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OPINIONES



la cuenta regresiva de la clase media
Por ROBERTO MARCALLE ABREU
Días atrás, una persona a la que respeto por su espíritu de trabajo, me confesó la decisión de vender su apartamento –que compró hace varios años- debido a que uno de sus hijos entraba a la Universidad “y, sencillamente”, fueron sus palabras, “no podré costearle los estudios con mis actuales posibilidades”.
Una señora me explicó que vive en un estado de ausencia permanente.
“Todo se me olvida. Cuando no estoy distraída me siento terriblemente preocupada”. Un abogado me expresó haberse visto forzado a vender su vehículo, una camioneta pequeña con varios años encima. “No pude resistir los gastos de reparación”.
Hablamos de personas que tienen a sus espaldas toda una vida de trabajo. Quien vendía el apartamento resumió su situación en estos términos: “He iniciado mi cuenta regresiva”.
Como la “clase media” no posee voceros –a diferencia de los pobres y los ricos- su realidad de progresivo deterioro no es objeto de atención. Un segmento poblacional, considerado fundamental para la estabilidad social, desaparece o se reduce.
Este sector fue, durante muchos años, protagonista de la transformación positiva de la vida nacional. Solo que las condiciones eran distintas.
En los últimos veinte años, el costo de la vida ha alcanzado niveles insospechados. Los precios de la educación, de los alimentos, de las medicinas, de las diversiones, de la ropa, de los automóviles, de los cuidados médicos, de los libros, de los viajes, de los combustibles, repuestos y lubricantes resultan prohibitivos. Por favor, no me vengan con “estadísticas”.
Sueños que se alimentaron en el pasado, de acrecentar y vigorizar esa clase, han caído en el vacío. Y esto no es pura casualidad, sino que es consecuencia de un ejercicio público histórico cuestionable que ha proyectado sus miras primero en enriquecerse, y después, en crear y aplicar medidas encaminadas a hacer a los ricos cada vez más poderosos.
El clientelismo y el paternalismo hacia los desposeídos han tenido como meta –no lograda del todo- la de evitar la ingobernabilidad, la rebeldía y la insurgencia.
Esta es la estricta verdad: De una realidad de dinamismo e iniciativas loables, nuestra “clase media” se ha degradado en un sector que se desvive para pagar los gastos imposibles de la existencia, utilizando los financiamientos a corto plazo de las tarjetas de crédito, endeudándose de manera ilimitada, agotándose en múltiples empleos, limitándose hasta más no poder y casi pasando vergüenza para no caer en la pobreza evidente. Mientras, los favorecidos del “nuevo estado de cosas”, hacen ostentación de su opulencia.
Los sueños, ideas, prácticas y actitudes de nuestra dirigencia política y social en la que predominaba el consenso en torno a la necesidad de desarrollar esa clase media, pertenecen al pasado.
La “renta pública”, tiene muy específicos beneficiarios. Esta “clase media” es ahora, como concepto, una antigualla en vías de su absoluta y definitiva desaparición.

Los paradigmas y el crimen de Bayaguana
Por ANDRES L. MATEO
Los políticos oficialistas, y de otros litorales, se están desgarrando las vestiduras con motivo del asesinato del regidor del PLD, en el Ayuntamiento de Bayaguana, Renato de Js. Castillo; mandado a matar por el alcalde de su propio partido Nelson Osvaldo Sosa Marte, según las investigaciones de la Policía Nacional. El asesinato de este regidor es el primer sicariato político propiamente dicho, y el nivel de alarma se corresponde con el máximo efluvio de degradación alcanzado en la sociedad dominicana.
Pero las sociedades son un sistema en el cual todos se relacionan. No hay una sola manifestación en el orden social que sea un hecho aislado. Es de esta interrelación sistémica que nace el valor de paradigma. Un paradigma es un modelo, algo ejemplar, imitable. Es por eso que la vida de los grandes personajes se pregona modélica, y los triunfadores sociales son imitados. Es por eso que la vida de los artistas encandila en su trivialidad y se arman novelones sobre lo que hacen. Un líder, un dirigente político, un guía espiritual, un maestro; cualquiera de los rangos sociales que modelan el éxito en la vida de la comunidad es un paradigma.
