El PLD y su “España boba”
Por FRANCISCO S. CRUZ
El veto o la observación presidencial a la ley que pretendía declarar Loma Miranda Parque Nacional además de marcar un antes y un después en el ritmo de aceptación pública del gobierno, ha puesto de manifiesto hasta donde el PLD, como partido de gobierno, está viviendo una suerte de “España boba” que lo ha relegado a simple espectador del accionar político-jerárquico de su Comité Político y, en menor medida, de las aspiraciones continuistas de sus legisladores y de la campaña presidencial –a destiempo- de sus líderes. ¡Vaya frenesí¡
Agrava aún más la situación dos desfases orgánicos: no existe –y desde hace mucho tiempo- una secretaría general efectiva y en cumplimiento cabal de su rol orgánico-estatutario y, por vía de consecuencia, la relación partido-Gobierno ha devenido prácticamente en una relación univoca: Comité Político-Gobierno.
Y mientras la agenda del país y del gobierno se debate entre Loma Miranda, Bahía de las Águilas, el antaño problema eléctrico, el fenómeno de la migración y sus bemoles (ley 168-13 y 169-14), la erradicación del analfabetismo, la agenda social y la reactivación del sector agropecuario nacional; el PLD, como partido de gobierno, se debate en seminarios y talleres sobre Historia, Declaración de principios, aspectos ético-doctrinarios (¿o física quántica?), cuadros olvidados, acumulación de demandas y compromisos partidarios (estos dos últimos aspectos los agrego yo, porque en verdad nadie lo quiere tratar –o digámoslo mas clar ¡son malas palabras en oídos jerárquicos!), etc., y los resultados de un VIII Congreso que nadie sabe, a ciencia cierta, qué se aprobó.
Precisamente, es a ese desfase político-orgánico-institucional al que llamo“España boba”. Un proceso de desfase que, en su aspecto orgánico-institucional, le ha hecho mucho daño al PLD y que erróneamente se asocia y se justifica con la masificación o paso de partido de cuadros ha partido de masas. Craso error pues el Comité Político del PLD ha sido, en su composición de nombres y figuras, prácticamente el mismo –de cuadros- desde hace veinte o veinticinco años (con el agravante de que desde el 2005 no son refrendados en votaciones); pero además, esos mismos miembros y figuras –con todos sus méritos y trayectorias partidarias que no discuto-, han ocupado, en los gobierno del PLD, los ministerios y cargos de mayor relevancia en el organigrama estatal. ¿De quién es la culpa, pues?
La otra excusa-justificación, ha sido que el partido está en el poder y ello ha obligado a ir posponiendo los procesos y los relevos. Al respecto, la cura estatutaria la dejó Juan Bosch: el que ocupe una posición de jerarquía en el partido no puede ocupar otra de jerarquía en el gobierno, con la excepción de puestos legislativos (creo era el principio-espíritu de aquella cláusula estatutaria). Demás esta decir que esa cláusula estatutaria fue abolida. O quizás, valga mencionar aquí –para ser más gráfico- lo que se coló-dijo un ex Presidente de Chile –frente a una connotada comisión-visita: si todos son ministros –los del CP-, ¿quién cuida el partido? Y de paso, le explicó como ellos –el partido socialista chileno- lo resolvía: quien fue ministro en un cuatrienio, en el próximo, va al partido.
Por ello y ante esos desfases políticos-orgánicos-institucionales, he planteado que el PLD (mi partido) necesita urgentemente un relanzamiento en tres líneas: a) redefinición de su relación partido-Gobierno (entre otros asuntos: ¡un canal efectivo para elevar demandadas sentidas de los organismos nacionales-seccionales); B) apropiación política-técnica-científica del debate de la agenda nacional, y ello implica, la obligación orgánica del conocimiento y estudio de esa agenda a nivel de su Comité Central que deberá exigir a los demás organismos sus opiniones, observaciones y sugerencias, para luego, elevar-instruir al Comité Político su implementación y defensa en el día a día del quehacer político nacional; y c) la definición y coordinación de una línea de defensa del gobierno que sea sistemática, oportuna e informada.
