Guerra contra el terrorismo y recesión global
Por LEONEL FERNANDEZ - Observatorio Global
En su reciente discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente norteamericano, Barack Obama, volvió a reiterar lo que había estado anunciando desde hacía varias semanas: la formación de una coalición de naciones que busca degradar y destruir las fuerzas del Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS).
Luego de su intervención ante el organismo internacional, el presidente Obama ordenó el bombardeo aéreo, por parte de la coalición, sobre las áreas ocupadas por el grupo terrorista del Estado Islámico en Iraq y Siria y advirtió que la acción militar, para enfrentar el terrorismo en la zona, se prolongará en el tiempo.
Ante ese anuncio del ejecutivo norteamericano, de que la guerra contra el Estado Islámico será prolongada, surge la interrogante acerca del costo de ese conflicto bélico. En lo inmediato, por ejemplo, ya se sabe que para ejecutar los bombardeos aéreos que hasta ahora se han llevado a cabo, cada día el gobierno norteamericano invierte 10 millones de dólares.
De los 47 misiles cruceros Tomahawk lanzados hasta ahora por la Marina, cada uno tiene un costo de 1 millón 100 mil dólares. Cada bomba “inteligente”, dirigida a su blanco desde un satélite, cuesta 40 mil dólares la unidad; y cada hora de vuelo de un bombardero B-52 requiere de un gasto de 55 mil dólares.
Todo eso, proyectado a un año, equivaldría a un gasto de 3 mil 700 millones de dólares, lo que aparentemente es poco si se le compara con lo que ha sido el presupuesto del Pentágono en Afganistán el año pasado, que fue de 77 mil millones de dólares.
Guerra y economía
Salvo algunas excepciones, prevalece el criterio generalizado entre los economistas, al sostener que más que la política del New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt, fue la Segunda Guerra Mundial la que realmente puso fin a la Gran Depresión de los años treinta.
El argumento se fundamenta en el hecho de que la inversión del gobierno federal durante la guerra en la fabricación de tanques, aviones, barcos, uniformes y municiones, además de la gran cantidad de empleos que generó, puso fin a la situación de deflación que había subsistido durante más de una década.
Al respecto se sostiene que en 1940, el Producto Interno Bruto, esto es, la capacidad de generación de riquezas de la economía era de 101 mil millones de dólares. Sin embargo, para 1944 había pasado a ser de 175 mil millones de dólares. En otras palabras, como consecuencia de su participación en la Segunda Guerra Mundial, el Producto Interno Bruto de los Estados Unidos, en tan solo cuatro años se incrementó en un 75%, y el desempleo se redujo de un 8.1% a menos de un 1.0%, lo que constituyó un fenómeno verdaderamente asombroso.
Pero, al terminar la segunda gran conflagración mundial, se suscitó el temor, en diversos sectores de la sociedad dominicana, de que al producirse una disminución del gasto público en el área de defensa, se volvería a una situación de estancamiento económico o depresión, como existía antes de la guerra.
No ocurrió así. Al revés. Los años que discurren entre la Segunda Guerra Mundial, en 1945, y la cuadruplicación de los precios del petróleo en 1973, se conoce como los Treinta Gloriosos, en referencia al hecho de la expansión económica que se esparció durante esas tres décadas.
Esa expansión económica se produjo, entre otros factores, por el ahorro forzoso generado durante los años de guerra, y al posterior incremento del consumo en productos como automóviles, refrigeradores, televisores, radios, estufas, abanicos, y en fin, todo lo que representaba el sueño americano.
No obstante, una corriente de opinión alega que esa prosperidad se debió, más bien, a la Guerra Fría, que permitió a los Estados Unidos, durante esos mismos años, poner en ejecución, frente a la Unión Soviética, una política de contención al comunismo, que fue la base para justificar un modelo de economía de guerra permanente.
A eso fue que se refirió, en su discurso de despedida, en 1960, el presidente Dwight Eisenhower, antiguo comandante de las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, al denunciar lo que consideró como la existencia de un complejo militar industrial en la base de la economía de los Estados Unidos, que implica una relación del sector industrial con el Pentágono, la comunidad científica, las universidades y los partidos Republicano y Demócrata.
