Rafael Domínguez Trujillo persiste en el error y la maldad
Por MIGUEL ESPAILLAT GRULLON
La prensa, en fecha 5 noviembre del presente año, informa, que en la ciudad de New York, el nieto de Trujillo (Rafael Domínguez Trujillo), lanzó el "Partido Esperanza Democrática" (PED). En ese lanzamiento, el "incipiente líder" expresó, que tomó la iniciativa de formar este nuevo partido, porque ninguno de los partidos de la República Dominicana, representan los intereses de la mayoría de la población, por lo que el objetivo principal del PED es "recuperar la patria" y devolver la esperanza a los dominicanos, asegurando que para ello se recuperarán los valores, orgullo y principios morales de la dominicanidad".
"El Partido Esperanza Democrática, surgió motivado por la evidente carencia de liderazgo político en la República Dominicana y conscientes de nuestra responsabilidad, con una determinación indetenible por aportar ideas modernas, transparencia, constitucionalidad, respeto, eficiencia y progreso en la administración pública, persiguiendo siempre la recuperación de los valores tradicionales, el orden, la paz, justicia y la grandeza del país", terminó diciendo Domingo Trujillo, y otros bla, bla, bla...
De inmediato, las adhesiones a este nuevo partido y apoyo a su "líder" no se hicieron esperar. Entre esos nuevos militantes sobresale una forista que se hace llamar Luzclarita, quien "tan humana, cristiana y moderna", después de expresar su dominicanidad, asco y odio por lo haitianos y dominicos-haitianos, invita a estas criaturas a suicidarse en masa, y a que los verdaderos dominicanos, al son de Dios Patria y libertad, los matemos a todos, sin reparar en que sea a machetazos, hachazos, a palos, puñadas, garrotazos, tubazos, o degollándolos, empalándolos, destazándolos, destripándolos, quemándolos vivos, ahorcándolos guindados o estrangulados con nuestras manos, disparándole, ametrallándolos en masa, amarrados, tirarlos vivos mar, lapidarlos, crucificarlos, y usar de cualquier invento o artefacto que nos permita eliminarlos a todos. A tal genocidio aspira Luzclarita, y otros fascistas (perdón)... foristas, que dicen ser cristianos, y para ello, apoyan con todos los hierros y el alma, a la nueva esperanza de la patria, el "ínclito-perínclito", Rafael Domínguez Trujillo.
Entre este selecto grupo que apoya al líder de marras, tenemos a los que en los medios se hacen llamar: El cien pie haitiano, Lorgo el imbatible, el hijo del jefe, M16, cocoliso, Meketrefe, el zafacón, la leyenda, el lokito, el cocotú, yeyo, la chancleta, la cotorra, la chapiadora, el terrible, el deguellador, la ciguapa, la culebra, Herminia, el destripao, el arrancao, la cacata, boque e'piano, y otros recios individuos con gran interés por el futuro de la patria, según afirman ellos. También, asumo, que simpatizan con este partido, intelectuales con fuerte vocación trujillista, como el ario Manuel Núñez y Vincho Castillo entre otros gendarmes de la dominicanidad.
Ahora bien...existe un problema legal con carácter constitucional a resolver, para que el aspirante a presidente Rafael Domínguez Trujillo (Luis Ramfis Domínguez Trujillo), pueda competir legalmente por esa posición. A seguidas transcribo el texto constitucional que establece este impedimento, cit
Artículo 20.- Doble nacionalidad. Se reconoce a dominicanas y dominicanos la facultad de adquirir una nacionalidad extranjera. La adquisición de otra nacionalidad no implica la pérdida de la dominicana.