¿Por qué la sociedad dominicana de hoy está petrificada ante el desborde de la delincuencia y la corrupción, y se ve impotente, cercada, intimidada por la indetenible espiral de los hechos dolosos?
Simplemente porque la construcción de los paradigmas sociales legitima la corrupción y el delito. Aún contra su voluntad, los dirigentes políticos encarnan paradigmas, y su proceder en la sociedad es un referente. Es en la interactuación social donde se gestan el valor y las dimensiones valorativas de la realidad. Por eso, si el paradigma social exitoso excusa la corrupción por la proporción de la jugada política, los antivalores son una carta de triunfo. ¿Quiénes son los “triunfadores”, los exitosos, los que han hecho fortunas millonarias y se pasean en aviones, barcos y helicópteros? ¿Quiénes han logrado un nivel inimaginable de acumulación originaria de capital, que conforman fortunas obscenas, inconmensurables y demenciales, a costa del despojo del erario y la miseria colectiva? ¿No se empina la impunidad sobre el más despreciable paradigma de la práctica política en nuestro país?
Ellos mismos, los dirigentes políticos oficialistas que se desgarran las vestiduras, son paradigmas fallidos que estimulan y legitiman el delito, el crimen. Se puede afirmar que la sociedad dominicana está organizada de tal manera que ser corrupto es como lógico, natural y hasta comprensible. Por ello no hay sinceridad en esos rostros de “los compañeros de partido” preocupados por el crimen de Bayaguana, sino lisura de la ambigüedad aterradora entre lo que dicen en la tribuna y en las declaraciones de prensa, y lo que esta sociedad cosecha de la forma como los dirigentes han fracasado en organizarla, y de los valores con los que, en rigor, actúan. Porque es suficiente, desde el punto de vista de los valores, que los paradigmas sociales aspiren para que el resto de la sociedad aspire a experimentar lo mismo. Es igual lo que se cuece en los ayuntamientos a lo que se reproduce como verdolaga en la cúspide de las otras instituciones públicas. ¿Qué es el “barrilito” o el “cofrecito” de diputados y senadores, sino corrupción legitimada? ¿Se pueden justificar esas riquezas asombrosas de los “compañeritos” que ayer eran humildes pequeños burgueses?
En mi artículo “La inflación moral del país”, publicado en esta columna hace tres semanas, yo decía lo siguiente: “Fue el fenómeno de la corrupción el que transformó la naturaleza de clase de la pequeña burguesía del PLD, abriéndose con la movilidad social unos apetitos cuya ausencia de límites ha borrado cualquier escrúpulo ético”. Eso que escribí en mi columna hace unos días es la causa eficiente del crimen de Bayaguana. ¡Oh, Juan Bosch!

Charles Rangel: una afrenta a Martin L King
Por MIGUEL ESPAILLAT GRULLON
Los negros, por ser negros y pobres, pertenecen a una de las etnias que más han sufrido por discriminación en el mundo, aunque se puede alegar que los judíos no son negros y también han sido objeto de atroces sufrimientos por racismo.
No obstante, en el caso de negros, sus padecimientos tienen su raíz en el hecho de ser negros. Por esa condición, considerados no humanos, millones de ellos fueron arrancados violentamente de sus tierras nativas y trasladados encadenados a lugares distantes de donde jamás regresarían a juntarse con los suyos en el lar en que nacieron. Ellos, por la negritud del corazón de millones de blancos, que en vez de humanos se comportaron como bestias, fueron sometidos a la esclavitud, un hecho deleznable, que deshonra la historia del género humano.
Por parte de los blancos aludidos, los negros supieron del látigo en sus espaldas, de la horca, de salvajes mutilaciones, de la vida en sucias barracas, de violaciones… Ellos conocieron de la muerte por destazamiento, como también por el hambre y enfermedades y por causa del trabajo forzado en calores excesivos o en duros inviernos. Su mundo fue de lágrimas, de penalidades, de profundos dolores, de tristezas y depresiones infinitas. Ellos conocieron la muerte con la vida misma. 
