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OPINIONES:



Todos se abalanzan contra Hipólito
Por JUAN TAVERAS HERNANDEZ
Otra vez “los compadres”, algunos “amigos”, colaboradores y ex colaboradores, ex ministros y hasta ex generales, periodistas y abogados, parecen ponerse de acuerdo en una conjura para impedir que Hipólito Mejía pueda ser candidato presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (¿?) recurriendo a elementos malsanos que en nada contribuyen con la unidad y el fortalecimiento de esa organización política.
Es una trama donde se ha invertido mucho dinero y esfuerzo para desacreditar y maldecir a un líder natural que sólo ha tratado de armar un proyecto político idóneo para enfrentar al todo poderoso Partido de la Liberación Dominicana, dueño de todos los poderes del Estado y con una fortuna enorme fruto de la corrupción, que utilizará para mantenerse en el gobierno.
El ex presidente Mejía no ha estado en campaña. Al contrario, el silencio ha caracterizado su actuación en los últimos meses. Considera –me lo ha dicho muchas veces- que no puede darse el lujo de crearle una crisis a un partido que no ha nacido. “Que lo hagan otros, no yo. Mi responsabilidad es mayor que la de los demás”, sostiene.
En ese sentido ha trabajado como el que más por la unidad y la cohesión del PRM dejando atrás las aspiraciones de los suyos, como la de César Cedeño, por ejemplo, que buscaba la secretaria general y desistió oyendo una petición que en tal sentido le hiciera Hipólito.
(Dije siempre, y lo repito, que fue un error escoger el partido de la familia Abinader y cambiarle el nombre, que era preferible hacer un partido nuevo  saliendo a las calles a recolectar firmas y llenar todos los demás requisitos. Esa sería una acción de masas. Buscaríamos para el reconocimiento más de un millón de firmas. De ese modo el PRM nacía grande y fuerte. Pero no me hicieron caso y ahora pagan las consecuencias)
Hipólito juega limpio siempre. Nunca tiene cartas bajo la manga. Pero sus contrincantes no.  Y suelen tener cartas bajo la manga o marcadas. Ahora le han tendido una conjura para que acepte  un candidato presidencial al PRM mediante un “consenso” o a través de unas encuestas, que, lógicamente, no será él.
En esa trama irrespetuosa y abusiva hay gente que habla de valores y principios democráticos. Pero sus hechos los desmienten. Las cosas que dicen de Hipólito, quienes no deberían decirlas, resultan lastimosas, propias de ingratos. (Los “ingratos no tienen memoria) Gente muy cercana a Luis Abinader anda diciendo vociferando improperios y mentiras en contra del ex presidente, tanto en el país como en el extranjero, como si se tratara de “una línea” política.
Mientras todos se abalanzan contra Hipólito, éste, actúa serenamente y con moderación para no soltar los demonios y provocarle una crisis a un partido que ni siquiera tiene sus organismos elegidos o escogidos. Prefiere no hacerle caso a los insultos de quienes no deberían, por respeto, por amistad y hasta por agradecimiento. (Odio a los desleales)
Si tan seguros están de que “Hipólito es un muerto político”, si tan seguros están de su triunfo tanto en el PRM como en las elecciones del 16, que permitan unas primarias, que dejen que sean las bases las que escojan a sus candidatos. (Hacer lo mismo que Miguel Vargas en el PRD, es una pena)
Si buscan todas las cartas, documentos y declaraciones  de Hipólito Mejía durante los últimos años verán que ha sido coherente exigiendo convención y transparencia porque es la única forma de lograr la unidad y el fortalecimiento, antes del PRD, ahora del PRM.
Yo aseguro que Hipólito no está obsesionado con ser candidato, que tampoco le obnubila volver a la presidencia del país, pero tampoco quiere que se repita la historia del PRD, el PLD, entre otros partidos, donde la democracia interna ha sido secuestrada.
Los que están obsesionados parecen ser otros: los que no quieren primarias, los que no quieren que Hipólito compita en buena lid. Parece que le temen al liderazgo del viejo, al grito de: ¡Llegó Papá!

Robo a la ciudad
Por EDDY OLIVARES ORTEGA
Poco tiempo después de su inauguración, al moderno puente atirantado del río Higuamo de San Pedro de Macorís, le habían robado 9 postes de metal del tendido eléctrico y casi la totalidad de sus equipos de iluminación.
Comprensiblemente indignado un ciudadano que transitaba por el costoso puente (1,338 millones de pesos), frente a los demás pasajeros, reclamó del gobierno la movilización de sus barcos, tanques de guerra y aviones de combate, de ser necesario, para dar con los desaprensivos y recuperar los objetos sustraídos.
Pero, de repente, su discurso fue apagado por otro que, con pasmosa serenidad y conformismo, le preguntó ¿cuáles tú consideras que deben ser atrapados con más premura, los constructores corruptos o aquellos que se roban algunas partes de un puente después de haber sido construido? Los protagonistas del infame robo del puente nunca fueron perseguidos.
Todo había empezado con el robo de los cables del tendido eléctrico y los teléfonos en las avenidas y los puentes, incluido, por supuesto, el emblemático Puente Duarte, que convirtió al país, sorprendente, sin tener minas de ese metal, en un exportador de cobre. La solución irresponsable de las autoridades fue la de desenterrar los cables y subirlos a los postes del tendido eléctrico.
Como producto de que la ciudad está a merced de los nuevos saqueadores urbanos, luego vinieron los robos, impunes, en los monumentos a los héroes.
Ni siquiera los cementerios han escapado de estos incontrolables enemigos de la ciudad. Es tan grave la situación que al sepultar a alguien, para evitar su sustracción, los familiares, dolorosamente, rompen el ataúd. Ni la policía ni el ayuntamiento han hecho nada para impedir esta práctica.
Sin embargo, ninguno de los robos urbanos es tan dañino como el de las tapas de los filtrantes. El deterioro de los automóviles, los accidentes y los daños que sufren los ciudadanos al caer en ellos, son un reflejo de la decadencia de la desprotegida ciudad. Se puede recorrer toda el Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo sin que se encuentre una sola tapa de metal. 
Cuando una sociedad excluye, sin piedad, a los grupos más vulnerables, como ocurre con la nuestra, termina afectada por un cáncer social que los sociólogos Emile Durkheim y Robert Merton, bautizaron con el nombre de anomia, la cual se caracteriza por la degradación de las normas, que dejan de ser respetadas por los individuos, así como por la disociación de los objetivos de la cultura y la imposibilidad que tienen ciertos individuos de acceder a los medios que sirven para obtener los fines establecidos socialmente.
Siguiendo los pasos del sociólogo francés Emile Durkheim, forjador del referido concepto, el constitucionalista y filosofo argentino Carlos Santiago Nino, identificó una serie de conductas que configuran la anomia, tales com a) la forma en que se transita por los espacios públicos; b) la forma en que son cuidados; c) la naturalidad con que se evaden las responsabilidades cívicas, d) la forma en que se contamina el ambiente, y e) la extensión de la corrupción.
Todos los elementos propios de la anomia se encuentran presentes en nuestra sociedad, la cual ha perdido el sosiego y, en consecuencia, ha quedado condenada a sufrir la insoportable ansiedad que produce la desigualdad.

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