Párrafo.- Las dominicanas y los dominicanos que adopten otra nacionalidad, por acto voluntario o por el lugar de nacimiento, podrán aspirar a la presidencia y vicepresidencia de la República, si renunciaren a la nacionalidad adquirida con diez años de anticipación a la elección y residieren en el país durante los diez años previos al cargo. Sin embargo, podrán ocupar otros cargos electivos, ministeriales o de representación diplomática del país en el exterior y en organismos internacionales, sin renunciar a la nacionalidad adquirida. (Fin de la cita)
¿Cómo afecta esta normativa constitucional las aspiraciones del señor Domínguez Trujillo? Veamos:
Si él, en la fecha actual (18/11/2014), renunciase a la doble ciudadanía que tiene y se fuese a vivir a la República Dominicana por diez años ininterrumpidos, para dar cumplimiento a la norma constitucional referida, por estas exigencias, el tendría que esperar hasta el 18 de noviembre del 2024 para poder aspirar a presidente de la República por un partido, ante la Junta Central Electoral. Pero sucede, que en ese año 2024, habrá un gobierno que durará hasta el 2026, fecha en que el señor Domínguez Trujillo, estará próximo a cumplir 60 años. Esto implica, que si ahora, él está pelón y "divariando", para esa fecha por venir, estará completamente "pelao y algo ido, lo que conlleva, que sería descartado para sus aspiraciones presidenciales, en base a consideraciones psiquiátricas y geriátricas prematuras.
¿Sabrán sus seguidores estos datos? Si no lo saben, aquí se los expongo, para que no se dejen engañar doblemente, por este individuo que no pinta nada bueno, para el presente y futuro de nuestra República Dominicana.
En el muro de Sara Pérez, podemos leer el párrafo siguiente: "En cualquier familia, hay gente mediocre, retorcida, miserable, que no sirve, que está podrida, que se cree dueña de las vidas del resto y que se cree con derecho a meter sus dedos mugrosos en la existencia de los demás. Son gente que mantiene vivo el SIM de Trujillo y que no reconoce, ni concibe el derecho de otros a protestar cuando una alimaña rastrera atropella impunemente a un país completo".
Tiene toda la razón Sara Pérez, de cualquier familia honorable puede salir un perverso, pero también un hombre o mujer de bien. En mi trabajo titulado "Sugerencias a Leónidas Ramfis Domínguez Trujillo" publicado en el periódico digital almomento.net, en fecha 20 de febrero del año en curso, narro, como Juan Pablo Escobar Henao y Manuela Escobar Henao, hijos de que fue el más temido narcotraficante de Colombia, le pidieron perdón a su pueblo, reconociendo todo el daño que su psicópata padre, le había causado a su patria. Este pedido de perdón fue, es, y seguirá siendo algo sublime, bello y edificante.
En el trabajo referido, tomo este paradigma y lo presento como ejemplo a seguir por el nieto de Trujillo, para que en vez de andar defendiendo al bárbaro de su abuelo, haga enmiendas y mea culpa como ellos. Pero mi escrito en nada tocó las fibras de su díscolo ser. El anda por ahí, ofendiendo la memoria de los que fueron torturados en las cárceles y fincas de Trujillo y burlándose de los familiares, y de todo un pueblo que sufrió las atrocidades de ese sátrapa.
El señor Domínguez Trujillo, tiene que estar demente, o ser tan siniestro como su yayo, y además pensar, que todos los dominicanos somos desmemoriados, sinvergüenzas, cobardes, idiotas y alcahuetes, para atreverse a querer ser presidente de nuestra amada República, reivindicando a su tenebroso abuelo, sosteniendo que ese psicópata, era una gran ser humano, y sobre ello, tener la osadía y el irrespeto, de asemejarlo a los patricios.
De por medio hay demasiada sangre vertida, demasiados crímenes horrendos, así como también, torturas, encarcelamientos, abusos de poder, tiranía, violaciones a los derechos humanos, ladrocinios, atropellos infinitos, estupros, tragedias familiares, psicopatía comprobada y muchos más, para que ahora, a despecho de esas perversidades, se nos quiera meter en la cabeza, que el autor de tantas atrocidades, era un gran ser humano. Eso es una desfachatez... una falta de respeto a toda una generación que sufrió las embestidas de ese monstruo y a todo un pueblo, que todavía al día de hoy las sufre y las sufrirá, por mucho más tiempo.
