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OPINIONES



Trujillo: ¿Era patriota o nacionalista?
En los últimos cinco o seis lustros, acaso al amparo de la falta de información histórica que acusan las nuevas generaciones y del subsecuente olvido de lo que significó para los dominicanos el régimen tiránico que fue descabezado el 30 de mayo de 1961, en el país se ha puesto en boga decir que el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina fue un patriota o, simplemente, un nacionalista.
Como vivimos en una época de grandes confusiones conceptuales, talvez lo primero que convenga recordar es que el patriotismo -en principio y desde el punto de vista histórico- es un sentimiento, y se forma con una combinación de amor y devoción por la heredad (lugar de nacimiento, raíces familiares, recuerdos personales, entorno de desarrollo individual, vivencias sociales, etcétera), pero en la medida en que el ser humano adquiere capacidad para la interiorización racional evoluciona hacia otras formas de expresión: el sentido de pertenencia, la ideología y una determinada forma de pensar o calibrar la sociedad.
El patriotismo se convierte en nacionalismo, justamente, cuando adquiere sentido de pertenencia a un conglomerado humano definido, decide darle a éste personalidad distintiva frente a otros de su misma naturaleza (para lo cual intervienen factores como la historia, la cultura, las tradiciones, la lengua, la psicología colectiva y las ideas respecto a su existencia y sus alternativas) y diseña una racionalidad (imaginería, ideario y valores) que justifica y legitima su presencia histórica y su vida cotidiana como individualidad social.
El nacionalismo, así, desbordando las fronteras sentimentales, deviene una postura política y una ideología en ciernes, a la par que una actitud frente al grupo humano al que se pertenece, y en esta virtud puede asumir derroteros disímiles y hasta contradictorios entre sí: su carácter y sus proyecciones prácticas estarán determinados por realidades concretas asimiladas e interpretadas a la luz de consideraciones e intereses colectivos o individuales que, no obstante su eventual disparidad, tienen un denominador común: la defensa de la nación frente a toda agresión, amenaza o peligro procedente del exterior.
A tono con las formulaciones que preceden, el devenir histórico muestra la presencia y existencia de múltiples formas de nacionalismo de origen patriótico, que dio origen a la formación de los Estados nacionales; el de dominación política interna, que fue enarbolado por la burguesía triunfante tras las revoluciones liberales de los siglos XVII, XVIII y XIX; el estrecho y aislacionista, preconizado por los regímenes autoritarios de toda laya; el chauvinista, practicado por el providencialismo y el destinismo políticos; y el agresor y expansionista, tan caro a los imperios y a los supremacistas raciales.
Aunque la tesis histórica de que Trujillo fue un gobernante nacionalista se le ha atribuido a Juan Bosch (lo que es cierto sólo en la medida en que se analice la figura del tirano a contraluz de ciertas ideas psicológicas y sociológicas del ilustre polígrafo de La Vega), lo cierto es que su agitación como argumento político en la era democrática comenzó con el reciclaje partidista y la rehabilitación fáctica de importantes figuras vinculadas al régimen que aquel encabezó: unos se hicieron balagueristas, otros perredeístas, algunos “revolucionarios” y, últimamente, abundan quienes se declaran peledeístas.
Ahora bien, ¿responde semejante tesis a la realidad histórica? ¿Trujillo fue, como individuo o como gobernante, realmente patriota o nacionalista? ¿Estuvo en su juventud, en su adultez o en su senilidad vinculado emocional o ideológicamente a las causas de defensa de la patria o de la nación dominicana? ¿El Estado asumió una postura de protección de la soberanía y la independencia nacionales frente a toda agresión, amenaza o peligro de fuera a lo largo de su régimen de casi treinta años? ¿O la aseveración de marras es hija de una interpretación errónea o de una clara falsificación de la historia dominicana?
La simple verdad es que a la altura del siglo XXI -y con las bases documentales y el instrumental de investigación a mano- no hay manera seria y sostenible de sustentar la tesis de que Trujillo fue patriota o nacionalista: éste nunca anidó sentimiento de verdadera devoción por nuestras raíces, nuestra historia y nuestros valores éticos como pueblo, ni tampoco concibió o puso en marcha un proyecto de nación o un plan estratégico de construcción o reconstrucción del Estado y la sociedad dominicanos. En realidad, sus poses patrióticas o nacionalistas fueron meros ejercicios de histrionismo -verbales o gestuales- dirigidos a fortalecer su poder interno y satisfacer su megalomanía y su narcisismo patológico, además de que tuvieron caracteres casi espontáneos y, en consecuencia, no se fundamentaron en convicciones o concepciones de alcance histórico.
