Ticker

8/recent/ticker-Deportes

Header Ads Widget

Responsive Advertisement

OPINIONES:



¿Homenajes a Juan Bosch?
Por ANDRES L. MATEO
Me dediqué a observar las conmemoraciones del ciento cinco aniversario del natalicio del profesor Juan Bosch, envuelto en esa atmósfera de absoluto desdén por los valores en que viven sus discípulos que nos gobiernan. Y descubrí que el cinismo ocupa el lugar de la verdad. Una vez escribí que Juan Bosch era un cadáver perfumado en un armario al que desempolvaban en cada aniversario para exorcizarlo; y fue así en este ciento cinco aniversario de su natalicio. Lejos, distantes del Ser verdadero en que ardió su existencia, sus pocos “discípulos” que se pararon frente a su tumba, eran el vivo retrato de que todo aquello en que decían creer se había desmoronado.
“Prever es ver antes que los demás”- decía Martí-, y si la predicción está cumplida, a aquel loco incorregible que se anticipó hay que exorcizarlo. Antes de que la codicia helase la vida ingenua del partido que fundó, Juan Bosch vio lo que sucedería si esa pequeña burguesía llegaba al poder. Ahora sus labios están aherrojados por la muerte, pero desde su corazón, donde quiera que esté, y no sin cierta sagrada tristeza, mira desvencijado el espectáculo de degradación y corrupción de sus discípulos. ¡Contra esos mozos pequeños burgueses alertó! ¡La codicia de esa casta soberbia describió sin piedad en sus libros! Aunque no lo confiesen, ellos sienten el foete de su desprecio; porque si Juan Bosch estuviera vivo (y no hago historia posfactual ahora) no fuera miembro del PLD, y sintiera el asco de ver los mismos esquemas de gobierno que reproducen y ahondan las lacras históricas del país.
Quiebro el ala de la indignación y miro al cielo en su nombre. Ahora quieren cubrirlo de homenajes. Pero esos homenajes son una forma de exorcizarlo. Sépanlo al menos, un verdadero homenaje a Juan Bosch es la vigencia de la honestidad, y no este abyecto abatimiento de las virtudes. Homenajear a Juan Bosch es no permitir que los negociantes de la política se roben el patrimonio público; y levantar el decoro y la ira, ante tanta inequidad y abandono. ¿Es que acaso esos nuevos ricos del PLD pueden invocar a Juan Bosch sin que la lengua se les convierta en cáscara de guayacán reseco? Ese cortejo de ansias y de pasiones por el dinero, no formaban su gloria. La tierna y valerosa consagración de su imagen ha de durar todo el tiempo de vida de esta nación, porque se resistió a la tentación del dinero, y porque su idea de la gloria no se empinaba sobre la riqueza material.
Los existencialistas no se cansaron de proclamar que “el hombre es lo que él se hace”, envueltos en esa conjetura filosofal de que “la existencia precede a la esencia”. Juan Bosch hizo de “su existencia” una práctica negadora de todo lo que es hoy el PLD, y los que aspiran a convertirlo en una “esencia” huyen del verdadero, y tejen por una parte una moral de devoción, de simpatía; y por otra, una moral más amplia, de eficacia más discutible. El mejor ejemplo es el personaje que se ha proclamado su albacea intelectual: Euclides Gutiérrez Feliz. Juan Bosch nunca lo estimó, lo juzgaba sin talento, sin probidad, era su antípoda (muchos lo saben, incluso él). Venía de un mundo vigilado, tosco, autoritario; y cualquier rictus de su rostro se coligaba al despotismo trujillista. Pero él cree ahora que, como habla desde el poder, se puede reconstituir a partir del cielo inteligible de los valores que Juan Bosch representa. Frente al ejercicio de los valores estamos solos, sin excusas, y no hay efluvios que legitimen nuestra conducta. ¿Puede alguien que incluso justifica el crimen de una persona por la jugada política, representar el aura de Juan Bosch? Bosch no tiene una sola mancha de sangre que lo sindique, su nombre no puede ser asociado de ningún modo a la corrupción, no amó el poder por encima de sus principios. Únicamente para exorcizarlo puede Gutiérrez Feliz invocar a Juan Bosch; y no importan los homenajes, porque todos sabemos que se trata de esa instrumentalidad pasiva, contraria a la práctica del discipulado, despreciable y ruin.

