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OPINION: Los instrumentos del intervencionismo internacional


Dos casos
En 1940, el Mariscal Philippe Petain firmo un armisticio de rendición ante las avanzadillas de Hitler que rompieron la línea Maginot y llegaron a los Campos Elíseos de París. Para evitar la guerra y el conflicto,  el Mariscal escogió la degradación, la servidumbre y el hundimiento  de Francia. En 1938,  Los primeros ministros de Inglaterra y de Francia,  Chamberlain y Daladier habían hecho  concesiones humillantes, muy alejadas del derecho en los Acuerdos de Munichv. No  lograron, con ello,  mellar las ambiciones de Hitler. Todo lo contrario, apoyado en la falta de carácter de sus adversarios, hizo exigencias aún más descabelladas. 
El gesto, fundado en el deseo de no combatir y  de no profundizar el conflicto, fue totalmente inútil. No puede fundarse una paz duradera, pisoteando el derecho de los demás. Ante un enemigo irracional, de poco sirve el pacifismo. Winston Churchill definió la circunstancia con una enorme clarividencia: “debieron escoger entre el deshonor y la guerra. Han escogido el deshonor y tendrán la guerra”.
El general De Gaulle que había sido edecán militar de Pétain,  al juzgar la actitud del Mariscal y héroe de Francia, escribió “la vejez es un naufragio. Y para que nada nos fuese escatimado, la vejez del Mariscal Pétain iba a convertirse en el naufragio de Francia”. Antes de 1940, el Mariscal Petain había sido el héroe de Verdun en la Primera Guerra Mundial. Era una gloria nacional. 
Las más encopetadas damas de Francia le escribían cartas de amor, el poeta Paul Valery lo recibió  como miembro de la Academia Francesa. Tras la liberación de París, compareció voluntariamente ante el juicio del Alto Tribunal. Juzgado por alta traición fue condenado a muerte. Y como ya era un octogenario, De Gaulle le conmutó la pena capital por la cadena perpetua y la proscripción en la isla de Yeu, donde murió a los noventa y cinco años. Sus restos nunca estarán el glorioso cementerio de Verdún, acompañando a los héroes de la Primera Guerra Mundial.
El General Santana que aparece  en la historia dominicana como un prototipo de traidor, tuvo un porvenir muy parecido. Tras haberse cubierto de gloria en la guerra dominico haitiana, tras haber ocupado la Presidencia cuatro veces, y haber sido declarado por el Congreso Nacional  Padre de la Patria, tras doce años de guerra plena,  seducido por un pesimismo brutal;  creyó que no debía combatir más,  para ponerle punto final a las interminables ambiciones haitianas de apoderarse del territorio dominicano, colocó la soberanía nacional bajo un mando extranjero.  
Muy pronto se hizo patente la enemistad  con los españoles que habían pasado a retiro a 56 de sus generales, que le  habían aceptado la renuncia sin volver a llamarlo, tildado de general rebelde por La Gándara, Capitan General de Santo Domingo,  que le ordenó que se fuera a La Habana, donde, en secreto le había preparado un Consejo de Guerra, según comunicaciones tramitadas al Capitán General Serrano, gobernador de Cuba. Así iban las cosas en el bando español. Los últimos días de Santana fueron terribles. 
El Gobierno Restaurador lo condenó a muerte  en contumacia por alta traición, y se dictó un bando para  que, en  caso de resultar capturado, se le fusilase sin protocolos. Santana sintió, entonces,  la soledad del traidor. Murió en 1864, fue enterrado a la desesperada en el patio de la fortaleza. Su fama, su honor fueron echado a los perros. Nunca debió entrar al Panteón de los inmortales. Nunca debió acompañar las cenizas gloriosas  de los forjadores de la nacionalidad. Nunca debió salir de las soledades de la Iglesia del Seibo.
En ambos casos, se demuestra que se puede pasar de la adulación al desprecio, de la gloria a la degradación. Que los combates  realizados en nombre de esa mediocre visión del mundo que impone decisiones políticas que niegan la continuidad histórica de la nación no podrán tener nunca ropaje moral.
·Primero, porque los traidores se han convertido-- ya por dinero, por convicción o por falta de carácter, por su tendencia a la molicie--en instrumento de otro Estado. Los brazos y las manos de las maniobras internacionales.
·Segundo, porque las gravísimas consecuencias de sus actos-- la pérdida de la soberanía, la ocupación del territorio por poblaciones extranjeras y la destrucción de la unidad nacional-- no puede ser indultada nunca.
El intervencionismo internacional
La defensa del Estado se manifiesta en dos dispositivos fundamentales:
Las Fuerzas Armadas tienen como misión esencial salvaguardar la soberanía sobre nuestras fronteras terrestres, nuestro espacio aéreo y nuestras demarcaciones marítimas. Conjuntamente con este despliegue se hallan nuestras unidades de inteligencias (servicios secretos, unidades de espionaje y el Estado Mayor de la Defensa) Desde su nacimiento en 1844, las FF AA han desempeñado el papel de preservar la autodeterminación del pueblo dominicano. Sin defensa la nación se hubiese hundido en la servidumbre y en la destrucción. 
Para el manejo de la seguridad, el Estado dispone de  organismos especializados como la  DNCD  para el combate del narcotráfico y todas sus derivaciones. Cuenta, además, con unidades dedicadas a combatir los delitos transnacionales, el terrorismo  y el crimen organizado. Durante la segunda mitad del siglo XIX, los dominicanos  enfrentaron en la guerra domínico haitiana los propósitos del Estado haitiano de anular nuestra capacidad al Gobierno propio y de eliminar nuestra Independencia.