(Si Trujillo en algún momento pareció gobernar con base en un proyecto programático, ese fue sencillamente el de la dictadura personal con tendencias dinásticas -dado que en cierta época soñó con que su hijo Ramfis lo heredera como mandamás del país-, puesto que su interés nunca fue alcanzar determinadas metas sociales, económicas, políticas o educativas en beneficio de las grandes mayorías nacionales: el nuestro no dejó de ser, durante su largo mandato, un pueblo lleno de miseria, humillado, amordazado y falto de cultura. Su programa era elemental: controlarlo todo para mantenerse en el poder, y por eso en un momento dado le daba lo mismo, por ejemplo, que se le rindiera culto a Duarte o a Santana, a Roosevelt o a Franco, a Churchill o a Hitler. Todo estaba sujeto a sus conveniencias personales o políticas coyunturales).
Antes al contrario:  la mayoría de los biógrafos “post mortem” de Trujillo -incluyendo a los más obsequiosos- coinciden en considerar que éste no tenía una buena opinión sobre el pueblo dominicano (al que asimilaba al nivel de una plebe que debía estar sometida a su vasallaje, controlada por las instituciones armadas y vigilada por su efectivo y despiadado aparato de espionaje), y que resultaba casi infantilmente encandilado por las realidades de los países que visitaba, gustaba de los extranjeros de tez blanca y se desvivía por imitar o emular a la España de Franco y a la Norteamérica de la naciente Guerra Fría.
¿Es necesario recordar que como simple ciudadano Trujillo no sólo no se opuso a la invasión militar los Estados Unidos en 1916 sino que, una vez instalado el gobierno militar de ocupación, colaboró conscientemente con él incorporándose a la servil Guardia Nacional, y que siendo parte de ésta combatió a los patriotas que se sublevaron -con la pluma o la palabra- contra aquel régimen que yuguló la soberanía nacional hasta 1924? El rol desempeñado por el caporal de San Cristóbal en este período histórico está registrado indeleblemente: fue un colaboracionista, un traidor, un vulgar entreguista, un enemigo abierto y declarado de nuestra independencia, y en consecuencia un antipatriota y un antinacionalista.
Por otra parte, las acciones de Trujillo como gobernante que algunos invocan incesantemente para tratar de demostrar su alegado carácter de nacionalista son todas cuestionables, y reflejan, casi sin excepción, una postura de capataz rural y de negociante, no una conducta patriótica: detrás de la teatralidad grandilocuente de sus proclamas o sus ejecutorias, siempre había un interés por afianzar su régimen y exaltar su figura, como ya se ha sugerido, o un negocio que entrañaría el engrosamiento de su fortuna personal.
La famosa “liberación financiera” de la República Dominicana (“Tratado Trujillo Hull” de 1940, que se vendió como su primer paso porque supuso la recuperación de la administración de las aduanas, y luego el alegado pago de la deuda externa en julio de 1947, ascendente a 9,271,855.55), es una muestra de lo que se acaba de decir: en los hechos todo fue una farsa, pues aparte de que se trató de una operación económicamente cuestionable (la deuda apenas representaba el 1.76 del PIB), se pagaron las acreencias de los viejos tenedores con un préstamo del Banco de Reservas (creado en 1945) y una emisión de bonos respaldada por este último (Ver trabajo de Arturo Martínez Moya en Hoy, 27 de enero de 2013, disponible en http://hoy.com.do/mitos-en-la-historia-de-la-deuda-externa-dominicana/)... La deuda no se pagó: sólo cambió de estructura y destinatarios.
Otro ejemplo de la misma falsía lo fue el de la creación del sistema financiero nacional (octubre de 1947), que incluyó el establecimiento del peso dominicano y la sustitución del dólar estadounidense como moneda de curso legal: es cierto que implicó un acto formal de autarquía en el terreno de la finanzas públicas, pero igualmente significó una estafa de más de 11 millones de pesos en perjuicio del pueblo dominicano, tal y como lo demostró en su momento el fenecido historiado Franklyn J. Franco. (Ver Hoy, 11 de diciembre de 2010, disponible en http://hoy.com.do/la-creacion-del-peso-dominicano-la-gran-estafa-del-siglo/)... Fue un acto "nacionalista" que todos terminamos pagando muy caro.
