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OPINIONES:


Un antes y un después en la comunicación de RD
Por SAUL PIMENTEL
Aunque la mayoría de los periódicos de papel de la República Dominicana no lo han publicado o no se han  querido dar por enterados, lo cierto es que el sábado último ocurrió un hecho positivo que de seguro marcará un antes y un después en la historia de la comunicación de este país:  el Gobierno de Danilo Medina anunció su intención de volcarse a favor de los medios digitales bajo el entendido de que tienen una creciente y poderosa influencia entre los lectores de noticias.
El anuncio en este sentido lo hizo nada más y nada menos que el portavoz de la Presidencia de la República, Roberto Rodríguez Marchena, en un concurrido encuentro con representantes de dichos medios en el Palacio Nacional y del cual la propia Dirección de Comunicaciones (DICOM) elaboró una amplia nota de prensa, que curiosamente (por razones obvias) apenas fue publicada en forma muy escueta y maquillada por uno de los periódicos matutinos.
Tras valorar la “extraordinaria importancia" que, según dijo, tienen los periódicos digitales,  el Vocero del Gobierno  anunció incluso que éste ha decidido incluir en su presupuesto publicitario a todo aquel que tenga un periódico o blogs digital y se dedique a la difusión permanente de informaciones.  "La preeminencia noticiosa ya no la determinan unos pocos conocidos,  sino un número enorme y desconocido de ciudadanos empoderados de las facilidades tecnológicas a su alcance que marcan el ritmo de la comunicación", enfatizó un emocionado Rodríguez Marchena, quien emitió otras expresiones mucho más fuertes que no fueron reseñadas por el DICOM, como por ejemplo de que “lo que está pasando con los periódicos de papel es una tragedia”. 
El Vocero del Gobierno sorprendió a muchos al declarar que el Gobierno ha decidido construir "una relación durable y satisfactoria" con los medios digitales, por lo cual ha dispuesto otorgarles "los mismos derechos que otros medios establecidos" e incluirlos en las listas de convocatoria a actividades oficiales del presidente Danilo Medina. 
Este encuentro del sábado marcará un antes y un después en razón de que por primera vez, de manera oficial, se toma en cuenta en gran escala a los digitales y se reconoce el importante papel que juegan, fundamentalmente en un país como la República Dominicana, donde las estadísticas de INDOTEL causan espanto, ya que señalan que hay más de 3 millones de cuentas de Internet.
El Gobierno de Danilo Medina parece querer ponerse a tono con esta corriente y ha dado este paso  en los precisos momentos en que la prensa internacional informa sobre el declive de importantes periódicos de papel en distintas partes del mundo, debido a que una creciente cantidad de personas prefiere enterarse de las noticias a través de medios digitales, pues son más rápidos y completos.
Es bueno reiterar que en lo que compete a la transmisión de noticias, internet se ha convertido en el medio por excelencia, debido a que abarca los tres medios tradicionales:  periódico, radio y televisión, pero agregando una ventaja fundamental que es la libertad de expresión que ofrece para publicar libremente opiniones perecederas y de inmediato retroalimentarse (feedback) con las opiniones de los usuarios de la World Wide Web. Ahora, cualquiera puede tener un blog, verter opiniones y escribir noticias. Y  la mejor parte es, que puede compartirlo con quien desee, sin esperar a que un periódico de papel se digne a publicarlo.

La lenta muerte de los periódicos
Por BORIS LEONARDO CARO-Blog de Noticias
El declive de la prensa escrita en Estados Unidos podría concluir con la desaparición de los diarios impresos en las próximas décadas. Aunque algunos medios han hallado alternativas para superar la crisis, la mayor parte de los periódicos del país todavía busca un modelo de negocio que garantice su continuidad.
La dependencia de los ingresos por publicidad ha golpeado a muchos cotidianos que a finales del siglo pasado flotaban sobre una nube de cientos de millones de dólares. Esa ilusión se desvaneció con la retirada progresiva de anunciantes, cuya pérdida ha representado 20.000 millones de dólares anuales menos desde 2006.