Un pueblo unido, jamás será vencido
Por SAUL PIMENTEL
Es totalmente falso el argumento esgrimido por algunos,  de que los dominicanos no son valerosos  ni tienen tradición de lucha anti-imperialista.
Si hacemos una simple revisión a nuestra historia, comprobaremos que sí tenemos coraje  y que es sólido y abundante el patriotismo nuestro.  Lo demostramos contra las invasiones de los Estados Unidos de los años 1965 y 1916, pero fundamentalmente luego de que en 1861 se produjera la anexión de la República a España.
Me he animado a hacer estas reflexiones debido a que, precisamente un día como hoy, en 1865, los españoles comenzaron a abandonar el país luego de que los dominicanos (un país pobre y atrasado, pero valiente) les diéramos una “pela de calzón quitao”,  a pesar de que ellos eran una de las principales potencias del mundo y tenían un ejército poderoso y bien armado.
Los argumentos de la anexión
Para analizar el tema debemos remontarnos a los años posteriores al 1858 cuando el gobierno de Pedro Santana, agobiado por las dificultades, concibió la "luminosa" idea de buscar auxilio de una potencia extranjera que ayudara a resolver los problemas de estabilidad política y seguridad económica que entonces tenía el país. En este sentido, puso su mira en España, de la cual consideraba que los dominicanos no debieron nunca haberse separado.
A pesar de que la Corona Española no estaba muy entusiasmada con la idea, los emisarios de Santana lograron convencerla de que aceptara anexar la República Dominicana como provincia de España, bajo el compromiso de“primero, a no restablecer nunca la esclavitud en territorio dominicano; segundo, a considerar al territorio dominicano como provincia española permitiéndole disfrutar de los mismos derechos de las demás provincias; tercero, a utilizar los servicios del mayor número posible de funcionarios públicos y militares dominicanos en el nuevo gobierno que surgiera a consecuencia del tratado que se firmaría; cuarto, a amortizar todo el papel moneda circulante en la República Doinicana en aquellos momentos; y quinto, a reconocer como buenos y válidos, todos los actos de los gobiernos dominicanos desde 1844 hasta la fecha”. (Cita extraída del Manual de Historia Dominicana, de Frank Moya Pons).
La anexión fue proclamada formalmente en la Plaza de la Catedral el 18 de marzo de 1861, pero de inmediato surgieron los problemas pues el nuevo panorama era muy distinto al que Santana y sus colaboradores habían concebido.  El primer inconveniente se le presentó al propio Santana, cuando se percató de que en materia de autoridad él no podia seguir gobernando a su antojo, ya que dependía del Capitan General de Cuba, Francisco Serrano.  Es así como todos los funcionarios y militares que él había nombrado comenzaron a ser sustituidos por españoles traídos desde Cuba y Puerto Rico. 
El mayor revés lo registró Santana con los militares que le habían sido leales, los cuales en su mayoría no fueron aceptados como miembros del Ejército Español pues sus hojas de servicio fueron consideradas deficientes.  
Con la población civil también hubo problemas .  “Tan pronto como los españoles llegaron a Santo Domingo descubrieron que el pueblo que ellos venían a gobernar no era tan hispánico como les habían asegurado pues la población en su mayoría era de color y sus costumbres habían diferido enormemente de las españolas después de varios siglos de aislamiento y, lo que era más decisivo, después de 22 años de convivencia con los haitianos y de otros 17 años de vida independiente.  De buenas a primeras las diferencias entre los soldados españoles y  la población dominicana empezaron a manifestarse.  Algunas de esas diferencias fueron graves desde el principio mismo de la anexión, en especial aquellas que tenían que ver con la raza y el color de dominicanos.  Este fue un tema de constante conversación entre todo el mundo pues los españoles ofendían constantemente a los dominicanos haciéndoles ver que en Cuba y en Puerto Rico ellos serían esclavos y tratándolos con evidente actitud de  superioridad, cosa ésta que tuvo sus efectos incluso entre los mismos dominicanos, pues los más blancos empezaron a alejarse del trato de sus amigos de color, para no correr el riesgo de ser asimilados a ellos o considerados inferiores por los españoles que ahora gobernaban”. (Manual de Historia Dominicana, de Frank Moya Pons).