En su actividad proselitista, sabemos que el "ínclito-perínclito" Domínguez Trujillo, está gastando muchísimo dinero del que heredó de los ladronicios de su desalmado abuelo a nuestro pueblo y de explotar principalmente a dominicos-haitianos, a quienes les robó el sudor y trató como a bestias de carga en los bateyes y en cualquier sitio.
En las actuales circunstancias, el pueblo dominicano está viviendo horas cruciales y definitorias de su historia presente y futura. Para que ésta historia no sea lo mismo que el funesto pasado, sus gobernantes, aparte de académicos, principalmente en ciencias económicas y sociales, también deben ser filósofos y humanistas, y por lo que veo, a este nieto de Trujillo, las virtudes de filósofo y humanistas le son doblemente ajenas, no porque sea nieto de Trujillo, sino, porque a diferencia de los hijos de Pablo Escobar Gaviria, él ha optado por persistir en el error y la maldad.
La era de Trujillo, es un capitulo trágico, bochornoso, fatal, macabro, amargo, deshonroso, horrible, triste...en la historia de la República Dominicana. Repetir esa afrenta, jamás, mucho menos, de manos de un nieto de ese engendro, que con sus propuestas y pronunciamientos ofensivos a nuestro pueblo, pinta que ha heredado la trastornada psiquis de su abuelo.
Domínguez Trujillo, en su proyecto político habla de orden, paz y justicia, y de recuperar la grandeza del país. En esas, para convencer y atraer a los incautos, alude a Dios, Patria y Libertad, grandezas éstas, incompatibles con un trujillismo, que no demuestra arrepentimiento por las salvajadas cometidas por sus ancestros, hechos de las cuales, claramente podemos inferir, que sus entendidos no son con Dios, como hipócritamente nos pregonan, sino, con el mismo Lucifer.
No obstante, la perversidad que pervive en este descendiente de Trujillo y sus seguidores, siempre habrá lugar para el arrepentimiento y la enmienda, por lo que espero, que en un tiempo no lejano, él, Luzclarita y demás supuestos cristianos y patriotas", sean transformados por el mismo rayo de luz con que fue derribado Pablo de Tarso camino a Damasco, para que destruidos los genes latentes en sus ADN, que los hacen proclives al mal, abandonen el mundo de tinieblas en que viven, y al efecto, se dediquen a construir y a amar, antes que a odiar y destruir, manipulando valores patrios, éticos, morales, humanos y religiosos.
Para Rafael Domingo Trujillo, el primer signo de ese cambio sería, empezar a pedir perdón al pueblo dominicano por las infamias cometidas por su abuelo, tal como lo hicieron en su momento los hijos de Pablo Escobar, en vez de estar glorificando, a quien en vida fue, algo más que un demonio.
De ser así, bienvenido sean él y sus seguidores al mundo del amor... y que ese su "Partido Esperanza Democrática" (PED) que nació natimuerto, debido a las trabas constitucionales que pesan sobre su líder, pase a ser un (EPD), es decir, una institución que en paz descanse.
Que Domínguez Trujillo y sus seguidores recuerden, que quien lava y limpia los pecados y concede la paz y la libertad verdadera, es la sangre de Cristo, no así la de Trujillo. Y por favor Domínguez Trujillo, no sume más ignominia y sufrimientos del que ustedes los Trujillo, le han infligido a nuestro pueblo. Que pare de una vez y para siempre, esa saga maléfica de Trujillo con su cadena de horrendidades, infligidas a nuestra patria.
