libremente a sus gobernantes.  Tan es así, que en su segundo artículo (Reflexiones para  el fin de año), él, implícitamente plantea por qué los dominicanos no escogen libremente a sus gobernantes, cit
“Nuestra debilidad institucional fomenta el continuismo, el cual se basa y fortalece con el uso desmedido de los recursos públicos a su favor. Se crea así un modelo de prostitución política que alienta la corrupción  y perpetúa la indigencia social.
 Partidos y clanes políticos corruptos se aprovechan de este modo de la pobreza y desesperanza que fomentan, valiéndose de ella para la denigrante explotación de clientelismo y otras formas perversas de irracionalidad que hemos sufrido desde el nacimiento mismo de la República”.
Luego, refuerza éste criterio en un segundo párraf
“La compra de votos y la comercialización de adhesiones políticas han caracterizado nuestros procesos electorales, bajo amenazas perennes de reelección que han helado nuestras aspiraciones democráticas.  ¿Podremos cambiar este oscuro panorama? Temo que a mi generación no le quede el tiempo necesario para verlo y que la historia volveremos a presenciarla en el 2016.  No existen suficientes voluntades para evitar que ocurra nuevamente”.
Si analizamos concienzudamente los juicios anteriores, y los contrastamos unos con otros, las contradicciones afloran de manera evidente. Veamos:
“La nación ha madurado lo suficiente como para entender que la abstención, bajo determinadas circunstancias, es un voto de conciencia y una manera de rescatar el valor que ese acto cívico posee.  Como el sistema no contabiliza el voto en blanco y no hay posibilidad de voto de rechazo, la abstención puede ser la forma de escapar a la trampa que cada campaña electoral nos tienden. Somos ciudadanos, no borregos.”
Nótese, que mientras en el primer artículo, Guerrero expresa que “la nación ha madurado”, en el segundo tumba este criterio, al expresarse sobre toda nuestra debilidad institucional, la existencia del continuismo, prostitución política, fomento del clientelismo político, compra y venta de votos, amenazas perennes de reelección, etc., etc.  También, su expresión: “Somos ciudadanos, no borregos”, contrasta con criterios anteriores, en los cuales, ya ha establecido implícitamente, que sí, somos borregos.
En éste análisis, otro punto a tener en cuenta lo es, que una mayoría de nuestra población no ejerce un voto de conciencia, ni se abstiene de votar porque entienda que ningún candidato o partido llena sus expectativas, sino, que lo hace vendiendo su voto al mejor postor, o no lo hace, precisamente por falta de conciencia cívica, con implicancia de una gran dosis de vagamundería, o por desidia, lo que de ninguna manera, ésta “abstención” se puede interpretar como un voto de conciencia y una manera de rescatar el valor que ese acto cívico posee.
A esta situación, es urgente ponerle coto, pues se da el caso, que éstos dominicanos que venden su voto por un electrodoméstico, o por 500 pesos, romo y picapollos, o por miedo a perder un empleo, o el bono gas, como también la tarjeta solidaridad, o el cheque en nominilla, definen unas elecciones, lo que viene a ser algo sucio, indignante, injusto, cruel… porque esta aberración pone el futuro del país, y la suerte de todos los dominicanos, a merced de un amasijo de ciudadanos sin conciencia cívica, que vive como chivos sin ley, y sin temor a Dios, pero que también nos deja, en manos de una jauría de políticos malvados, con doctorado en corrupción de robos, cinismo, demagogia e hipocresía. 
No obstante, ante este panorama, entiendo todas las preocupaciones de mi dilecto amigo Miguel Guerrero, y como sé, que él es una persona tolerante, capaz de reflexionar y de oír a los demás, me permito, con las mejores intenciones, hacerle una contrapuesta a la nación, en aras de que tengamos un mejor país. 
Bueno…para evitar la tiranía del sufragio, concretizada cuando se tenga que votar, contra la  conciencia por un candidato o partido que no llene las expectativas, simple y llanamente, que se establezca el voto blanco o voto de rechazo, con el cual, el ciudadano rechace o castigue a los candidatos o al partido que le parezcan, por lo que sea, no dignos de su apoyo y simpatía.
Todo éste discurso está inspirado, en que creo firmemente, que todo ciudadano tiene derechos y deberes ineludibles para con su patria, y que entre ellos está, el elegir a sus gobernantes por conciencia y obligatoriedad constitucional, tal como lo es el tener los documentos de identidad personal (acta de nacimiento y la cédula de identidad personal y electoral).  Entonces, si a ésta normativa obligatoria, a nadie se le ocurre catalogarla como monstruosidad antidemocrática, ¿por qué tendríamos que considerar que el sufragio obligatorio sí lo es?
Con este mandato y su penalización, estaríamos evitando la compra y venta de votos, que de manera pública, y descaradamente, se ha venido haciendo en todos los procesos electorales que hemos tenido desde la creación de la Republica.  Esta sería la fórmula más idónea para acabar, con esa desvergüenza de la compra y venta de cédulas, cosa ésta, que se ha constituido en un “negocio” generalizado y clave, para fraudulentamente ganar unas elecciones.  Además… recalco, con esta disposición constitucional y su penalización,  entendemos, se evitaría, que la suerte de todos los dominicanos dependa de una minoría ruin y degenerada, y de políticos canallas, con doctorado para el robo y la vagabundería, y para traicionar a nuestra patria. 
Esta es mi contrapuesta, a la propuesta citada, del talentoso, valiente y honesto periodista Miguel Guerrero.  De la misma, él, mi pueblo y nuestros legisladores, tienen la última palabra.
Toda esta deliberación… en un ambiente de paz, ungido por bocanadas de  incienso y mirra quemadas.

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