De igual manera, a eso fue que consagró su atención el profesor Juan Bosch, en su brillante tesis, El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo; el profesor Seymour Melman, de la Universidad de Columbia, con su texto, El Capitalismo del Pentágono, Economía Política de la Guerra; y Richard Barnet, del Instituto de Política de Washington, con su clásico Economía de la Muerte.
Todos ellos en su momento interpretaron y denunciaron que el crecimiento económico y la prosperidad puedan tener su origen y fundamento en un hecho tan nocivo para la humanidad como una economía de guerra permanente.
Guerra no resolverá recesión
A pesar de que durante el período de la Guerra Fría, cada vez que en el horizonte económico se presentaba una situación de recesión, se resolvía a través de un escalamiento en la guerra, como ocurrió en los casos de Corea y Vietnam, al final eso condujo a una carrera armamentista que más que resolver las crisis cíclicas, provocó una crisis estructural que terminó desgastando tanto a la Unión Soviética como a los Estados Unidos.
Se ha sostenido que el desplome de la Unión Soviética, al final de la década de los ochenta, se produjo en gran medida a que dedicó buena parte de su inversión al área militar, descuidando la producción de bienes de consumo para la población civil.
Así fue. Pero si la carrera armamentista produjo la muerte del sistema soviético, de igual manera convirtió, en ese momento, a la economía norteamericana en un paciente bajo cuidados intensivos.
Eso se reveló, como habrá de recordarse, en la campaña electoral de Bill Clinton, frente a George Bush padre, al inicio de los noventa bajo la consigna de: “Es la economía, estúpido”.
Porque en efecto, de eso se trataba. Después de más de cuatro décadas de un incremento permanente del gasto militar, llevada al paroxismo durante la época de Ronald Reagan, la economía norteamericana se hallaba exhausta, herida de gravedad por los desatinos de una política pentagonista de economía de guerra permanente.
Al terminar la Guerra Fría, Bill Clinton encabezó el mayor período de expansión económica de los últimos tiempos en los Estados Unidos, y lo hizo en relativa paz, disminuyendo en forma significativa el gasto militar y el número de miembros de las Fuerzas Armadas, que se redujo en más de un millón.
Pero los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 a las Torres Gemelas y al Pentágono, modificaron radicalmente ese panorama. Como reacción a esos atroces acontecimientos, el presidente George W. Bush declaró la guerra al terrorismo, ordenando la invasión de Afganistán e Iraq.
Esas dos guerras le han costado a los Estados Unidos, además de cuatro mil muertos, 58 mil heridos y más de 100 mil traumatizados por el estrés de la guerra, la cifra de tres trillones de dólares, los cuales han sido financiados con un incremento de la deuda pública.
En un momento en que había expresado su voluntad política de no intervenir militarmente en la guerra civil de Siria, de retirar las tropas de Estados Unidos de Iraq y de estabilizar la situación política en Afganistán, el presidente Barack Obama se ve atrapado ahora en una situación inesperada: las acciones bárbaras de decapitación del Estado Islámico de Iraq y Siria.
Como jefe de Estado de una potencia mundial que se ve amenazada por esos acontecimientos, está compelido a actuar. Pero su actuación deberá ser para contener esa amenaza, y no para tratar de prolongar una guerra, como han sugerido algunos, que le permita a los Estados Unidos y a la economía mundial, superar la situación de recesión global en que se encuentra desde fines del 2007.
La guerra no contribuirá a superar la actual situación de recesión global. Por el contrario, ésta sólo podrá ser superada por la paz, que crea el clima adecuado para la inversión, el crecimiento y la prosperidad.
Esperamos que así lo entienda el presidente Obama.
Dos bombas de tiempo
Por MANUEL NÚÑEZ
1.La circunstancia haitiana
En los últimos veinte años, la Comunidad Internacional ha respaldado los procesos electorales con apoyo económico, con asistencia técnica, escudada en la tesis de que bastaba con la llegada de la democracia para que la prosperidad económica y los problemas gigantescos de la nación haitiana comenzaran a desaparecer.