Dos de los grandes diarios de tirada nacional, The New York Times y The Washington Post, han padecido este descenso imparable del interés publicitario en sus ediciones impresas. En sus informes sobre los resultados del primer semestre de 2013 ambos reportaron caídas en los ingresos por anuncios. El periódico neoyorquino experimentó una baja de 5,8 por ciento, mientras el Post recibió cuatro por ciento menos que en 2012.
No obstante, el Times mira al futuro con cierta esperanza. Su edición en Internet ha comenzado a reportar ganancias sostenidas. Pero la incursión online podría no ser la tabla salvadora para todos, en medio de una profunda revolución en las comunicaciones. La manera de producir, distribuir y consumir información ha cambiado radicalmente en un tiempo demasiado corto.
El Post, a pesar de sus esperanzadores resultados en línea, acaba de ser vendido a uno de los fundadores de Amazon, Jeff Bezos, tras ocho décadas de reinado de la familia Graham. Esta compra podría representar la penúltima estocada a la época dorada de los diarios en papel.
La crisis ha golpeado ¿Quién ha matado a la prensa?
Los periódicos divisaron la ola de Internet a inicios de los 90, sin embargo sus estrategias para adaptarse a la nueva época resultaron dramáticamente ineficaces, asegura el experto Clay Shirky. En un artículo publicado en 2009, este especialista en el impacto social y económico de las nuevas tecnologías describió cómo los medios tradicionales trataron de sostener a toda costa su anacrónico modelo de negocio, en vez de evolucionar bajo las nuevas condiciones del mercado de la información.
“Con la vieja lógica económica destruida, las organizaciones diseñadas para la producción industrial tienen que ser reemplazadas por estructuras optimizadas para los datos digitales”, afirmó Shirky. Los diarios se enfrentaron entonces a un enorme cambio en su relación con el públic gracias a Internet el acceso a la información, principal servicio de la prensa, ha dejado de ser un problema porque la red desborda de noticias.
¿La debacle pudo haberse evitado? Quizás sí, pero a juicio de varios veteranos de la prensa, reunidos en julio pasado por la revista Fortune, la crisis era inevitable. La explosión de Internet erosionó las bases de las empresas mediáticas a un ritmo tal que aún los equipos más preparados para el cambio no pudieron reaccionar con suficiente celeridad.
Las estrategias desplegadas por algunos medios para rentabilizar su presencia online han tardado en generar los dividendos necesarios, según un informe del Pew Research Center. A finales del año pasado por cada dólar ganado en Internet, los periódicos perdían como promedio 16 dólares en sus negocios impresos.
Esta investigación apunta también a otro factor en apariencia ajeno a las frías finanzas: la inercia cultural de los ejecutivos, buena parte de los cuales aún carece de una idea precisa sobre cómo conciliar las viejas rutinas profesionales y comerciales con las nuevas tecnologías. Los pronósticos incluyen cierres de medios, el recorte de las plantillas y la reducción de las tiradas, en otras palabras, más y más crisis.
Por otra parte, los cotidianos también han visto cómo fuentes de ingresos hasta ahora seguras se han desvanecido. El ejemplo clásico ha sido Craigslist y en general las web especializadas de clasificados, que han dejado casi sin clientes a los departamentos de pequeños anuncios de muchos periódicos.
De acuerdo con cifras del Pew Research Center, en cinco años han cerrado alrededor de 50 diarios en Estados Unidos. De los restantes, unos 1.350, casi todos publican menos de 25.000 ejemplares. Solo 70 rebasan las 100.000 copias cada día.
Un problema global
El ocaso de la prensa escrita se ha extendido progresivamente desde Estados Unidos a otras regiones del planeta. En Europa, los periódicos del Reino Unido ha reportado las peores caídas en ingresos, seguidos por Italia y Grecia, todos en torno a 20 por ciento. Aunque en el Viejo Continente los medios impresos dependen en menor medida de la publicidad y sus deudas no se comparan con las de sus pares estadounidenses, la revolución tecnológica también ha removido los cimientos de la industria.