Sin embargo, la “España boba” del PLD no terminará si seguimos no pensando el partido (entendido como aquel arquetipo de organización política que Juan Bosch pensó), sin secretaría general que funcione adecuadamente, sin relación clásica partido-Gobierno, sin agotar ni asumir los procesos y los relevos internos, sin debatir orgánicamente la agenda nacional, y mucho menos, sin definir una línea de defensa, consensuada e informada, a favor del gobierno que ahora encabeza el Presidente Danilo Medina.
En otras palabras, si no hacemos una ruptura orgánica-doctrinaria con estos desfases, mucho me temo que podamos seguir gobernando hasta el 2044 (que siempre que sea vía elecciones libres y transparentes, e independientemente de asombro y criticas de adversarios o de intelectuales-políticos, es una aspiración genuina y natural de todo partido político en Francia, en Inglaterra o en la China), y más, si no olvidamos –¡ni por un instante!- que como partido político, en el 2012, y si no me equivoco, perdimos en 28 provincias, y en casi todas las seccionales.
Y no es que quiera –con esta perorata- llamar al diablo, pero tampoco, es saludable, hacer como el avestruz. ¿O me equivoco?
¿Traidores indiscretos en el PLD?
Por EUCLIDES GUTIERREZ FELIX
Desde hace aproximadamente treinta años, en el programa de la Revista 110, que Julio Hazim producía en el canal 4 de televisión, o Radiotelevisión Dominicana, como realmente debe llamarse esa emisora del Estado, acompañado de Consuelo Despradel y de Machi Constant, el autor de esta columna denunció el proyecto de la unificación de la Isla de Santo Domingo, habitada por los haitianos y el pueblo dominicano, para constituir un estado binacional, que debía servir para controlar de manera absoluta, la emigración de los haitianos a otros países del continente Americano y Europa, particularmente Estados Unidos, Canadá y Francia.
Ese proyecto agresivo, infame, se puso en ejecución inmediatamente después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina. Recibimos en diferentes oportunidades el reconocimiento del doctor Joaquín Balaguer, quien nos dijo que “solamente tú, tienes el valor para realizar esa denuncia, que se corresponde absolutamente con la verdad”.
Desde entonces, no hemos dejado de denunciar y de profundizar con datos irrefutables ese plan, financiado con millones de dólares por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y Francia; más lejos aún, escribimos un ensayo con el título de “Haití, y la República Dominicana: Un Origen y Dos Destinos”, que próximamente, editaremos en su tercera edición, en cuyo texto se aportan documentos de una seriedad absoluta que explican lo que realmente en los últimos sesenta años ha pasado en ese conglomerado humano, como decía Juan Bosch, que es llamado cómica y trágicamente, el Estado haitiano o la República de Haití.
Ahora, en estos momentos, más que nunca, ese proyecto de unificación que desconoce la soberanía de la nación dominicana, ha entrado en su etapa más agresiva y difícil, que solamente un gobierno con la responsabilidad y el valor necesario, puede abortar o hacer fracasar.
Esa responsabilidad la tiene sobre sus hombros, el Partido de la Liberación Dominicana, que fue fundado por Juan Bosch, en el 1973, profundamente preocupado por el giro que ya habían dado los acontecimientos y el camino peligroso y lleno de vicisitudes que había comenzado a recorrer nuestro pueblo.
¡Qué visionario era Juan Bosch!, y que frontal era en las posiciones que asumía, siempre en defensa de los intereses de la nación dominicana que tantos sacrificios, sufrimientos y vidas humanas, han costado para mantenerla unificada, organizada y productiva. ¡Cuidado, mucho cuidado! En nuestra conducta y nuestro comportamiento, como miembros militantes y dirigentes del PLD; y llamamos la atención, en ese sentido, porque ya han aparecido en las filas y en los organismos de la más alta dirección, como el Comité Político, traidores, indiscretos y mentirosos; lo afirmamos con la responsabilidad que ha caracterizado todos los actos de nuestra vida.
Traidores, que informan a periodistas pseudo-columnistas y comentaristas, quienes fueron desde hace años, enemigos irrespetuosos de Juan Bosch, convertidos ahora en simples chantajistas, todo lo que sucede no solamente en las reuniones del Comité Político, sino también, en los encuentros amigables que realizamos los que hemos militado coherentemente y sin miedo en las filas de nuestro partido.