Las operaciones del Ministerio de relaciones exteriores despliegan la defensa de los intereses dominicanos en dos vertientes.  1. A través de  las misiones diplomáticas bilaterales, de nuestras embajadas y consulados; 2.  Mediante las misiones designadas ante los organismos internacionales  y en los diversos bloques mundiales : Cumbre Iberoamericana, DR CAFTA, Pacto de Río, Parlamento Centroamericano, Cumbre de países ACP, Organización de Estados Americanos, CELAC, CEPAL.
Ambas estructuras han sido salvajemente embestidas por distintas campañas anti dominicanas, en cuya avanzadilla se hallan las ONG financiadas por OXFAM, por el USAID y por los países de la Unión Europea. El  modo en que los grandes Estados intervienen en nuestras políticas  es mediante estos grupos, convertidos en marionetas de la estrategia internacional. Durante más de diez años, los EE UU, han intervenido en las políticas internas del Estado a través de la ONG Participación Ciudadana. Sus aportaciones rebasan los cien millones pesos por cada  año. Intervienen, al través de grandes personalidades, grupos organizados, convertidos en mecanismos de presión, para imponer los pareceres del que paga. No hay que forjarse ilusiones sobre el altruismo de los Estados que los financian. 
El principio predominante es que quien paga, manda.  Otro ejemplo lo constituye las diferentes organizaciones apéndice del Centro Bonó ( CEFASA, Solidaridad Fronteriza, Centro Jesuita para Refugiados, Centro Juan Montalvo etc) todas estas unidades son financiadas por el USAID e incluso cuenta con donaciones del propio Estado al cual combaten. La nómina interna del Centro Bonó es pagada íntegramente por el Estado 2.075.000 millones de pesos, que incluye una buena  cantidad de empleados haitianos, ¿cuál es la tarea de todo este conciliábulo de fuerzas organizadas?  ( MUDHA, PC, MOSTCHA, FLACSO, Red Jacques Viau, etc.)?
1.Sembrar estereotipos internacionales que hagan plausible una condena judicial en alguna Corte Internacional, que propicien una intervención de nuestra soberanía. Para lograr ese objetivo han asentado la imagen de que el Estado dominicano es autor de un genocidio civil. Que, al igual que el Estadio nazi o la Sudáfrica de Klerc merece una intervención internacional.
2. Culpabilizar a la República Dominicana del colapso del Estado haitiano.  Su Gobierno mantiene privado a más del 90% de su población de documentos de identidad. Apenas 1.060.000 personas pudieron ejercer  el voto en las últimas elecciones ganadas por Martelly ( 16%  de los adultos en capacidad de votar).  La violación de sus derechos a nacionalidad se produce en Haití, pero el país condenado y desacreditado es la Republica Dominicana. De aquel lado se despoja, lo que se reclama en este lado.
3.Victimizar al pueblo haitiano del ejercicio soberano de la República Dominicana  es parte de una campaña  representa la existencia de nuestro país como  una injusticia. Los haitianos quieren convertir a la población que ha penetrado ilegalmente por nuestras fronteras en la cabeza de playa para intervenir en nuestras decisiones políticas.
4.Traspasarle a la República Dominicana los problemas haitianos para promover la colonización y la suplantación del pueblo dominicano. Cada vez que se produce una deportación, llueven las campañas de denuncias del centro Jano Sikse   que se ha propuesto junto a otras 145 ONG criminalizar el ejercicio de la soberanía nacional.
5.La tesis central de todos estos grupos: Haití es el problema y la República Dominicana la solución.. Al mismo tiempo se  promueve una política de la suplantación del pueblo dominicano en los empleos, en la salud pública, en las escuelas, ¿hasta dónde puede llegar la política de la desnacionalización del trabajo, de la cultura, del territorio y de los registros civiles?  Los ahuizotes  de la destrucción del país han chantajeado a los político planteándoles que las buenas relaciones dependen de que estas políticas suicidas continúen, se prolonguen e incluso se profundicen. Hace poco más de un año, el jesuita. Regino Martínez, de Solidaridad Fronteriza,  se presentó en la frontera dominicana con más de 5000 indocumentados haitianos, dispuestos a franquear la frontera con escudos humanos y a desatar un incidente internacional .
6.El proyecto jesuita es un rechazo a la identidad nacional dominicana. Según esto, debemos suplantar lo dominicano por una sociedad multicultural. Es decir, desenclavar al dominicano de los obstáculos mentales que frenan la haitinización. Cuando echamos una ojeada a sus publicaciones, a los cursos de adoctrinamiento, las campañas asociadas al ACNUR (Convivir con to ) y a otros grupos,  y a las maniobras llevadas a cabo para formar comunidades religiosas binacionales, penetramos en el meollo de sus operaciones antinacionales. El cambio que proponen estos grupos no es el cambio histórico que acaece en todas las naciones, sino un cambio padecido, decidido fuera de nuestras fronteras, impuesto, apoyado por una desproporcionada campaña de chantaje, de ceguera , desinformación y destrucción de nuestros valores nacionales.
A esta generación le corresponde  la responsabilidad por todas las cosas que andan mal en este país. El porvenir de la República se construye en el presente. Somos responsables de la continuidad histórica de una patria recibida de un glorioso pasado, y no tenemos derechos a permitir que sea liquidada por ambiciones extranjeras u obedeciendo al credo de los traidores. 
La preservación de la República Dominicana como Estado independiente de Haití, la defensa de sus empleos, de sus hospitales,  de su territorio, de sus escuelas y de sus registros civiles son  es el mayor desafío de la generación presente. Es esa nuestra circunstancia como decía Ortega y Gasset, y  si no logramos salvarla, no nos salvamos nosotros.

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