Algo diferente ocurre en la India y en países del África Subsahariana, donde el incremento de la alfabetización y la incorporación de millones de personas al mercado de la información han impulsado un auge fabuloso de los diarios en los últimos años.
Sin embargo, este esplendor también tiene sus días contados. En Delhi como en Nueva York los jóvenes leen cada vez menos cotidianos y revistas impresas, porque prefieren informarse en sus ordenadores y teléfonos móviles. La diferencia entre generaciones se ha hecho abismal en cuanto al consumo de la prensa.
Un sondeo del Pew Research Center reveló en octubre pasado que la proporción de lectores regulares de periódicos impresos en Estados Unidos cayó de 41 por ciento a apenas 23 por ciento en la última década.
Periodismo, ¿víctima del declive?
La crisis de los periódicos ha repercutido en el periodismo. La contracción de las redacciones y el cierre de diarios golpean a ese sector profesional, rodeado ahora por un enjambre de productores de noticias libres de cualquier filiación con los medios tradicionales.
Voces del sector han alertado sobre las consecuencias de este declive sobre la calidad de los materiales periodísticos, en particular aquellos que requieren una infraestructura inexistente fuera de las redacciones convencionales.
“¿Quién será lo suficientemente grande para defender los temas de verdad polémicos?”, se preguntó Paul Sagan en el citado panel de Fortune. El reconocido experto norteamericano en comunicaciones recordó el caso de los Papeles del Pentágono, que solo salieron a la luz gracias al poder de The Washington Post y The New York Times.
La repuesta podría estar en esta enigmática frase de Clay Shirky: “La sociedad no necesita periódicos. Lo que necesitamos es periodismo.” El tránsito hacia un nuevo sistema donde la necesaria existencia de los periodistas no dependa de la industria de la prensa será, sin dudas, largo y convulso.

Leonel: ¿camino a su primera derrota?
La inusitada agitación interna que se observa en estos momentos en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), más allá de si se queda en mera crispación o termina transfigurándose en abierta confrontación, podría ser la antesala de un acontecimiento que parecía impensable hace sólo unos meses en los mentideros partidistas nacionales: la primera derrota político-electoral del ex presidente Leonel Fernández.
(Se impone recordar, a ese respecto, que si bien desde mediados de 2012 las encuestas han situado al presidente Danilo Medina al frente de las preferencias políticas vernáculas el doctor Fernández hasta hoy ha sido favorecido en las mismas con robustas cifras de simpatías, y ello a pesar de que se le imputa por lo menos responsabilidad jerárquica por los múltiples desmanes que se atribuyen a varios de los más connotados funcionarios de su última administración, algunos de los cuales fungen como voceros o gestores de sus nuevas aspiraciones presidenciales).     
En efecto, de agudizarse las tensiones actuales en el PLD, la ya larga y hasta ahora exitosa carrera política del doctor Fernández pudiese resultar seriamente desdibujada (e inclusive terminar cuando menos momentáneamente yugulada), y lo irónico es que semejante fenómeno no sería consecuencia de las acciones y estrategias de sus adversarios externos (esto es, la oposición y la sociedad civil) sino de una operación de impugnación, acoso y derribo ejecutada por sus propios compañeros de partido.  
(Al margen de los deseos, las inclinaciones o las militancias, antes de los movidos dimes y diretes actuales de los peledeístas el grueso de los analistas del patio coincidía en varios puntos al examinar la coyuntura política: por el momento la oposición -aún fragmentada y desmovilizada, pese a disponer de figuras presidenciables de alto calibre- no constituye motivo de desasosiego para las apetencias oficialistas; el presidente Medina no aparenta estar en la línea de procurar un nuevo mandato; y el doctor Fernández luce en condiciones de aplastar a todos sus adversarios internos, con la sola excepción de aquel).      
 De entrada, claro está, es necesario plantear la hipótesis de que la situación que encara el doctor Fernández en estos instantes en algún sentido pudiera concluir confirmando una advertencia hecha por ciertos observadores independientes cuando se iniciaron sus “vientos” de campaña: su salida a la luz pública como aspirante presidencial fue un yerro de estrategia impropio de la inteligencia política de éste y la reconocida experticia de su equipo, hasta el punto de que en importantes sectores de opinión -y “sotto voce” en el propio PLD- se consideró un extraño y riesgoso acto de desesperación política.   