¡Cuidado, mucho cuidado!, no caben dos PRD en la vida nacional y sin el PLD, como lo concibió, fundó y organizó Juan Bosch, la patria dominicana no puede existir
Lecciones de un fracaso histórico
Por MANUEL NÚÑEZ
Después de más de sesenta años de un pésimo desenvolvimiento económico y social, han llegado a territorio haitiano algunos vendedores de milagros. Tras las diversas conferencias internacionales para llevar a cabo la reconstrucción de ese país luego de la catástrofe del 2010, se implantaron en esa nación dos jefaturas:
1. El Gobierno de Martellly-Lamothe que mantiene formalmente la representación de un Estado inexistente;
2. El Gobierno Clinton-Bellerive que tenía a su cargo la reconstrucción de las infraestructuras: Palacio Nacional, Ministerios, poblaciones arrasadas. Ninguno de los dos ha desplegado una estrategia de recuperación. Las infraestructuras brillan por su ausencia. La salud pública sigue en desorden, apenas cubre el 10% de la población; la educación pública llega coberturas mínimas que rondan un 12%. Los empleos de la reconstrucción; las grandes inversiones prometidas en las conferencias de donantes que se calcularon en 10.000 millones de dólares se han desvanecido.
Una vez concluida la recaudación de la ayuda internacional, los responsables del Gobierno no sabían por dónde empezar. Estaban perplejos. Se vivió en las contradicciones de la boda del piojo y la pulga. Cuando no falta el vino, falta el padrino… De poco sirve el pensamiento racional de las eminencias grises como Paul Collier, Jeffrey Sachs o Muhamed Yunus. Todos presuponen que a los haitianos les interesa recuperar su país, que se levantarán de las cenizas de la destrucción como se levantó Alemania, tras el paisaje de tierra arrasada dejado por la Segunda Guerra Mundial.
· El primer error garrafal es la creencia de que los haitianos están comprometidos con la recuperación de su territorio. Ni sus dirigentes económicos ni su clase política se hallan dispuestos a pagar el precio de semejante empresa. Ambos consideran que el esfuerzo es demasiado grande. Para estos, la solución de Haití se halla en colonizar a la República Dominicana. Una vez que la idea toma cuerpo, toda la maquinaria diplomática haitiana, en conciliábulo con las ONG que viven de la miseria de esta población , con los organismos internacionales que no han hallado una salida tras diez años de ocupación militar de la MINUSTAH, se proponen, entonces, desmantelar el proyecto nacional dominicano. En esa tarea han asociado a un grupo de dominicanos traidores al ideario del fundador de la República, peones del intervencionismo internacional.
·Hay, desde luego, otras figuras relevantes que siguen creyendo en la solución haitiana. Pero no saben por dónde empezar. ¿Cuál es la prioridad de esa nación se han preguntado los más eminentes expertos del mundo?
1. Unos dicen que la recuperación económica. Convertir a ese país en una gran zona franca internacional, aprovechando los beneficios de la Ley Hope II. Muy bien. Pero hay obstáculos insalvables. No hay infraestructuras. No hay carreteras; el costo de kilovatio/hora supera los 19 centavos del dólar; no existe un catastro que proteja el derecho de propiedad de los inversionistas. La corrupción de los funcionarios impone un papeleo gigantesco, demencial, capaz de exterminar la paciencia de Job. Y, ¿cómo darle empleo al 70% de todas las personas en edad de trabajar? Porque este país, además, de ser el Estado más pobre del continente; entre los Estados fallidos se lleva las palmas en desempleo. (Foreing Policy, )
Por otra parte, el Gobierno Clinton-Bellerive ha tenido pocos resultados. No hay proyectos claros. Las soluciones económicas no rebasan el asistencialismo. Al final, el país no puede andar con sus propias fuerzas. El plan económico tropieza y se estanca. Desde luego, la solución no es meramente económica. Y, en lo que el hacha va y viene, ¿qué hacer con la degradación del medio ambiente?