En adición a lo reseñado, Trujillo tampoco se encaró nunca con una agresión o amenaza bélica de poderes exteriores, a menos que se consideren tales las incursiones mal armadas y poco numerosas de los opositores exiliados (a pesar de ostentar el grado de “Generalísimo” de nuestras Fuerzas Armadas nunca dirigió tropas o arengas en guerra patria ni hizo un sólo disparo contra invasores de potencias foráneas), y si en algún momento se enfrentó con determinados gobiernos o Estados lo hizo únicamente de boca o como reacción a imputaciones de hechos criminales realizadas por éstos. No hay, en este respecto, registros históricos del comportamiento patriótico o nacionalista del dictador: lo que hay es bastante documentación sobre los crímenes que ordenó, las intrigas que tejió o las agresiones que planificó y ejecutó.
En ese sentido, no fue casualidad que el tirano dominicano tuviera encontronazos con los gobiernos democráticos del continente (la Cuba de los auténticos y los ortodoxos, la Guatemala de Árbenz, la Costa Rica de Figueres o la Venezuela de Betancourt) y fuera muy buen amigo de los regímenes de fuerza (la Argentina de Perón en su etapa de progresismo napoleónico, la Colombia de Rojas Pinilla, la Cuba de Batista o la Venezuela de Pérez Jiménez), como tampoco lo es que durante la Guerra Fría resultara un excelente aliado de Estados Unidos en su condición de “campeón del anticomunismo”, pero que se enemistara con éstos y manifestara su “nacionalismo” cuando le empezaron a hablar de “democratización” o de “evolución hacia un Estado de derecho y libertades”.
Por supuesto, Trujillo sí era ególatra, racista y antihaitiano (a despecho de que por sus venias corría sangre negra proveniente de nuestros vecinos del Oeste) y exponía sus posturas en tal dirección disfrazándolas como defensa de la nación dominicana. El problema nada más era un sol aunque proclamaba sus concepciones al tenor a los cuatro vientos, la “batalla” más importante que libró contra Haití (si es que se quiere interpretar como una acción contra ésta) consistió en ordenar el “corte” contra individuos no provistos de medios materiales ofensivos... ¡Tamaña valentía la de un general que, aparentemente tragueado, instruye a sus subalternos para que asesinen a “invasores” o merodeadores desarmados!
En suma: no hay que confundir el patriotismo ni el nacionalismo con el instinto de proteger el feudo de nuestra propiedad, la finca que asaltamos o la casa que nos robamos: eso a lo que más se parece es a lo que en Sudamérica se denomina gamonalismo, y tiene que ver con el espíritu egocéntrico, el apetito de los bolsillos y el viejo “vicio” del poder, no con el amor a la patria ni con el ideario nacionalista. Trujillo no asumía la protección del pueblo dominicano y sus valores sino que se defendía él mismo como encarnación del orden de cosas vigente y como garante de su propio estatus económico. El Estado era él, sólo él y sus posesiones (que incluían, por cierto, también a muchísima gente, genero y sector social apartes), y por ello demostraba tanto celo “protector”.
La conclusión luce, pues, obvia: el patriotismo y el nacionalismo de Trujillo eran apócrifos, postizos o de pacotilla, y su temerario y confusionista aireamiento en la época posterior a la dictadura obedece a interpretaciones históricas discutibles, a invenciones de albarderos nostálgicos y a patochadas de zoquetes y politiqueros... A lo sumo, si hemos de procurarle alguna denominación, lo del inefable “Chapita” podría ser narcisismo gamonal (si bien elevado a la décima potencia y erigido en acción de Estado gracias a los chupamedias y cobardes de siempre), pero nada más.
lrdecampsr@hotmail.com

Muralla Trujillo: propuesta a Vinchito
Por lo visto, sobre la construcción del muro en la frontera con Haití que propone Vinchito, hay dos posiciones bien definidas y encontradas: las de recios intelectuales que no la aprueban, y la de otros con solido bagaje que la desaprueban de manera apasionada. Entre los primeros, se encuentran personalidades de mundo académico como la Dra. Rosario Espinal.  Su negativa a esa construcción la expone en su artículo- “El muro ja, ja”- que dicho sea de paso, no se trata de una reflexión sobre los enlatados dominicanos ja ja, ni sobre la inmortalidad del cangrejo, sino de las razones de su oposición, las cuales desglosa en ese escrito, de manera brillante, concisa, clara y contundente.