En este período, el poder internacional ha secundado un cúmulo de errores.
1.Primer error: creer que el problema haitiano radica en un déficit de democracia. La idea de que la ausencia de democracia era el principal problema de Haití llevó a la Unión Europea, a Canadá y Estados Unidos ha gastar cientos de millones de dólares para organizar elecciones y presentar el espectáculo de la democracia como la llegada de una nueva sociedad. Ninguna de esas ilusiones fantásticas pudieron concretarse en realidades apreciables.
2. El segundo error: fue creer que los grandes problemas de ese país podían ser resueltos por un mesías. Un líder populista, que se apoye en el resentimiento, en la pobreza, para devolverle a la población el sentimiento de la esperanza y de redención. Un liderazgo basado en el empleo de palabras mágicas. Todas esas alucinaciones se desvanecieron en las dos presidencias fallidas de Jean Bertrand Aristide. Durante años, la comunidad internacional ha esperado inútilmente el advenimiento de un milagro en unos líderes sin carácter, sin proyecto, sin credibilidad, sin visión, sin honestidad, sin disciplina, fantasiosos, endiosados por la función, sin ningún compromiso con su pueblo, y, en algunos casos, opacos y sin carisma.
3.Tercer error: fue creer que las ONG y los organismos supra nacionales podían cumplir con todas las funciones de un Estado. El asistencialismo ha arruinado a los productores de arroz del valle del Artibonito; ha destruido el comercio; ha generado un paternalismo paralizante y ha bloqueado la participación de la sociedad haitiana en la solución de sus problemas.
4.Cuarto error: durante mucho tiempo las agencias internacionales hicieron rodar la idea de que el problema haitiano radicaba en la falta de diagnóstico. Se han gastado millones de dólares convocando a los mayores expertos del planeta Paul Collier, Jeffrey Sachs, Muhamed Yunus y otras lumbreras del pensamiento económico, geopolítico han hecho sus aportaciones al examen de la circunstancia de Haití. Se han producido montañas de informes. Hemos oído todas las paparruchas de intelectuales inútiles, cantamañanas disfrazados de consultores, y como decía el gran Martí, la realidad ha vencido al libro importado. Para resolver los problemas de Haití no hay que buscar de modelo a la democracia sueca o noruega. Se organizan cumbres y seminarios interminables, y las personas terminan subyugadas por esos vendedores de ilusiones.
5.Quinto error: consiste en creer que el despegue de Haití puede resolverse con montañas de préstamos del Banco Mundial y con gran impulso de un Gobierno Internacional. La ocasión pareció llegar paradójicamente con el terremoto del 2010. En aquel punto y hora se crearon dos Gobiernos. Uno, formal presidido por Michel Martelly y otro dotado de toda la fuerza económica para reconstrucción al mando de Bill Clinton. Ambos Gobiernos han fracasado estrepitosamente.
Mientras tanto, el Estado haitiano no tiene control del territorio. No tiene servicios sociales. No tiene capacidad para cobrar impuestos y fomentar la riqueza del país. No tiene el monopolio de la violencia y de la fuerza. Su población se halla dispersa, sin documentos de identidad, sin escuelas ni hospitales ni empleos. No hay instituciones que puedan constituirse en árbitro de la sociedad. En algún momento, la Comunidad Internacional que apadrina la MINUSTAH tomará la decisión de abandonar el país. ¿Podrán los haitianos ocuparse de la seguridad de su país si desaparece el polo de autoridad, que ha mantenido las apariencias de un Estado? ¿Cuándo? ¿cómo? ¿Con cuáles recursos? Todas esas terribles circunstancias nos ponen delante de una bomba de tiempo. ¿Cuándo estallará? ¿Qué hará el Gobierno ante esos desafíos que amenazan todos los progresos que el país ha logrado?
2.La circunstancia dominicana
Los Estados Unidos que son la primera potencia del mundo consideran que tener 12 millones de ilegales en su territorio constituye una situación totalmente calamitosa y una amenaza a su existencia y a su identidad como nación. Se trata de una proporción de 3% de los trescientos millones de habitantes que tienen la nación estadounidense. Para hacerle frente a ese desafío, se construyó un muro de más 1.123 kilómetro de longitud que representa un tercio de su frontera con México. Se han tomado medidas extraordinarias para contrarrestar la inmigración ilegal.