Posdata: para ver el artículo referido sobre Pablo Escobar y sus hijos, ir al enlace siguiente:
Leonel Fernández a contracorriente
Con tantísimo poder, Leonel Fernández se embarcó en la reforma constitucional que culminó con la promulgación de la nueva Constitución el 26 de enero de 2010.
Para ser breve, el nuevo texto constitucional tenía tres objetivos principales. Primero, eliminar el “nunca jamás” para que Fernández pudiera repostularse. Segundo, satisfacer la ultra derecha, soporte clave del leonelismo, en la restricción de derechos de ciudadanía a descendientes de inmigrantes y derechos reproductivos de las mujeres. No por casualidad éstos han sido los temas constitucionales de mayores conflictos sociales, durante la reforma con el Artículo 30 y en el último año con la Sentencia TC 168-13. Tercero, crear un andamiaje jurídico-institucional con las altas cortes que permitiera a Fernández y a la ultra derecha dominar la agenda política y controlar los resortes del poder aún desde fuera de la Presidencia.
Por su formación política, oratoria y experiencia de Estado, Leonel Fernández se presentó, y así lo vio un amplio segmento de la población, como el líder de primacía del PLD y del país. En ese contexto, Fernández y sus seguidores vieron la salida de la Presidencia en el 2012 como un receso temporal obligado porque no era factible cambiar tan rápidamente la Constitución.
En meses recientes, los vientos favorables que Fernández anunció para su candidatura presidencial en el 2016 se han dilatado en llegar por lo siguiente:
Primero, el poder es relacional, no infinito. Cuando Danilo Medina asumió la Presidencia, Fernández tenía que retirarse. Se resistió, y se convirtió en el foco del descontento que generó el aumento de impuestos a fines de 2012. Habiendo sido Presidente por ocho años, ¿a quién culpar del déficit? Danilo salió ileso y victimizado, Leonel atacado, disminuido y atormentado. De eso nunca se ha recuperado.
Segundo, durante el 2004-2012, el Presupuesto Nacional se infló, la deuda pública aumentó, y las grandes obras de construcción sirvieron de soporte político. En un país sin controles efectivos en la administración pública, ese fue el botín de enriquecimiento de la cúpula política. En países de alta corrupción y alta impunidad como República Dominicana, la corrupción es de dominio público, y sólo genera vendavales cuando hay fuertes clivajes en los altos estamentos de poder. La magnitud de estos clivajes quedará pronto develada según avance, se estanque o caiga el expediente de Félix Bautista. Mientras tanto, Leonel Fernández está en el ojo del huracán de la corrupción junto a sus cercanos colaboradores.
Tercero, los danilistas y todos los aspirantes presidenciales del PLD saben que el león a domar es Leonel Fernández. El altísimo nivel de aprobación de Danilo Medina derrumbó la idea de que en el PLD o en el país hay un solo líder. Los danilistas se sienten empoderados y no quieren ceder tan fácilmente. Los demás aspirantes saben que para poder competir tienen que debilitar a Fernández. En fin, el PLD que fuera devoto de su líder se fragmenta ahora en adhesiones.
Ante estos obstáculos, Fernández va a contracorriente con sus aspiraciones presidenciales. En vez de resguardarse y recalibrar, se expone y repite errores. Y eso, que la oposición partidaria está en el suelo.
Vainas y sables en el PLD
Por LUIS R. DECAMPS R.
El grueso de los analistas y observadores del panorama político dominicano coincide actualmente -punto más, punto menos- en que bajo las condiciones prevalecientes y al margen de quien sea su candidato presidencial -en general y con ciertas gradaciones que no pueden ignorarse-, el PLD es la organización política “a vencer” en la consulta electoral pautada para el mes de mayo del año 2016.