A la segunda categoría, es decir los que apoyan a Vinchito y a sus propósitos murales y a la vez detractores fundamentalistas del primer grupo, pertenecen toda una legión con enormes conocimientos jurídicos, históricos y sociológicos y del acontecer mundial, y por demás, fervientes adeptos de la ley mosaica, de los que aún creen en resolver los problemas étnicos, degollando criaturas a troca y mocha.
Entre estos últimos, podemos destacar a solidos intelectuales como Manuel Núñez Asencio, Fernando Casado y Tony Jiménez entre otros, y los foristas: Luzclarita, Flor malapunta, el verdugo, el mismo travieso, la soga, UncleSam, La cebolla,  el triboliao, Mapito, el murciélago, la ciguapa, el troyano, el defensor de la nación, el anticristo, el bambino, el cocotú, la cotorra, la cacata, el ciempiés, la culebra, Batman y Robin, el bizco y tuerto, recopiolo, el maco, la alcachofa y miles más de patriotas dispuestos a salvar el país de la haitianización inminente, de no construirse ese muro divisorio.
 Además, he de resaltar, que estos conspicuos ciudadanos, para tener más en cuenta sus criterios, también son versados en antropología, filosofía, física cuántica, astrofísica y en ciencias ocultas y sospechosas, siendo esta última, para poder bregar exitosamente con los brujos y brujerías haitianas.    
Esta intención mural a concretizarse, se hace más creíble, si analizamos que sus mentores han estado dedicados siempre con grandes sacrificios e integridad cívica y nacionalista, a las mejores causas del país, y al lado, de quienes han encarnado las más nobles acciones para con la patria.
En esta categoría, es de justicia reconocer, porque honrar honra, al progenitor de Vinchito, quien estuvo fiel hasta la lealtad suprema, y aún lo sigue estando, de aquel gobernante llamado Trujillo, quien en vida fuera, y aun después de muerto, el más grande demócrata que mujer dominicana haya parido. Además, este progenitor, en su momento enfrentó con valor y gallardía la defensa de ese insigne ínclito perínclito, cuando unos cuantos energúmenos, agrupados en un partiducho llamado 14 de junio, osó enfrentar a ese benefactor de nuestra patria, llamando a esa horda de detestables, “eminentes criminales” que habían sido sancionados con “generosidad irritante” porque estos, donde deberían estar, es en los cementerios y en las cárceles.
Pero la defensa de este ilustre progenitor de Vinchito a Trujillo, fue más lejos, cuando a estos traidores a la patria y mal agradecidos catorcistas, los catalogó, de sujetos acomplejados, amargados y rezagados, porque no pudieron comprender las dimensiones del generalísimo Trujillo como estadista que empujaba a su pueblo hacia un futuro mejor.
Tampoco se puede decir, que el laborantismo de Castillo padre, apoyando la desnacionalización de dizque dominicanos de ascendencia haitiana, sea por racismo o negrofobia, puesto que el trato considerado, cordial, afable y hasta de afecto, que él le dispensó al Dr. Peña Gómez y a los demás negros dominicanos, despejan cualquier duda que se pueda tener o plantear al respecto. 
Para que no quede la menor duda de la veracidad de mis afirmaciones en cuanto al trato “respetuoso y Cortez” con que el Dr. Castillo se dirigía al Dr. José Francisco Peña Gómez, traigo a colación, dos párrafos que dan fe de ese trato, cit
El Dr. Peña Gómez, tiene un psiquismo traumatizado.  Es tenebroso y ligado al narcotráfico.  Es practicante del Vudú.  Es un ser peligroso para nuestra nacionalidad.  Es conspirador y brioso potro desbridable.  Es tornadizo y torvo. Está tachonado de enfermizas adhesiones.  Es una gigantesca cantera de lava social reprimida.  Es tonante, amenazador, desairado y susceptible de sentirse herido por nimias descortesías.
