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OPINION: La libertad de expresión



Hablar es fácil,  para la fisiología es solamente el resultado de la acción de los músculos de la boca y de la lengua, los cuales, juntos con las cuerdas vocales permiten la emisión de sonidos claros y organizados. 
La lingüística agrega el idioma a estos elementos fisiológicos de la expresión del lenguaje. Para la psicología es la expresión del pensamiento, estando un puente entre los seres humanos permitiendo que cada uno pueda recibir la información que lo quiere transmitir el otro. 
Esa poca energía y esfuerzo que se necesita para operar este milagro (definición del habla para el sordo-mudo) contrasta con la importancia que tiene este en las relaciones humanas. Pensar que un "si" de un presidente  o un no de una novia en un matrimonio pueden desencadenar respectivamente una guerra mundial o romper trágicamente un corazón, es aterrador.      
Se reconoce la libertad de expresión como derecho humano fundamental recopilando una panoplia de derechos "secundarios" (libertad de prensa, de asociación, de manifestación), todos pilares fundamentales en una sociedad democrática. En el Artículo 19 de la 'Declaración Universal de los Derechos Humanos', se lee: ¨Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión". 
Sí, nadie lo puede negar!  El hombre está libre para expresar sus pensamientos como así tiene derecho a la vida, a la integridad personal, a la libertad de conciencia etc. Pero viendo este derecho en todos sus alineas, se le impone límites como todo derecho para impedir intromisiones en su ejercicio con el ámbito de desenvolvimiento de los derechos de los demás.     
Un elemento que muestra claramente esos límites es la colisión del ejercicio de esta libertad con otros derechos que pueden ser superiores (permitiéndome utilizar ilegalmente este adjetivo). Ejemplificando esto, la libertad de expresión puede poner en peligro el derecho a la vida, el derecho a la privacidad, el derecho al secreto profesional, citando solamente éstos,  por divulgación de hechos u opiniones. 
En este marco, tratados, constituciones, convenios y muchos tipos de textos están unánimes en la interdicción a la incitación a la violencia, prohibiendo afectaciones al orden público, promoviendo el respeto de la reputación y de los derechos ajenos.     
Esa voluntad se legislar respeto a estas consideraciones se percuta prácticamente con la naturaleza, el cómo y los medios de la transmisión del pensamiento. Las características virtuales, inmateriales de las ideas que se quieren expresar  hacen difícil el control de la expresión de éstas. Hoy en día las redes sociales dificultan aun más la labor ya que el mundo de los clics es sinónimo de ¨jungla informática¨.      
Un control sería eficiente si y solamente si se  aplicaría al pensamiento, impidiendo la concepción de ideas o pensamientos "nocivos" que a su vez  promovería la incomunicación de palabras ¨malas¨.  Algo imposible ya que todavía los mecanismos fisiológicos del proceso cognitivo son desconocidos de nuestra avanzada ciencia. 
Aun descubriéndolos un control invasivo del proceso cognitivo seria perjudicante para la naturaleza humana, revolucionario para el derecho internacional ya que habría que redefinir los conceptos "derechos fundamentales", "libertad de opinión" e invalidar los aportes de una serie de movimientos como el liberalismo, el existencialismo y el anarquismo individualista. Dicho control no estaría exento de subjetivismo y de relativismo cognitivo.       
Se nota diario en la prensa ejercicios no comunes de la libertad de expresión por parte personas relacionadas con informaciones, ideas que al expresarse causan revuelos. (Snowden. Assange). También la historia nos muestra como esa puede jugar un papel decisivamente crítico sobre comportamientos y vida de masas (Influencia de la RTLM, y deLa Radio de las Mil Colinas sobre el Genocidio de Ruanda 1994). 
Los hechos históricos crueles paradoxalmente pueden contribuir a la sobrevivencia de la humanidad si y solamente si crean en nuestras mentes, sinapsis de recuerdos y lógica de no-repetición.          
Aparenta que estamos condenados a pensar libre pero hasta ahora los pensamientos nefastos no molestan al prójimo hasta que se expresan en acción o en palabras. Por lo tanto, desde un simple mensaje telefónico, pasando por una publicación en las redes sociales, culminando por un discurso de un presidente a la nación, es un deber de cuidar lo expresado ya que la libertad de expresión tiene sus límites y romperlas creerá, indubitablemente, desequilibrio en las relaciones humanas. 
Así, maximizaremos los beneficios de la utilización de esta libertad lo que consiste en nada más que ¨poder hacer lo que se debe hacer¨ (Del espíritu de las leyes. Libro XI. Cap. III, Montesquieu).

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