(Cuando se alude a las “condiciones prevalecientes” se está hablando aquí, sobre todo pero no únicamente, de los dos elementos nodales de la coyuntura de hoy: la indiscutible fortaleza política que exhibe el peledeísmo -entendido éste una como corporación partidarista y empresarial con múltiples ramificaciones interiores y exteriores, no como la estructura orgánica unitaria que fue hasta hace algunos años- y la dispersión corpóreo-conceptual que acusa la insípida y timorata “oposición” -así, entre comillas- que se gasta en estos momentos nuestra democracia).
Sin embargo, valga la precisión, el juicio que precede es únicamente válido dentro de las “condiciones” reseñadas y, por supuesto, si el PLD “torea” adecuadamente los desafíos que tiene ante sí en el presente y el porvenir inmediat es cada vez más evidente que en el interior y en los entornos de ese consorcio político-económico hay ruidos, turbulencias y hasta amenazas de cruces de sables que, si no se conjuran a tiempo, podrían poner en entredicho esa perspectiva favorable a sus intereses que es perceptible en buena parte del país.
En efecto, la vida doméstica del PLD de hoy no exhibe la uniformidad orgánica, la “disciplina” y la apacibilidad que tantos elogios le hicieran ganar en el pasado: a los aspavientos creados por el tema de la reelección (aún no dirimido concluyentemente a pesar de lo que se quiere vender hacia afuera) ahora se les han sumado los alborotos generados por la decisión de las altas instancias del Ministerio Público (encabezadas por el doctor Francisco Domínguez Brito, un subalterno coyuntural -¡ojo!- del presidente Danilo Medina) de promover el encausamiento judicial del senador Félix Bautista (un “enfant terrible” para muchos de sus conmilitones, pero colaborador casi de aposento del ex presidente Leonel Fernández).
Al margen de cualquier consideración sobre sus fundamentos o su justeza (como es harto sabido, el autor de estas líneas está inscrito en la corriente de opinión que favorece la investigación de toda persona sospechosa de corrupción), si el procesamiento judicial del ingeniero Félix Bautista no es parte de la política de “impugnación, acoso y derribo” que se ejecuta contra el doctor Fernández desde los litorales del sector peledeísta de Medina aplicando la vieja “maña” de María Ramos (la que “tira la piedra y esconde la mano”), por lo menos desempeña un rol conscientemente funcional a ella: le cae como anillo al dedo.
Y es que, ciertamente, si hay algo que está claro en estos instantes es que la premisa esencial para intentar procurarle viabilidad al proyecto reeleccionista reside justamente en sacar de la contienda al doctor Fernández (luego, y sobre esta base, se diseñaría la estrategia para la reforma constitucional que se requiere), quien es -a contrapelo de los cuestionamientos que les hacen importantes sectores de la vida nacional por su responsabilidad política en hechos punibles de variada naturaleza- el precandidato que está en mejores condiciones de constituir una alternativa a aquel en los aprestos del peledeismo por mantenerse en el poder.
(El ex mandatario parece tan consciente de lo que se acaba de decir que, debido a que sus “vientos” de clamor popular no han logrado amainar las apetencias reeleccionistas, se acaba de decantar por una senda que lo coloca en riesgo de ser acusado de soberbi un acto -simbólicamente guerrerista, y no por la turba morada que agredió a periodistas y protestantes- en el que aparece santificado por representativos del gran empresariado nacional, una parte de los cuales -por cierto- previamente se había pronunciado en contra de la repostulación del presidente Medina esgrimiendo un argumento simplón que no logra ocultar el refajo porque no se usó en el pasado en circunstancias parecidas que favorecían al doctor Fernández: señalando -con cierto aire de fementida flema inglesa- que el “problema” es que la Constitución la prohíbe).
Ya algunos miembros de la cúpula morada han lanzado gritos de alerta en torno a la peligrosidad de la situación (como la advertencia genérica hecha por el doctor Euclides Gutiérrez Félix) y llamados para enfrentarla con el bastón disciplinario, pero un hecho es revelador de que la misma tiene meollos y meandros realmente inéditos: que el todopoderoso Comité Político (bastante conocido como “papá pegón” en caso de desavenencias o contrariedades interiores), en una actitud de vacilación indudablemente sospechosa, hasta el momento ha sido renuente a discutir los temas conflictivos que hoy parecen dividir a los peledeístas.