En el caso dominicano, la mudanza de una enorme población extranjera haitiana a nuestro territorio que rebasa los dos millones de personas, y que nos pone delante del mayor desafío migratorio del continente, más de 20% de la población. Las consecuencias de este desplazamiento son la desnacionalización del trabajo, de la cultura y la colonización del territorio por parte de una población que, con el apoyo de la comunidad internacional, se propone fracturar a la nación dominicana.
Se trata de un modelo insostenible. Para afrontar la falta de empleos , el Gobierno se ha visto obligado a agigantar la nómina de todas las instituciones del Estado que ha pasado de 245.000 personas en 2004 cálculos que ya eran graves , a proporciones que rebasan las 700.000 personas; se han desplegado grandes planes de ayuda social, subsidios de los campesinos sin trabajo, de los trabajadores sin empleos. Todas esas cargas sociales recaen sobre la clase media, y para mantener ese sistema perverso que priva a los dominicanos de los mecanismos de supervivencia hay que tomar dinero prestado para financiar el presupuesto, para evitar un desbordamiento social.
Ni la capacidad de endeudamiento ni el asistencialismo que pueda llevar a cabo el Gobierno son ilimitados, ¿Qué ocurrirá cuando ambas realidades encuentren su frontera natural?
¿Permaneceremos impasibles ante el desplome de nuestra sociedad?
Apátrida: República Dominicana y Haití en la ONU
Por EDWIN PARAISSON
Es justo saludar la disposición recíproca y reiterada de los máximos dirigentes de la isla en su reciente participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York de proseguir el diálogo iniciado a principios de año para fortalecer los lazos entre las dos naciones.
Siguiendo una línea definida en los últimos encuentros bilaterales en Juan Dolió y Punta Cana, el mandatario dominicano, Danilo Medina, señaló la existencia de “un par de capítulos dolorosos” en la historia de los dos países que comparten la isla, mas exhortó a que no se limitara la identidad nacional a los mismos.
Por lo contrario, inspirarse de los demás capítulos que permitan definir una identidad “más completa, más rica y más humana” para construir el futuro.
En tanto que el mandatario haitiano, Michel Martelly, manifestó haber convenido en el dialogo por el “bienestar de los dos pueblos” y la paz en la región del Caribe.
Bajo esa motivación se espera que acuerden pronto un plan conjunto que permita enfrentar las actuaciones día tras día más amenazantes de sectores diversos y actores políticos abiertamente antihaitianos en la República Dominicana y de una corriente hostil a las negociaciones con ese país hermano en Haití.
Por ser la falta de documentos de identidad un problema común en los dos paises, aunque más crucial en Haití, retuvo la atención el llamado hecho por el Presidente dominicano a favor de una ayuda al Estado haitiano para la documentación de sus nacionales en ambos territorios.
Dicho problema, en República Dominicana, afecta al 18% de la población, unos 2 millones de personas. En Haití, con el apoyo de la OEA, en los últimos años, alrededor de 5.5 millones de habitantes son portadores de la CIN (tarjeta de identificación nacional). Al considerar los niños y menores estudiantes, se estima a 25% de la población, de aproximadamente 10 millones, los no registrados en el Estado Civil.
Respecto a los inmigrantes, ciertamente con muchos problemas, Haití lanzó su programa de identificación y documentación, cuyos iniciales son PIDIH, logrando registrar un poco más de 15,000 personas en dos meses.
En ese marco, la mención del tema pudiera prestarse a confusión cuando en el tapete hay una seria preocupación por la eventualidad de una situación de apatridia masiva sin precedente en las Américas. Podría ser el resultado, al concluir el Plan de Regularización (PNRE) el próximo año, por la exclusión por la ley 169-14, del derecho a la nacionalidad de los dominicanos indocumentados de origen haitiano.
