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OPINIONES:



¡Hipólito va!
Por BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
La política es un ejercicio tan simple y complicado como la práctica de los deportes. Se ejecuta mediante un cuidadoso ejercicio entre la táctica y la estrategia.
Saber escoger el momento adecuado es, más que una decisión, un arte que contribuye a elevar el candidato.
El político debe saber hacerse acompañar de manera adecuada, rodearse de personas y dirigentes que contribuyan a que el trabajo se desarrolle de manera armoniosa.
El político desarrolla cualidades que lo colocan como guía de los demás puesto que tiene el carisma, la capacidad de generar entusiasmo, por eso lo eligen como líder porque concita el entusiasmo de sus seguidores.
El político debe saber leer entre líneas y usar su visión para ver más allá de la curva que se pierde al otro lado de la montaña.
El político sabe cuándo es oportuno montarse en la ola y cuándo conviene evitar seguir la dirección del viento.
El político asume posiciones que pueden resultar contradictorias, poco agradables a los oídos de muchos, pero siempre lo hace pensando en el bien común y no en su propio beneficio.
El político tiene un sentido del tiempo y de la oportunidad que escapa a la mayoría, en ocasiones hasta a seguidores cercanos.
El político trabaja, constantemente, como una flecha que sale del arco en busca del blanco y no se desvía hasta lograr su propósito
El político realiza una práctica tan complicada como la que se desarrolla en el ajedrez, donde la visión y el carisma juegan un papel fundamental para que el partido gane las elecciones y obtenga el poder político
El político obtiene el triunfo con trabajo, tesón, altura de miras, real capacidad dirigencial desarrollada en la práctica de vida, en el largo y fructífero ejercicio de servir al pueblo desde distintas posiciones que se obtienen mientras se escalan, peldaño a peldaño.
El político requiere de una organización dispuesta a transitar el camino hacia el triunfo sin que importen los sacrificios y dificultades que de seguro se hallarán en el camino. Esa organización requiere de dirigentes capaces, dedicados, eficientes, probados, con una gran vocación de servicio público.
Tanto en el béisbol como en la política ningún dirigente, ningún líder, revela su estrategia. El dirigente y el líder saben en qué momento disponen realizar qué jugada.
Hipólito Mejía es el político dominicano de más carisma, concita un respaldo que lo convierte en el candidato natural de las masas que lo siguen vivando con la consigna: ¡Llegó Papá! Hipólito no respalda aspiraciones en perjuicio de las propias. ¡Hipólito va! Lo cierto es que Hipólito, como buen demócrata, competirá con todos los aspirantes y será elegido candidato y luego Presidente de la República.

De Trujillo a Leonel Fernández
El servicio exterior de la República Dominicana ha vivido  dos momentos de esplendor en la historia de las relaciones internacionales dominicana: el primero,  durante el régimen de Rafael  Leónidas Trujillo (1930-1961) y, el otro en el mandato presidencial encabezado por doctor Leonel Fernández  Reyna (1996-2000).
Hay que destacar,  que ambos gobiernos se desenvolvieron en contextos geopolíticos  muy particulares y complejos, pero que a pesar de eso,  hubo un común denominador en ambos liderazgos dominicano en la conducción de las relaciones internacionales: la  salvaguarda de  la dignidad y el interés nacional sobre todas las cosas.
Durante esos dos periodos presidenciales, uno dictatorial y otro democrático, es cuando  la República Dominicana  define  una verdadera política  exterior  y articula unos de los cuerpos diplomáticos y consulares más agresivos, preparados y profesionales que registre la historia de las relaciones internacionales dominicana.
Con sus luces y sobras  los  servicios diplomáticos en la “Era de Trujillo y Leonel Fernández”  es donde más se  evidencia  una articulación de propósito hacia la realización de una política exterior eficaz y eficiente  ante los demás países  en el ámbito internacional.
La política exterior  desarrollada por Trujillo obedecía más bien  a un interés personal que nacional,  de tener “calibrado y espiado el mundo”  para de esa manera evitar con tiempo cualquier elemento perturbador internacional  que impidiera la estabilidad y continuidad  de  su régimen, pero era eficiente y modélica en la región y el mundo.
En tanto que,  en las conducciones de la política exterior dominicana en el reinado del presidente Leonel Fernández  se desarrollaron estrategias diplomáticas  y comerciales agresivas de integración regional y mundial a los fines de sacar al país del aislamiento internacional para  convertirlo  en una “Marca”  de interés para  los actores internacionales.
Analizando esa realidad y mirando al futuro, es penoso ver, que en el actual periodo gubernamental que encabeza el presidente Danilo Medina, no se haya articulado de manera definitiva un servicio exterior tan o más competente,agresivo y hábil como los arriba mencionados. Hay que recordar que el jefe del Estado prometió en la campaña electoral pasada la transformación del actual servicio exterior del país.
Avergüenza, por demás, la  falta de direccionalidad en la política exterior del Estado dominicano mostrándose ante la comunidad internacional  como una nación inexperta carente de defensores auténticos  del interés nacional, y más aún  como si no existiera un conductor eficiente en ese ámbito.
Finalmente, como lo refiere el  analista de las relaciones internacionales,  Horacio Vicioso Soto, en su  libro “Diplomacia, Ciencia y Arte”  la  diplomacia  debe ser entendida como instrumento de diálogo, armonía y equidad entre Estados, por lo que su actuación oportuna, cobra carácter redituable e incide en el desarrollo de las naciones.

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