La historia de los negros traídos forzosamente a la Hispaniola y sus descendientes, tienen la misma historia de crueldad y abusos, que la de los negros esclavizados en los campos algodoneros del sur de los Estados Unidos. Esas crueldades son tantas, que para leer sus relatos, hay que tener buen estómago para terminarlas. Resulta demoledor para el espíritu, saber sobre todas esas inhumanidades de unos hombres, contra otros hombres, motivadas por la diferencia del color de la piel y por conseguir riquezas y poder. 
Esta historia es tan cierta, que todavía en el tiempo actual, encontramos que parte de las aberraciones esclavistas de antaño, tienen sus modalidades de uso en el presente. Miles de negros, descendientes de los esclavos aludidos y que fueron traídos a Quisqueya del vecino Haití contratados por el gobierno como braceros y luego dejados a su suerte terminada la zafra, les ha tocado la penosa vida de semi-esclavitud en los campos de caña de la Republica Dominicana, donde han gastado sus vidas miserablemente enriqueciendo al Estado y a una clase perversa y egoísta con la plusvalía de sus trabajos.
A esa gente explotada, vejada, discriminada, ignorada, humillada, privada de sus derechos más elementales, con sus raíces patrias hincadas en esta nación por más de cien años, ahora, de buenas a primera, a unos doscientos cincuenta mil (250 mil) de estos descendientes, descaradamente y sin ninguna pizca de justicia o humanidad, les estamos diciendo lárguense de aquí que ustedes no son dominicanos, con la agravante, de que para que no se vayan con las manos vacías, a miles de ellos, no se les quiere reconocer ni las prestaciones laborales y las pensiones que por ley le corresponden, por más de 50 años de trabajo semi-esclavo ininterrumpido.
Esa injusticia, se ha querido justificar con una aberración jurídica conocida como Sentencia 0168/13. La misma consta de dos partes, pero que malévolamente se ha obrado para que solamente se hable de una parte y se proceda en consecuencia.
Todos los dominicanos conscientes, absolutamente todos, estamos con la parte de esa pieza jurídica que estatuye la regulación migratoria, la cual no se ha hecho efectiva, porque las sucesivas direcciones de la Dirección General de Migración, no ha hecho su trabajo al efecto del cumplimiento de las leyes migratorias del país junto a los militares responsables del control fronterizo, cuyas acciones la margen de ley, han devenido a ser para ambos sectores y otros, una fuente importante de enriquecimiento ilícito.
En este contexto, la perversidad se hace carne, cuando a despecho de la justicia, queremos en base a la sentencia aludida quitarle la nacionalidad a unos doscientos cincuenta mil (250 mil) dominicanos de ascendencia haitiana, que constitucionalmente, por leyes sustantivas y por justicia les corresponden, invocando para esa negativa, mil mentiras, rayanas en canalladas, suciesas e ignominias. 
Para una persona con sentido de la justicia y sentido común, es tan sencillo comprender que la sentencia en cuestión consta de dos partes, pero que maliciosamente se la ha reducido a una (regularización), con el fin de golpear a unos pobres negros que también son vulnerables e indefensos y desprotegidos negros pobres. Ver tanta maldad en el corazón de quienes ofuscado o ignorantes o sencillamente racistas, soslayan la injusta parte de la desnacionalización, es algo verdaderamente decepcionante para quienes sabemos toda la infamia que hay detrás de toda esa tergiversación y en esos afanes nacionalistas de periodistas y abogados a sueldos y de gente como los Vincho y el cardenal López Rodríguez protector este ultimo de pederastas y cómplice en el grado de padrino, de los que de manera descarada se han hecho millonarios robando del erario y con la mano de obra barata que le proporciona la inmigración haitiana.
A esta situación descrita, para hacerla más inmunda viene a sumársele la conducta oportunista del congresista Charles Rangel. 
Inicialmente, cuando salió la sentencia en cuestión, él la repudió con toda su alma, porque en esa ocasión él vio la injustica que se cometía con la desnacionalización de gente negra y pobre, paradójicamente de su mismo origen étnico. 
Pero sucedió, que después al calor de sus intereses personales, cambió radicalmente de parecer. Cuando se dio cuenta que esa defensa a una causa justa le podía restar votos, entonces se viró y lo que antes era injusto, devino a ser justo, o sea, desnacionalizar a sus parientes étnicos, lo que equivale a dejarlos en un limbo jurídico, sin importarles sus sufrimientos y desgracias, para colocarse al lado de los patrocinadores de esa ignominia, para poder conquistar o retener votos, de una población, floja e ignorante, que aún está a nivel de preferir a Barrabas, que al Cristo.