Estos últimos, pese a tener vínculos más fuertes con su país de nacimiento, se ven obligados a buscar la nacionalidad de su país de origen a través del PNRE. En ambos casos, los Estados, basándose sobre decisiones legales soberanas de protección de la nacionalidad, exigen el cumplimiento de ciertos requisitos o procedimientos.
Es errónea la interpretación hecha tan solo en la República Dominicana del artículo 11 y su acápite 1 de la reforma constitucional haitiana de 2011 sobre la nacionalidad por el jus sanguini. No es ipso facto.
El Estado haitiano no puede atribuir su nacionalidad a una persona que no muestra ningún interés por la misma. Tampoco puede imponer su nacionalidad a un individuo que se encuentra en un territorio extranjero amparado por otras leyes incluso el derecho internacional.
De igual manera no puede otorgar la nacionalidad a una persona que no demuestre legalmente su ascendencia haitiana.
En el caso que nos interesa, los dominicanos de origen haitiano indocumentados afectados por la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, han optado por luchar en defensa de su derecho a la nacionalidad dominicana.
En adición a esto, los sondeos revelan que la gran mayoría de los afectados, unos 100,000, están en la imposibilidad de probar su lazo sanguíneo con Haití. Por consiguiente, la eventualidad de la apatridia es más que evidente.
Hay que lamentar que en el nuevo marco de cooperación bilateral el tema no fuera abordado por ninguna de las partes en sendas intervenciones a la tribuna de la ONU para solicitar la asistencia técnica de la comunidad internacional, en vista de aportar una solución definitiva a una situación tan compleja.
Los vientos de Leonel degeneran en tornado
Por JUAN BOLIVAR DIAZ
El activismo del expresidente Leonel Fernández para volver al poder lo ha convertido en blanco preferido de contradictores externos e internos tensando las cuerdas en el Partido de la Liberación Dominicana donde el reelecionismo parece ganar terreno.
Las manifestaciones hostiles en Nueva York y los informes sobre investigaciones de soborno en la compra de los aviones Super Tucano y sobre la inmensa fortuna de su pupilo Félix Bautista han interferido los vientos que soplaban a favor de la candidatura del expresidente Leonel Fernández generando un tornado político.
Al mismo tiempo parece ganar terreno la corriente que plantea la reforma de la Constitución para permitir la repostulación del presidente Danilo Medina, sobre la base de que estaría en juego la permanencia en el poder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), lo que está provocando tensiones entre los gobernantes.
Fuerte tornado político
Las tensiones van en aumento en la familia peledeísta, agitadas por los vientos de la precipitada lucha por la candidatura presidencial que están degenerando rápidamente hasta convertirse en un tornado que envuelve a dirigentes altos y medios. El abierto lanzamiento de la precandidatura del expresidente Leonel Fernández ha precipitado una confrontación entre sus militantes partidarios y los que creen que el presidente Danilo Medina debería tener la opción a un segundo mandato consecutivo.
La discusión se hace presente en los cenáculos peledeístas, entre legisladores, en las provincias y municipios donde proliferan los aspirantes a las candidaturas, favorecidos por autoridades y dirigentes partidistas locales, comprometidos con los dos líderes o simplemente preocupados porque predomine el que tenga más posibilidades de garantizarles la continuidad en el poder. Ha trascendido a los programas de radio y televisión y a los periódicos, especialmente en las columnas del Listín Diario.
Esta semana el debate alcanzó nueva dimensión cuando el Ministro de Administración Pública y miembro del Comité Político del PLD Ramón Ventura Camejo anunció públicamente que propondrá a ese organismo una reforma de la Constitución que permita dos períodos consecutivos de gobierno. Se afirma que esto causó escozor en las filas leonelistas a la defensiva por la creciente hostilidad hacia Fernández y los suyos. Defensores de ambas posiciones han salido a la palestra pública en los últimos meses. Por ejemplo del doctor Franklin Almeyda quien llegó a decir en junio que la imposición de la reelección “desataría los infiernos en el PLD”. Mientras varios funcionarios actuales se han manifestado partidarios de la continuidad, como Gonzalo Castillo, el ministro de Obras Públicas ascendido este año al Coité Político, y el ministro de Educación Carlos Amarante Baret, del mismo organismo, y Gedeón Santos, director del Indotel.