Obviamente, esa rara postura no puede ser resultado sino de una situación: entre los miembros del Comité Político del PLD no hay en estos instantes posibilidad de consenso sobre los referidos tópicos, y su división al tenor es tan profunda e inconciliable que se teme que las discusiones en cuestión produzcan secuelas contraproducentes: radicalización, intercambio de “verdades” y levantamiento de muros de incomunicación. La conclusión, pues, se cae de la mata: hay que jugar al tiempo para ver si las aguas se calman o, en el peor de los casos, aguardar por “mejores circunstancias” para desarrollar la controversia.
Desde luego, esas “mejores circunstancias” pueden referirse a dos posibilidades: la primera sería que aparezca un grupo promotor del consenso (como aconteció para las elecciones de 2012, cuyo vocero lo fue el doctor Gutiérrez Félix, según confesión propia) y se produzca un gran acuerdo “en la cumbre” con base en un “armisticio” de aposento y una candidatura presidencial intermedia; y la segunda implicaría que el danilismo abandone definitivamente toda aspiración reeleccionista y le abra las puertas a la candidatura del doctor Fernández o, por el contrario, que el leonelismo se convenza de que el de hoy no es su “momento” y se avenga a la “necesidad” de que el presidente Medina opte por una repostulación.
(En relación con el porvenir inmediato del doctor Fernández conviene no olvidar que si bien es cierto que las encuestas -contrariando la percepción social generalizada de que él encabezó un régimen de graves inconductas e “indelicadezas”- lo sitúan en una posición envidiable de preferencia para las próximas elecciones, no lo es menos que su estrella política no tiene los resplandores del pasado reciente, pues en ninguno de sus lances anteriores había encarado una oposición ciudadana tan beligerante ni tampoco se había visto con tantos cuestionamientos y escollos en el camino... En el lenguaje deportiv mientras en 1996, 2004 y 2008 corría en el “carril de adentro” con el público mayoritariamente a su favor, ahora lo hace en el “carril de afuera” con el público mayoritariamente en contra).
Por otra parte, se sabe que los tambores reeleccionistas sólo podrían ser silenciados definitivamente por el propio presidente Medina (y los leonelistas son los primeros en tener conciencia de ello), pero también es historia conocida que las demandas de la “realpolitik” y la lógica de operación cotidiana del Estado (el miedo a la “soledad del poder”) se lo impiden a la distancia actual de casi dos años para la terminación de su período de elección: el jefe de Estado tiene que cuidarse de la “sangría” de apoyos que produce la cercanía del fin de mandato y, además, guardar su principal arma de negociación interna para cuando llegue el tiempo de ésta.
Naturalmente, debido precisamente a que está en manos del presidente Medina (un armador por excelencia y un pragmático por antonomasia), el asunto de la repostulación y la reelección -contrariamente a lo que creen algunos desde la oposición- podría tener un desenlace feliz en cualquiera de sus sentidos posibles (esto es, aceptándola o resignándola), y su verdadera peligrosidad reside en qué tanto puede dañar o no de manera irreparable la imagen y la unidad del PLD en el camino, es decir, mientras se discute y define... O sea: el tiempo puede ser un aliado, pero también un sepulturero.
En realidad, más azaroso y potencialmente dañino para el PLD lo es el tema de la corrupción, pero no exactamente porque vaya a afectar sus niveles militantes de adhesión político-electoral (la hipocresía social, su formidable aparato clientelar y su avasallante control mediático, lo “blindan” bastante bien en este sentido), sino por las heridas internas (en algunos casos con tendencia a convertirse en llagas purulentas) que ya ha provocado y podría seguir produciendo... En la política dominicana moderna lo que importa no es que se sea o no “uñas largas”: lo que impacta es que se diga o no, porque la mera denuncia se interpreta como “lodo” contra la reputación, y ya se sabe en lo que esto termina entre compañeros.