Y la verdad no puede ser ocultada: el prematuro lanzamiento de las nuevas pretensión del ex mandatario (hecho a una distancia considerable del proceso electoral de 2016 para evitar que otros pescaran a su gente con el anzuelo de que él no aspiraría) no sólo increíblemente lo puso a competir con varios líderes menores del PLD (por coincidencia, todos antiguos prosélitos o subalternos suyos) sino que constituyó una abierta provocación a la franja interna del presidente Medina (que puede tener o no candidato, pero que hoy ostenta el poder y sabe usarlo), cuya tesis es -según las palabras de su más conspicuo portavoz- la de que “no es tiempo de candidaturas sino de trabajo en favor del país”.  
En cuanto a la primera cuestión, el error pudo haber sido por partida doble: colocar desde ahora en la misma tómbola al doctor Fernández y a los candidatos menores proyecta una disminución de la estatura política del primero y un aumento de las de los segundos, y al mismo tiempo deja al presidente Medina en el escenario como el “gran líder nacional” que eventualmente podría decidir entre dos opciones claramente focalizadas: desempeñar un rol de árbitro no declarado (con desenlaces favorables o no para aquel) o simplemente lanzar su candidatura reeleccionista (bajo el predicamento de que sólo él unifica al PLD y garantiza su victoria en las próximas elecciones, que son vitales para los oficialistas porque en ellas estarán en juego tanto las funciones ejecutivas como las congresuales y municipales).
Por lo que se refiere al segundo asunto, nadie con dos dedos de frente ignora que el sector del licenciado Medina acaricia amorosamente la idea mantenerse en el poder de manera total o parcial más allá de 2016, y si se está conteste en que la única amenaza seria en su camino (al margen de si el jefe de Estado decide o no optar por una nominación reeleccionista) la representa justamente el poderoso grupo del doctor Fernández, la conclusión se cae de la mata: los palaciegos están en la obligación de ponerle obstáculos -superables o no- a la carrera actual de este último para poder agenciarse -vía negociación o vía presión- por lo menos una cuota del control estatal en el año citado.
En ese sentido, no dejan de tener razón los seguidores del doctor Fernández cuando afirman que las acciones que se ejecutan -directa o indirectamente- contra su líder tienen su origen esencialmente en núcleos -peledeístas o no- estrechamente vinculados al danilismo (que está dividido con el tema de la reelección, pero no en la aversión al ex mandatario), y lo único verdaderamente curioso al respecto es que ellos (que han demostrado tanta pericia en el manejo santo y “no santo” de otros asuntos) no lo previeran: es raro, muy raro que olvidaran o no calibraran adecuadamente la enseñanza newtoniana de que toda acción trae una reacción igual o contraria de magnitud parecida, y mucho más en el activismo político de altos vuelos.
Sin embargo, los seguidores del doctor Fernández deberían estar preocupados por algo más importante aún: por primera vez desde 1996 el liderazgo de éste no sólo no se encuentra en mayoría dentro del PLD sino que encara desafíos y emponzoñamientos en múltiples frentes: los ataques de la oposición externa, la animadversión de la sociedad civil, el rechazo del grupo del presidente Medina y la “rebelión” de variados sectores internos que, aunque pequeños, tienen cierta influencia en la dirigencia media y disponen de capacidad financiera y mediática para hacer ruido en la dirección que le dicten sus intereses.
(Fuera de los perfiles un poco pintorescos y escasamente impactantes que exhiben las pre candidaturas del doctor Reinaldo Pared Pérez -notorio benjamín de la parte más ortodoxa del grupo gobernante-, del licenciado Francisco Javier García -jefe de campaña del PLD en múltiples procesos-, del ingeniero Temístocles Montás    -técnico de planificación estatal por antonomasia de los peledeístas- y del ingeniero Radhamés Segura -el experto en producción y administración energéticas de los morados-, conviene no olvidar lo siguiente: todos encarnan o implican en los hechos “secesiones” del leonelismo, y su pleito es más contra éste que contra el danilismo).      