También hubo problemas:
a) Con los comerciantes, porque el nuevo gobierno se negó a amortizar el papel moneda, como les había prometido Santana y les obligó a pagar altos impuestos por las mercancías que adquirían no provenientes de España.
b) Con los campesinos, porque los soldados españoles les incautaban constantemente sus animales de carga.
c) Con muchas familias, porque el nuevo arzobispo, Bienvenido de Mozón, les comenzó a obligar que contrajeran matrimonio.
d) Con el clero dominicano, porque el mismo Arzobispo les prohibió que simultáneamente fueran masones y les autorizó a retener sólo 50 pesos mensuales para sus gastos.
Estallido de la rebelión
Por estas y otras cosas, la rebelión estalló a principios de febrero del 1862 y dio paso a una guerra que duró casi dos años, durante los cuales los dominicanos de las distintas regiones fueron levantándose consecutivamente y demostraron una increíble sagacidad, pues como se enfrentaban a un ejército numeroso y bien armado, optaron por la “guerra de guerrillas”, fundamentalmente en los campos de la línea Noroeste, contando con la colaboración de Geffrard, el entonces presidente de Haití. 
“La guerra se convirtió así en una pesadilla para los españoles, que en ningún momento encontraban un enemigo compacto y visible que se les enfrentara, con excepción de aquellos puntos como El Sillón de la Viuda, que era el paso hacia el Cibao, en donde desde el principio el Gobierno Restaurador destacó fuerzas permanentes al mando de Gregorio Luperón, primero, y del mismo Presidente Salcedo, después, con el encargo de cerrarle el camino a las tropas de Santana que desde Monte Plata y Guanuma querían vencer su resistencia para invadir el valle del Cibao”. (Moya Pons).
Un factor que favoreció a los dominicanos es que los españoles no se adaptaron nunca al clima dominicano y comenzaron a padecer enfermedades. “Las diarreas, los vómitos y las fiebres producidas por las aguas infectadas y los mosquitos, además del rámpano, les fue restando a los españoles alrededor de 1,500 soldados mensualmente que, tan pronto caían enfermos, tenían que ser enviados a los hospitales de Puerto Rico y Cuba para que no murieran en Santo Domingo”.
Muy pronto España se convenció que era imposible continuar esta guerra,  ya que los dominicanos mayoritariamente se habían rebelado y estaban demostrando más destreza, valor y superioridad. A pesar de ser un pueblo débil, pobre y "mal comío", estos últimos duraron luchando dos años durante los cuales provocaron a España más de diez mil bajas  y unos 33 millones de pesos (de aquella época) en pérdidas.
El 3 de marzo de 1865 la Reina de España se vió obligada a derogar la anexión.  El 10 de julio, un día como hoy, los militares de este país comenzaron a salir masivamente del territorio dominicano
Es así como la Guerra de la Restauración fue una de las jornadas más bellas y patrióticas, en razón de que por primera vez, en forma unánime y organizada, los dominicanos se enfrentaron a un imperio y, a pesar del enorme poderío de éste, lograron vencerlo haciendo galas de la estrofa del Himno Nacional que reza:
¡Salve! el pueblo que, intrépido y fuerte,
A la guerra a morir se lanzó,
Cuando en bélico reto de muerte
Sus cadenas de esclavo rompió.
La gesta tiene un enorme significado. Es, posiblemente, es la mejor demostración que los dominicanos hemos dado de que es cierta aquella máxima que dice:  “Un pueblo unido, jamás será vencido!!”. 