Haití consume seis millones de metros cúbicos de madera por año, para mantener el fuego de sus cocinas. En 1949, el país tenía una cobertura boscosa de un 15%; hoy, se ha reducido a menos del 1%, según la FAO. Sus necesidades se han trasladado a los parques nacionales de la República Dominicana. Algunos optimistas, proclaman que hay que buscar petróleo. Que en Haití hay minas gigantescas. Y ya hay una buena cáfila de aventureros que se han adueñado de las concesiones. Pero todas las esperanzas están centradas en las ilusiones del que tiene un billete de lotería premiado. Por el momento, no hay recursos naturales para financiar el despegue del país. Su mayor recurso son sus muertos. Los aplastados por el terremoto, los muertos del cólera. Son ellos los que pueden golpear la conciencia del mundo, y hacer llegar la ayuda internacional. El empleo constante de la victimización sustituye la responsabilidad de los dirigentes políticos. Sin embargo, la recuperación económica de ese país ha fracasado radicalmente. Desde hace cuarenta años el Producto Bruto Interno de ese país va en caída libre. La riqueza disminuye; la población va en crecimiento galopante; el 56% de la población vive con menos de un dólar; la destrucción el medio ambiente continúa; no hay progresos apreciables. Todos los esfuerzos económicos han sido insuficientes, ¡y no puede pensarse que la MINUSTAH se mantendrá en ese territorio per secoula secolorum! (para toda la vida). En algún momento, habrá que traspasarle esa responsabilidad internacional a los haitianos. ¿Cómo?, ¿cuándo?
·Shlomo Ben Amí, ex canciller de Israel, ha planteado que la prioridad es la construcción del Estado haitiano. ( “Haiti´s State Building Challenge”, 3/6/10, P.S). La creación de un Estado que saque a ese país de una mentalidad de asistidos sociales, que lo rescate del aislamiento político, del infantilismo colectivo. Que cree las condiciones económicas para recaudar impuestos, fomentar la riqueza y proveer a la población de los servicios de educación, salud y seguridad. Que obre como un miembro activo de la comunidad internacional. Que restablezca el polo de autoridad que antes encarnaba el Ejército, y que ahora se halla en manos de la MINUSTAH.
¿Cómo se construye un Estado? Tras la Segunda Guerra Mundial , las Naciones Unidas apoyaron el proceso de descolonización de África y de Asía e intervinieron en la creación de muchos Estados. Al momento de fundarse el máximo representante de la Comunidad Internacional, había unos 70 Estados; hoy la organización incluye 198 Estados. Hay, pues, sobrada experiencia para llevar a cabo una solución que no les traspase a los dominicanos las fatales consecuencias de la desintegración del Estado haitiano. En la conferencia de Montevideo del 26 de diciembre de 1933 se hallaban descritas las misiones del Estado. 1. Tener control de un territorio deslindado y reconocido;2. Ocuparse de su población y 3. Tener un Gobierno propio, que mantenga relaciones formales con otros Estados. Sobre esas bases debe conducirse la diplomacia dominicana.
Los haitianos han empleado a las poblaciones que se han desplazado a República Dominicana como elemento definitorio de su política exterior, para justificar la aventura de deshacer la soberanía dominicana. Nuestro país no puede transformarse en la tabla de salvación de esa población extranjera, sin al mismo tiempo, correr el riesgo de hundirse.
Poco les importa a los haitianos y a las ONG que promueven su implantación en nuestro país, los males sociales de nuestra población. En esos cálculos se olvida que los dominicanos de esta generación tenemos el compromiso de sacar a nuestros compatriotas del desempleo, de la insalubridad, de la miseria, de la falta de instrucción, de las desigualdades y de la falta de oportunidades.
Tres factores deben observarse para evitar que el colapso del Estado haitiano, una sociedad que no puede gobernarse por sí misma, nos lleve a un abismo de situaciones que creíamos superadas. 1.Que la superficie boscosa de nuestro país no siga siendo plataforma para satisfacer las necesidades haitianas.2, no podemos permitir que la inmigración ilegal, desbordada, destruya todos los progresos del pueblo dominicano. Ninguna nación está obligada a comprometer todas sus conquistas sociales para salvar a otra. 3. Que tampoco puede aceptarse que el derecho al gobierno propio, la soberanía nacional, sea regalada a otro pueblo, destruyendo, de este modo, la cohesión nacional, la unidad esencial del pueblo dominicano. La desgracia ajena no puede ser pretexto para destruir la felicidad nuestra. Estamos en un momento histórico de vida o muerte. Y cuando eso ocurre, no hay que omitir medios para mantener cueste lo que cueste el principio sagrado de la legítima defensa.
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