En pos de sus fines electorales, Rangel vino a la República y negoció con el presidente Danilo su apoyo total a esa sentencia. Lo hizo como un Judas, entregando a sus hermanos negros a lo que quisieran hacer con ellos los apandillados a favor de esa parte de la sentencia, a cambio de apoyo para su elección en las primarias demócratas, en lo que, con su mediación, hasta el black caucus bajó la guardia contra la susodicha desnacionalización, para que la injustica prevalezca sobre la justicia. 
Esa claudicación de Rangel contra los suyos y faltar a su deber de estar al lado de las causas justas y de defender a los más débiles, tan solo para ganar votos, hablan de su degradación espiritual, por lo que viene a ser indigno de la posición que ocupa y del adjetivo de honorable congresista.
Rangel, sabemos, que junto a históricos líderes negros, luchó por los derechos civiles de sus consanguíneos étnicos en aquellas duras décadas de los años cincuenta (50) y sesenta (60) y que fue un opositor a las guerras de Vietnam e Irak, pero la definición de las dimensiones de un hombre no es de como comienza, sino como termina.
Rangel tiene una mansión en la Ramona, una provincia en la República Dominicana, que junto a San Pedro de Macorís, constituyen paradigmas de las injusticias que nos ocupan. Él, que pasa tiempo en esas regiones y que de alguna manera se informa de los infortunios de los negros afectados por la aludida desnacionalización, no puede negar ignorancia del fondo de este asunto, que para más perversidad, se ha hecho con efecto retroactivo. Tampoco él puede ignorar los miles de trabajadores, que allí, ya viejos, enfermos y hambrientos saben de la muerte en vida, porque la inhumanidad de sus asociados en esta cruzada racista, les niegan hasta sus miserables pensiones. Estos hechos Rangel no puede alegar que los desconoce porque las manifestaciones de esta gente reclamando sus derechos, se hacen de día y en plena vía pública y además, son difundidas a nivel mundial. 
Que este casi nonagenario congresista termine sus años haciéndose cómplice de la denegación de los derechos de doscientos cincuenta mil (250 mil) seres humanos en necesidad de justicia, entra en abierta contradicción con sus luchas anteriores, lo que indica claramente una involución de su persona, lo que constituye además, una afrenta a gente como Dred Scott, Frederick Douglass, Malcolm X y Martin Luther King entre otros grandes de esta estirpe, quienes de manera apostólica lucharon por los derechos civiles de sus hermanos negros a riesgo de sus propias vidas.
De estos hombres con Historia de héroes, estoy más que seguro, que ellos jamás, hubiesen claudicado y comprometido sus principios e ideales, contra sus hermanos negros, tan solo para obtener a cambio un beneficio electorero personal en concordancia con gente y poderes ruines y amorales.
Esta conducta discordante del congresista Rangel, nos descubren claramente, que él escogió al final de sus días, hacer de este mundo su reino, olvidando los sacrificios y compromisos exigidos por el reinado de Dios y su justicia, para poder heredar el reino de los cielos. Rangel prefirió hacer sus tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan y donde el alma, se pierde por consecuencia del amor a los tesoros terrenales. 
Si el congresista Adriano Espaillat perdió las elecciones primarias de su partido frente a este contrincante, porque al decir de algunos se opuso a la parte de la sentencia 0168/13 que comete la injusticia de desnacionalizar a dominicanos de ascendencia haitiana, si es así, ¡salve a ti Adriano Espaillat! . Tú hiciste lo correcto y justo. Tú, por este hecho, trascenderás, porque la gloria eterna sólo se gana, si salimos victoriosos de las pruebas de la vida, al hacer que prevalezcan la justicia y el amor por sobre todo. De esto sabe el Cristo, Martin Luther King y nuestro Juan Pablo Duarte y los que esperan ser redimidos, por los hombres de esta saga.
Posdata…sigo sin entender, por qué mucha gente no entiende la posición de los que estamos de total acuerdo con la regularización, más no así con la desnacionalización, ¿Por qué es tan difícil de comprender algo tan sencillo?

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