El Dr. Peña Gómez- aseguraba Castillo padre- es inseguro, no ajeno a secretos pruritos de la superstición. Es idealista y de a ratos materialista. Es un mal social y político a ser superado. Es una voz que con sus ecos imanta hondas frustraciones del ser social nuestro, que cuando envía un ramo de olivo a algún adversario se le podría descubrir “relieves de espoletas. El Dr. Peña Gómez, es un ser dueño de un ego impresionante, pasible de trocarse en tea y hacha al mismo tiempo. Es un maestro implacable del infundio cuya voz es de sombras. Es impenitente injurioso, de alma capciosa y torva, adversario tortuoso, que no sabe ni conoce lealtades. El
Dr. Peña Gómez, es un ahijado de la ingratitud y la inconsecuencia, que sabe obrar con perversidad. Es un loro bilioso y maestro del delirio y la imputación calumniosa, un hombre profundamente tarado, de descomposiciones socioemocionales inescrutables. El Dr. Peña Gómez, es un desquiciado emocional, lo peor del comunismo organizado, una escoria corrupta y bandidesca”.
Con igual tono de consideración y respeto, el Dr. Castillo padre se ha dirigido a los periodistas en diferentes ocasiones; cito:
“Los periodistas han desertado de su deber para convertirse en una cobarde y aborrecible maquinaria, generadora de falsas imágenes, donde ha habido obsesión por las sombras y una extraña repugnancia por la luz. Ciertos periodistas están llenos de una aberración de sentimientos inicuos y de frustraciones abismales. Son muchos los indoctos e iracundos, polillas que montados en la mula de la contumelia, se las han pasado repartiendo coces con maligna irresponsabilidad”. 
Por lo expuesto en los párrafos precedentes, sin lugar a dudas se confirma, que Vinchito proviene de una saga conciliatoria, mansa, buena hasta lo bondadoso, humilde, apacible, fraternal, ecuánime, comedida, respetuosa de los demás, sin odio en su corazón, mejor llenos de amor para sus congéneres, en fin, descendiente de almas grandes como Mahatma Gandhi…de gente que son parte de la solución, no entes del problema.    
Por esa idiosincrasia de Vinchito y por ser siervo de Dios, legionario de Cristo y devoto mariano, es lógico que creamos en sus buenas y mejores intenciones nacionalistas, porque esas cualidades, las lleva en su genética… en su sangre, en su corazón, en sus entrañas, en su ser.    En el ayer, con esas características, dones y virtudes, su padre enfrentó junto a Trujillo a los catorcistas traidores a la patria y a los haitianófilos; en el hoy, lo hace el hijo, enfrentando directamente y con acciones concretas, a los responsables directos de la gran emigración de haitianos que nos afecta y además, combatiendo frontalmente la rampante corrupción, el narcotráfico y otras lacras, que están amenazando con destruir nuestra nacionalidad y nuestra amada República.   
Es decir, al efecto, Vinchito está llamando a capitulo a los dueños del Central Romana corporation, a los Vicini y a todos los colonos azucareros, como a los demás productores agropecuarios y contratistas del gobierno, que desde antes de 1929, en aras de mano de obra semi-esclava, han llenado el país de haitianos, con esa aberrante práctica, bestialmente inhumana.  En este enrostramiento para meas culpas y corrección de antiguas inconductas, tampoco nuestro Vinchito ha soslayado enrostrar la participación del ejercito dominicano, (guardias, tenientes, capitanes, coroneles y generales) y lo hace además y con los mismos fines, hasta con el actual jefe del Tribunal Constitucional, quien en pasado obtuvo jugosos beneficios monetarios con ese ignominioso tráfico de seres humanos.
Como es posible, que el Gobierno Central no quiera poner los 400 millones de dólares que se necesitaran para construirse ese muro, objetándolo con argumentos baladíes, como ese de que no podemos, porque tan sólo para pagar los intereses de la deuda externa hay que tomar el 50% del PIB.  Que aparte de ese compromiso, también tenemos otros ineludibles, como el de pagar a los privatizadores de ciertas carreteras e hidroeléctricas, la diferencia del monto proyectado por ellos a ganar pero que no se haya logrado. También estos antipatriotas, pueden argumentar que somos un pueblo que se está cayendo a pedazos.  Que siendo que en los hospitales no hay siquiera gaza, ¿cómo se podría destinar dinero a la construcción de un muro para resolver un problema que se puede solucionar de otro modo?