Proyecto de destrucción de nuestros símbolos nacionales
Por ALEX FERRERAS
En abril de 2004, días antes de un aniversario más de la Guerra de Abril de 1965, el comandante Ramón Montes Arache, por oscuras razones que desconocemos, denostó y enlodó la memoria histórica de Caamaño en un programa televisivo dirigido por la señora Consuelo Despradel.
El antiguo jefe de los Guardias Ranas afirmó en aquel entonces que el héroe nacional no tenía capacidad intelectual para gobernar, haciendo las veces, con tan desdichado estribillo, de caja de resonancia de sus detractores.
Incluso, hasta llegó al grado de insinuar la idea de que este había sido cobarde cuando se asiló, por agotamiento, en la embajada de El Salvador.
Es dentro de esa misma línea de franca destrucción de nuestros símbolos patrios que se inscriben las recientes declaraciones en el periódico “Hoy” del denominado “Comandos de la Resistencia” al afirmar, entre varias otras, que el Coronel de Abril iba a los campamentos de entrenamiento guerrillero en Cuba ‘de visita de médico’, que era débil por las faldas y entregado a la bebida, defectos, si los tuvo, que no viene al caso traerlo a cuento en este punto del tiempo, ni rebajan, sin embargo, su dimensión de héroe nacional.
Tamaños intentos de canibalizar los modelos históricos dominicanos en la persona de Caamaño tienen sus antecedentes a su vez en las de nuestros héroes y próceres del pasado lejano, en los cuales a los Padres de la Patria se les ha considerado “un mito”, y entre ellos, a Duarte, se le pinta como “débil de carácter”, a Luperón, como “curandero”, entre otras bajezas humanas.
Los Estados Unidos –digámoslo con todas las letras– jamás nos perdonarán la valentía de haberlos enfrentado en el conflicto bélico civil y patrio de Abril de 1965, en el que si no ganamos la guerra, tampoco la perdimos.
De ahí nos ganamos el calificativo de “El David del Caribe”, y “los Espartanos de América”, la República Dominicana, un país diminuto que se atrevió a hacerle frente, una hazaña que tuvo como precedente las Gestas Restauradoras en el siglo XIX, donde libramos otra guerra –que tampoco perdimos– esa vez contra España, una superpotencia de la época.
Otro imperio, desigual en el número de soldados y armas que también vencimos en nuestras luchas libertarias, fue Haití. No obstante, historiadores y otros estudiosos interesados de este lado de la isla, en un revisionismo que responde más a una agenda internacionalista, y esta vez confucionista y posmoderna, que a la realidad de los acontecimientos que se dieron entre ese territorio y nuestro país, han manipulado y tergiversado la verdad histórica en orden a sus intereses.
En otras palabras, detrás de semejante proyecto canibalizador de la dignidad nacional se esconden el país más poderoso del mundo y otras potencias, así como grandes grupos de poder criollo, que al parecer se proponen borrar los valores patrios de la conciencia colectiva del dominicano.
Sería con esa maniobra en mente que intentarían inficionar la unidad y moral en los más destacados integrantes del movimiento constitucionalista de 1965.
El periodista y escritor Roberto Marcallé Abreu descubrió un detalle inédito en la historia reciente dominicana, el cual consiste en el tanque Sherman estadounidense que mordió con sus metálicas ruedas la parte frontal de la Puerta del Conde —y del cual se registran imágenes–, una vez finalizada la Guerra de Abril, un símbolo de humillación, en el tiempo, al orgullo de todos los dominicanos.
“Testigo es el mundo de la lucha que libramos, del coraje y la valentía de ese pueblo en el terreno del honor y en el campo de batalla”, reza una de las frases memorables del discurso del presidente Caamaño en su entrega del mandato presidencial al Congreso en septiembre de 1965; solo que, el Coronel de Abril y Caracoles, jamás pudo haberse imaginado que la aureola de su lucha titánica iba a ser mancillada varios decenios después por antiguos compañeros de guerrillas en Cuba, que en lugar de sacar un balance digno y sereno del ideal que en una ocasión los uniera –dejando de lado las mezquindades humanas– han terminado canibalizando su memoria histórica.

Publicar un comentario

0 Comentarios