Los vientos de Leonel
Desde mayo del 2012, cuando anunció que “el león volvería a rugir en las calles”, Leonel Fernández inició abiertamente la lucha por el retorno al poder en el 2016. Comenzó el año asistiendo a actividades donde lo proclamaban candidato y teorizando sobre el poder derivado del reparto de puestos y sobrecitos y equiparándose con el bíblico Moisés, a quien actualizó como “un líder del siglo 21″. Ante cientos de miembros de “Juventud con Leonel” advirtió que “la antorcha no se arrebata y el que lo intenta puede quemarse con ella”, aunque insistía en que “el PLD es una fábrica de presidentes” y que gobernará hasta el 2044, pero sin explicar porqué perdería el poder en el bicentenario de la República.
Al comenzar abril del 2014, Fernández fue proclamado candidato presidencial por 17 de los 31 senadores de su partido, lo que luego fue respaldado por unos 60 diputados, más de la mitad, y por una alta proporción de los alcaldes de su partido, presidiendo mítines regionales en San Pedro de Macorís, Barahona, Mao-Valverde, San Francisco de Macorís, Santo Domingo y en ciudades de los Estados Unidos.
El líder peledeísta acuño la frase de que los vientos soplan a su favor y ya el 6 de julio dijo en Barahona que “los vientos siguen soplando, ahora con fuerza de huracán”. Cogió velocidad cuando el 31 de Agosto fue proclamado candidato por su movimiento “Plataforma Democrática 2916″, durante un acto que reunió a miles de seguidores en San Soucí, Santo Domingo, donde dijo que “definitivamente los vientos suplan fuertemente”, pero que aún no decidía si sería candidato.
Sin embargo, el 14 de septiembre se emocionó en un acto regional en San Francisco de Macorís y proclamó que “los vientos soplan con tanta intensidad que nos llevarán a subir de nuevo las escalinatas del Palacio Nacional en el 2016″. Lo citó el Listín Diario y lo recogieron los videos de televisión, aunque una declaración escrita de su Funglode quiso enmendarlo diciendo que es el PLD que volverá a subir esas escalinatas, como si ahora estuviera afuera.
Intentan frenar a Leonel
Tres acontecimientos recientes constituyeron fuertes tropiezos en la carrera sin aparente obstáculos en la que venía empeñado Leonel Fernández: la publicación sobre el proceso judicial en Brasil y las investigaciones, que incluyen a Estados Unidos, confirmadas por el embajador norteamericano, en relación al soborno en la compra de los aviones Tucano en su gobierno, las manifestaciones hostiles de grupos de dominicanos en dos escenarios de Nueva York donde estuvo presente, y la publicación de la investigación de la inmensa fortuna de su pupilo Félix Bautista por parte de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (PEPCA)
Lo de los Tucanos no se le puede atribuir a intenciones locales. Abrieron proceso a 8 funcionarios de una empresa pública brasileña y quien lo publicó fue el Wall Street Journal. Pero llamó la atención que ese mismo día, 23 de septiembre, la Fundación Primero Justicia formalizara una querella ante la PEPCA pidiendo indagar no sólo al coronel Carlos Piccini, identificado por el periódico financiero neuyorkino como receptor del soborno, sino también al expresidente Leonel Fernández, a quien atribuyen haber recibido una comisión de 6.5 millones de dólares. La fundación está presidida por el abogado Miguel Surún Hernández y de la misma forma parte el comentarista y publicista Freddy Aguasvivas, quien sometió a la justicia a Víctor Díaz Rúa, exministro de Obras Públicas y otro de “los grande millonarios de Leonel”.
Justamente Bautista y Díaz Rúa eran de los acompañantes de Fernández cuando el pasado fin de semana fueron hostigados por manifestantes que les vocearon hasta “ladrones” durante una reunión en un restaurante del alto Manhattan en Nueva York, y luego en uno de las sedes de la Universidad de Nueva York. Fue notable la cantidad de vídeos tomados y colocados en las redes, y reproducidos luego en el país por diversos medios, lo que los leonelistas consideran una acción concertada.