Como estos tarados que nos desgobiernan, pueden objetar la construcción de este muro con estas y otras sandeces, yo Miguel Espaillat, para llevar a cabo tan magna obra, garante de la dominicanidad, propongo los siguientes puntos:
Primero: que nos olvidemos de la participación del gobierno en esta obra, ya que por las razones señaladas, no la va a apoyar monetariamente.
Segundo:  Para darle más fuerza y sentido patriótico a esta construcción, no le llamemos muro, sino muralla, y que su concretización física, sea en verdad una gran muralla, superior en altura e imponencia a la Gran Muralla China, de manera, que esta Gran Muralla Dominico- Haitiana, nos iguale a China, en eso de poseer una de las 8 maravillas del mundo, porque con la de nosotros ya no serían 7, sino 8 esas maravillas, con lo que lógicamente, entraríamos a competir con el turismo de aquel país asiático.   
Tercero:  Para que esa Gran Muralla, sea auténticamente un símbolo místico como real en lo material y espiritual de nuestra dominicanidad, enfáticamente sugiero, que la misma no debe ser construida, por manos haitianas, ni siquiera por una, sino que para orgullo nuestro, ésta debe ser construida en su totalidad por manos dominicanas.
Entonces, para esta meta sublime, los foristas e intelectuales citados anteriormente y todos los dominicanos que han aprobado la construcción de esta Gran Muralla, se trasladarán a la frontera por unos 5 ó 6 años a construirla, no importa que mueran en esta misión, puesto que la patria se merece sacrificios como este.  Muchos ya lo han hecho. Pero que también, como el gobierno no dispone del dinero para construir esta obra, que sean estos mismos dominicanos quienes por un sentimiento patriótico reúnan entre ellos el dinero necesario para esa construcción.
Cuarto:  para captar y administrar los millones de contribuciones necesarios para esta obra, propongo un patronato privado, pero no sin antes aprobar en el Congreso Nacional una ley que penalice con la muerte a quienes tan solo intenten robarse esos cuartos. 
Quinto:  Todos los grandes culpables de la inmigración masiva de haitianos que queremos corregir, deben hacer grandes aportes económicos para esta construcción; me refiero a los del Grupo Vicini, a los del Central Romana, a todos los colonos azucareros y otros productores agropecuarios, a los contratistas de obras del Estado, a los militares que se han hecho millonario en la frontera con el trasiego ilegal y hasta los descendientes vivos de Trujillo, deben aportar fuertes sumas de dinero para esta construcción ya,  que sus fortunas, que gozan ahora en el exterior, provienen de aquel trasiego de seres humanos, que hoy tratamos como bestias.  
En este capítulo de las aportaciones, los honorables diputados y senadores deben llevar la vanguardia del patriotismo con entrega y desprendimiento. Al efecto ellos deben de aportar todos esos cuartos de barriles, barrilitos, dietas, pago de representación, y otros emolumentos, para destinarlo a la construcción de esa Gran Muralla. Pero además, deben de trasladar el Congreso de la Republica a la frontera, para que el tiempo libre que dispongan, lo dediquen a trabajar en esa construcción. En esta iniciativa, Vinchito debe ser el primero en dar el gran ejemplo a seguir. 
En este capítulo de los aportes, es de considerase, que el mismo le ofrece una oportunidad maravillosa, a mucha gente, para que demuestren el amor que dicen profesar por su patria. El gobernador del Banco Central, Héctor Albizu, de los 83,333 pesos que gana diario, debiera en gesto patriótico donar 50 mil y quedarse con 33,333 mil que todavía es mucho dinero frente a los 200 pesos diarios que ganan la gran mayoría de dominicanos. O sea, que el gobernador haciendo este aporte, aún retendría casi un millón de toletes mensuales. También Leonardo Matos Berrido debería de su casi millonaria pensión despojarse de la mitad, porque todavía, 450 mil que le quedarían, es mucho dinero.