En ese contexto, y por encima de sus deseos, los peledeístas tendrían que enfrentar un par de desafíos difíciles de superar: la reconciliación después de una tormentosa batalla referida a la ética y a la preservación de los bienes (leimotiv del resentimiento político-personal más borracoso, según Maquiavelo) y el desmadre que podría implicar para su cúpula dirigencial el posible “efecto dominó” de las investigaciones y los encausamientos: el caso del senador Bautista sería la puerta de entrada para sentar en el banquillo de los acusados a mucha gente tanto dentro como fuera del PLD.
Es natural, pues, que la posibilidad de concreción de este “efecto” (léase: que los imputados por el rumor público de corrupción tengan que rendir cuentas ante los tribunales para esclarecer el origen de sus fortunas) siembre el pánico en no pocas instancias del peledeismo gobernante, la “clase” política y hasta el empresario nacional. En otras palabras, como ha sugerido el propio senador Bautista (“si yo caigo, otros caerán conmigo), el asunto no es tan simple como se ve: demasiadas barbas ya debe haber en remojo ante la amenaza de incendio, y no sólo en el PLD -se reitera- sino también en cierta “oposición” y en el mundo de los negocios privados... No es casualidad que haya tanta gente de diferente prosapia social y política (una verdadera “santa alianza”) buscando cómo descalificar al doctor Domínguez Brito (¡por sospecha de ser precandidato presidencial!) e indirectamente defender al senador Bautista.
Por lo demás, en lo que concierne al tema de la corrupción tampoco hay que ser más ingenuo de la cuenta: el doctor Domínguez Brito puede tener “cabeza propia” y hasta podría estar buscando bonificación política y recibiendo apoyo de la embajada estadounidense (normal en nuestro mundo global porque las prácticas corruptas afectan el comercio internacional y tocan a recursos provenientes de ayudas, donaciones o préstamos públicos blandos), pero -como se insinuó arriba- su permanencia en la Procuraduría General de la República depende de un decreto presidencial... Más claramente: el jefe del Ministerio Público sólo podrá llegar en su cruzada contra el senador Bautista hasta donde lo permita el presidente Medina... ¡Ni más ni menos, Perogrullo!
Por eso, el autor de estas líneas (que tiene tres decenios presenciando espectáculos con fuegos artificiales en materia de lucha contra la corrupción) debe confesar que, a despecho de sus deseos, aún es prisionero del escepticism no descarta que todo devenga nuevamente circo fatuo y, a la postre, se termine aplicando la antigua conseja del compadrazgo y la impunidad: “Hoy por mí, mañana por ti”... Sería terrible y frustrante, sin dudas, pero nada nuevo en esta tierra de nuestros amores y nuestros dolores... (¡Zafa!).
Insolente atropello a nuestra independencia
Por L. RAMFIS DOMÍNGUEZ-TRUJILLO
Hace un par de semanas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió su fallo sobre el caso de Personas Dominicanas y Haitianas Expulsadas, que fue sometido a su jurisdicción el 12 de julio de 2012. Este dictamen de la CIDH pretende imponer sobre nuestra Constitución y nuestras leyes su criterio sobre quien califica para la ciudadanía Dominicana. En su ignominioso veredicto, se toma la atribución de aseverar que la ley 169-14 endilga la condición de extranjero a quien le corresponde nuestra nacionalidad, y pretende obligar a la República Dominicana a modificar su Carta Magna para aplicar la disposición de jus solis (que otorgaría la nacionalidad a aquellos nacidos en territorio nacional).