El destape esta misma semana de la investigación sobre el origen de un centenar de inmuebles, incluyendo torres de 14 y 16 niveles, de empresas constructoras de Félix Bautista puso la tapa al pomo. El Diario Libre publicó que la PEPCA de la Procuraduría General le había trabado embargo, y aunque luego los abogados de Bautista dijeron que fue “una advertencia” la realidad es que confirmaron un proceso investigativo, iniciado hace meses, pero que no había trascendido.
Bautista atribuyó la revelación al Procurador Francisco Domínguez Brito por supuesto resentimiento político contra él. Pero más amplio fue Rafael Núñez, el director de prensa del gobierno de Fernández, a quien se le considera aún su vocero, quien no sólo responsabilizó a Domínguez Brito de la filtración, supuestamente abonando terreno para lanzar su pre candidatura presidencial, sino que también lo vinculó a un plan para hacer daño a Leonel.
Pero no solo dentro del PLD, sino también en diversos partidos y sectores de oposición tiene creciente hostilidad el expresidente. Y él la cultivó cuando dijo el pasado fin de semana que sólo su partido representa la civilización en el país, que todo lo demás es la barbarie, el caos y el desorden.
Avanza la reelección?
El anuncio de Ventura Camejo de que propondrá al Comité Político una nueva reforma constitucional, “para enmendar el error” de la del 20l0, que la prohibió consecutiva, mostró en la semana un cierto avance de los que promueven la repostulación de Medina, que tienen como limitación que -a diferencia de Leonel- el mandatario no se ha involucrado en promoción de candidatura. Hace apenas 4 años y medio la mayoría peledeísta modificó el artículo constitucional que permitía una sola reelección “y nunca más”, para abrir la posibilidad de que los presidentes vuelvan indefinidamente, aunque con un período de intermedio. Eso benefició a Fernández, que con aquel texto no hubiese podido repostularse jamás.
El problema ahora es que con el apoyo que tiene Fernández, de más de la mitad de los legisladores de su partido, y necesitándose dos terceras partes de ambas cámaras, es imposible abrir espacio a la repostulación de Danilo mientras aquel aspire a retornar al poder en el 2016. Ya algunos comentaristas y columnistas leonelistas le recomiendan que de un chance a Medina y aplace su regreso para el 20210, siempre contando con que la política dominicana es estática y los peledeístas gobernarán por lo menos hasta el 2044.
Comentaristas partidarios de Fernández ya no ocultan sus temores de que los sectores que acarician la posibilidad de repostular al presidente Medina estén intentando “derribarlo, afectando su imagen” vendiendo la idea a los peledeístas de que si quieren mantenerse en el poder tienen que entender que quien se lo garantiza es el actual presidente. A eso atribuyen las investigaciones sobre la fortuna de Félix Bautista y Díaz Rúa, señalados como los principales financistas de la campaña de Leonel Fernández. Aunque un juez emitió un dictamen a favor de Díaz, la fiscal del Distrito Nacional anunció que la apelará. Esta semana fue confirmada su intención, a la espera de que el tribunal formalice la lectura de su sentencia.
Es obvio que los vientos se han convertido en un tornado que gira sobre el entorno de Leonel, pero a su favor está el hecho de que todavía no hay una candidatura de oposición con perspectiva de retarlo fuertemente. Por lo menos así se ve desde la perspectiva del peledeísmo, y en consecuencia resultará bien difícil convencerlo a él y sus más fervientes seguidores de que auspicie a Danilo, lo que tampoco es tan fácil, porque hasta el cardenal López Rodríguez ha cuestionado que ya estén tratando nuevamente de modificar la Constitución.
Lo único claro es que los vientos con fuerza de huracán convertidos en tornado están agitando las aguas de los peledeístas, quienes tuvieron su última crisis en 1991, cinco años antes de alcanzar el gobierno por primera vez, cuando el profesor Juan Bosch llegó a renunciar de su partido, pero que ya en el poder han sabido mantenerse unidos.-
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