 De igual manera, invito a todos los funcionarios del país, que ganan hasta dos millones a despojarse de por los menos un millón para entregarlo al patronato pro-construcción la Gran Muralla Dominico-Haitiana. También, como contribuyentes, de esta construcción, tienen que ser significativas las aportaciones de los banqueros que tanto dinero ganan, y de muchos empresarios e industriales que han hecho fortunas inmensas con la mano de obra barata, tanto con dominicanos, como con los haitianos.
Sext Un vez terminado, ya sea el muro o la Gran Muralla si es que se termina, para que se cumplan sus objetivos, hay que aumentar los sueldos del personal civil y militar de servicio allá. El General al mando deberá ganar unos 400 mil pesos mensuales.  Los coroneles por los 300 mil. Los capitanes no menos de 200 mil. Los tenientes, cercano a los 150 mil y los guardias, un mínimo de 60 mil. Los funcionarios y empleados civiles también tienen que ser remunerados con pagos decentes, para disminuir el trasvase migratorio, sustentado por el cobro de peaje al que se dispone a cruzar por esta frontera, eso sí, sin soslayar que a estos servidores públicos, también hay que aplicarle la misma penalización establecida a los miembros del patronato de recaudación y administración de fondos, en los casos de incurrir en corrupción agravada. 
Dada esta situación, si se la quiere solucionar de raíz y que la construcción en cuestión, cumpla con los fines perseguidos; estos sueldos se tendrán que pagar, puesto que de lo contrario, esta división territorial, será un fracaso total y entonces, los críticos que se vienen riendo de tan sólo la sola idea de la propuesta, se saldrán con las suyas, al hacerse realidad sus vaticinios respecto a que ésta construcción, no resolvería el problema inmigratorio que nos agobia, y de que había otras manera más realistas, prácticas, sencillas y menos costosa, para enfrentar ese problema originado por corrupción, mafias, inconciencia, carencia de patriotismo, y hasta por la sobrevivencia de los muchos, que dejados por los gobiernos a la buena de Dios, no les ha quedado más camino que corromperse para poder sobrevivir.
Finalmente quiero proponer a Vinchito, al pueblo dominicano y al Congreso de la República, que en esta construcción, se unan las fuerzas de lo material y espiritual y la de nuestros instintos patrios y de dominicanidad, para con esas potencias hacer más efectivo y místico  nuestros sueños de regularización migratoria a través de la frontera, que pese a esa muralla y a un nuevo comportamiento anti-soborno y anticorrupción en general de los dominicanos a cargo del proceso de la susodicha regulación, posiblemente sean truncos, por los efectos del vudú, los bacá, los loases, los maleficios y otras engendros del mal,  que implorados, operan y operarán en contra de nuestra República.
En consecuencia, para neutralizar esas engendros y sus efectos, sugiero que nombremos a esa división territorial, Muro Trujillo o Muralla Trujillo, con lo que definitivamente, el maleficio haitiano quedaría conjurado, porque la acción de este hombre como centinela de la frontera, aun sea en su estadio de fantasma, frenaría la invasión que nos ocupa, lo que impediría repetir una matanza numéricamente superior de estos seres, a la realizada en 1937 y que hoy es tan ansiada y trabajada por los intelectuales y forista mencionados al inicio de este trabajo, con lo que también, la saga Castillo y los restantes dominicanos creyentes de esa división física, quedarán complacidos en sus íntimos deseos, querencias y esfuerzos patrios.  
Para finalizar este trabajo, lo hago con las preguntas de más abajo a la Familia Castillo. 
¿Por qué ellos, gente de luces y de sólidos conocimientos del problema inmigratorio que nos ocupa, no iniciaron esta cruzada de regulación en los años 1966 con el primer gobierno de Balaguer?  ¿Por qué no lo hicieron en el pleno apogeo de la industria azucarera cuando el problema era ya grave y en aumento? ¿Por qué hacerlo después del derrumbe de la industria azucarera, y no antes cuando el problema no era tan complejo? ¿Por qué después de tantos años y no antes?
Dejo a mis interpelados, la respuesta a mi propuesta y a las preguntas planteadas de colofón.
Posdata:
A mis lectores y a quienes de ellos sean mis detractores acusándome de haitianófilo y traidor a la patria, les recuerdo que siempre he estado con la regularización, desde muchos antes que ni se hablara de eso, mas no así, con la desnacionalización de los dominicanos de ascendencia haitiana. 

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