Por supuesto, en política nadie se muere en la víspera y, además, es prudente no ignorar que en la tradición partidista dominicana no abundan los cadáveres insepultos de grandes líderes: aunque el doctor Fernández está en su peor momento político y los indicadores coyunturales pudieran apuntar hacia una posible derrota suya en el escenario interior del PLD, sus adversarios de todos los pelajes incurrirían en una grave equivocación si dieran por descontado que todo terminará así y pusieran sus expectativas y esperanzas de victoria en esa posibilidad... No se puede olvidar lo obvi el ex mandatario está hoy corriendo tal riesgo, pero falta tiempo para dirimir la cuestión de la candidatura presidencial peledeísta.
Más aún: hay que insistir en que el doctor Fernández ni luce liquidado en términos políticos y sociales ni necesariamente tiene que terminar vencido como sugieren los indicadores actuales: si replantea su estrategia y juega bien a la ruleta del tiempo y las circunstancias -como lo han hecho otros líderes nacionales en situaciones análogas-, bien podría cruzar airosamente las actuales corrientes adversas -por más procelosas que parezcan- y, venciendo los oscuros augurios de los arúspices mediáticos, recolocarse en posición favorable a sus aspiraciones presidenciales... Ello requeriría cacumen, destreza, audacia y tesón, pero -se reitera- no sería nada nuevo entre nosotros. 
 Y -la precisión procede- esas afirmaciones no implican un acto de generosa condescendencia o de pretendida imparcialidad del autor de estas líneas (que, como se sabe, no se cuenta entre los devotos del ex presidente) sino el reconocimiento de un realidad tangible: el más costoso amaneramiento estratégico que se puede adoptar en política es la subestimación del antagonista, y en el caso del doctor Fernández mucha gente de la oposición y de su propio partido ha sido reiterativa en favorecerlo con tal postura, unas veces poniendo en entredicho la magnitud de su liderazgo -sin importar cómo se haya amamantado- y otras dudando de sus agallas como “animal político”.  
 Como quien escribe ha dicho en otro lugar, el destino político inmediato del doctor Fernández está umbilicalmente vinculado a la voluntad del presidente Medina, el único peledeísta que está realmente en condiciones de derrotarlo. De lo que haga o no haga el actual gobernante (no es juego retórico, es realidad concreta) depende la eventual candidatura presidencial de su antecesor, del mismo modo que la del primero resultó triunfante en 2012 sobre todo por lo que hizo el segundo.
 (Vale la pena puntualizar, en la dirección precedente, que bajo las condiciones prevalecientes a la fecha en el PLD, el presidente Medina luce imbatible frente al doctor Fernández o cualquier otro aspirante a la nominación presidencial, pero que si decidiera no optar por una repostulación y, en cambio, ofreciera su apoyo a uno de sus conmilitones, las posibilidades de victoria de su corriente interna se reducirían notablemente. En razón de que no tendría lógica política e histórica un enfrentamiento de los dos grandes líderes en las primarias peledeístas     -que serían un verdadero choque de trenes, aunque las ganara este último-, es previsible que la pre candidatura del doctor Fernández se sostenga y mantenga en la inteligencia y el convencimiento de que el presidente Medina no será su contrincante).  
 Y rememorar hoy esas perogrulladas es tanto más necesario cuanto que hay demasiado gente que parece estar en las nubes con respecto al tema: así como una parte de la oposición está fantaseando con que las actuales tensiones en el PLD desemboquen en una fragmentación real o aparente (lo que francamente no parece viable mientras perviva su espíritu corporativo y se encuentre en el poder), mucha gente en el gobierno alimenta la ensoñación de que el mandatario opte por una repostulación (lo que sólo sería posible si se avizora un peligro real de perder las elecciones de 2016 con otro candidato)... Naturalmente, a unos y otros hay que recordarles que los sueños, como decía el clásico, “sueños son”, y siempre conviene cuidarse de que no degeneren en pesadillas.
 lrdecampsr@hotmail.com

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