Su sentencia ordena a la República Dominicana adoptar “las medidas legislativas, inclusive, si fuera necesario, constitucionales, administrativas y de cualquier otra índole que sean necesarias para regular un procedimiento de inscripción de nacimiento que debe ser accesible y sencillo, de modo de asegurar que todas las personas nacidas en su territorio puedan ser inscritas inmediatamente después de su nacimiento independientemente de su ascendencia u origen y de la situación migratoria de sus padres”
Este dictamen no solo es un atropello sin precedente a nuestra Soberanía, sino que también se emitió en franca violación incluso a pactos internacionales que anteceden su institución como lo es la Convención sobre Nacionalidad de la Haya del 1930, que en su Artículo 1 establece que “es discreción de cada Estado determinar, bajo su propia legislación, quienes son sus ciudadanos. Esta legislación será reconocida por otros Estados en la medida que sea compatible con las Convenciones Internacionales y la práctica internacional, y con los principios de derecho generalmente reconocidos con respecto a la nacionalidad”
Por ende, los elementos que sustentan la otorgación de nuestra nacionalidad se deben delimitar exclusivamente por las autoridades competentes de nuestro país y absolutamente nadie tiene el derecho de inmiscuirse en estos asuntos propios de nuestra Soberanía, siempre y cuando nuestras leyes no contravengan los convenios y las normas internacionales.
En ese sentido es provechoso señalar que tanto la disposición de jus solis como la de jus sanguinis son comunes en la aplicación, siendo empleadas rutinariamente por las constituciones de diversos países del mundo. Asimismo debemos resaltar el Artículo 15 de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 que establece que “toda persona tiene el derecho a una nacionalidad. A nadie se le privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.” Consecuentemente es necesario aclarar que la Constitución Haitiana otorga su nacionalidad a todos los hijos de nacionales haitianos y que la República Dominicana igualmente cuenta desde el 1948 con la ley 1683 de Naturalización, que le ofrece a cualquier ciudadano del mundo los mecanismos para convertirse en nacional dominicano.
En 1955 la Corte Internacional de Justicia además fijó como fundamento del derecho a la nacionalidad, un auténtica y efectiva atadura entre el individuo y el Estado por lo que declaró que “la nacionalidad es un vínculo legal que tiene su base en una realidad social de unión, una genuina conexión de existencia, interés y sentimientos, junto con la existencia de derechos y deberes recíprocos.” Este punto es de particular interés y debe ser escudriñado a fondo, pues es un precepto básico que no puede carecer en aquellos que pretenden acogerse a la nacionalidad dominicana o de cualquier otro país. Cuando el asentamiento ilegal de un extranjero y su descendencia obedece a la necesidad económica, social o política, es evidente que su legítima motivación incumple con el criterio puntualizado por éste tribunal. El rigor del proceso de naturalización que exige nuestras leyes sirve para del mismo modo determinar el afianzamiento de éste canon como precedente invariable a la hora de conferir nuestra ciudadanía.
El radicalismo del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos -que atenta de manera absolutamente grotesca e irrespetuosa sobre nuestros derechos como país libre y soberano- obedece a las mismas presiones internacionales que persiguen someternos a sus infortunadas injerencias. Es evidente que la gama de precedentes jurídicos favorece el respeto a las decisiones individuales de cada Estado en temas de nacionalidad, con un modelo de raciocinio y lógica ampliamente corroborado. Absolutamente ningún organismo internacional adquiere el derecho de mancillar nuestra libertad, pues esa epopeya la alcanzamos a costa de numerosas conflagraciones bélicas y de sangre de nuestros dominicanos; nadie nos la regaló.
Este insolente atropello a nuestra independencia merece una postura clara y contundente de nuestro Primer Mandatario, pues los afanes desmedidos por subyugarnos, jamás se conformarán aún con la actitud indulgente, débil y sumisa que hemos demostrado hasta ahora, que también infringe directamente con el espíritu independentista y los principios que una vez concibieron nuestra Soberanía.
¡Que viva por siempre la República Dominicana!
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