¡Cuántas veletas sin rumbo en el PLD!
Por EUCLIDES GUTIERREZ FELIZ
El Partido de la Liberación Dominicana, al parecer por decisión de un sector sin importancia en sus filas, que habla sin medir las consecuencias de las cosas que dice, marcha a paso doble por el mal camino.
Ese grupo habla sin medir las consecuencias y de los planteamientos que hace y que manifiesta públicamente, a través de los medios de comunicación que existen en el país, olvidando que en política lo que más conviene es hablar poco, porque en términos históricos, lo que se toma en cuenta son las cosas que se realizan en beneficio de los pueblos, sobre todo cuando son dirigidos por organizaciones como el partido que concibió, fundó y organizó Juan Bosch, el Gran Maestro político, dominicano y de América.
El autor de esta columna, que no ha sufrido de abatimiento ni de vacilaciones y que pertenece al reducido grupo de hombres y mujeres que abandonaron las filas del PRD acompañando a don Juan, ha comenzado a sentirse avergonzado de la verborrea, los absurdos y disparates políticos de algunos compañeros con diferentes categorías de autoridad en las filas peledeístas. Para nosotros es realmente vergonzoso que algunos compañeros estén de espalda a la realidad que vive el pueblo y que además ignoren que estamos en la obligación de fortalecer al PLD, porque dos PRD no caben en el país.
Externamos nuestra opinión cuando prematuramente se dio inicio a la campaña electoral interna, convencidos de que no era el momento para lanzarse a esa actividad, distrayendo al PLD de la tarea fundamental a la que está obligado a enfrentar y cumplir. Compromiso, que obliga trabajar en una sola dirección para que el gobierno del PLD que preside Danilo Medina realice una labor que amplíe y profundice la autoridad y la confianza que la mayoría del pueblo ha depositado en nosotros.
No hay nada más importante en el horizonte inmediato del porvenir. No hay nada más importante que esa responsabilidad histórica que tenemos en nuestras manos. Parece, lo lamentamos profundamente, que nuestros compañeros no se han dado cuenta que fuerzas externas que gravitan en la vida del pueblo dominicano y de otros pueblos de esta región de hispanoamérica, el objetivo que persiguen es desplazar del poder al PLD.
No importa cuál sea el candidato que aspire a ganar las elecciones y la de obstaculizar el éxito de la gestión gubernamental del presente gobierno, propagando acusaciones nocivas y difamatorias contra el Estado que fundaron los Trinitarios Republicanos, en febrero del 1844. Actuar de espalda a esa realidad es un acto de inconsecuencia y de irresponsabilidad que lo único que genera es la alegría de nuestros adversarios que se manifiesta en la radio, en la televisión y los medios escritos, permanentemente.
Es indetenible, al parecer, disminuir en su agresividad, fabulación y disparates esa caballería de pseudos comentaristas y columnistas que pretenden dirigir al PLD, sin tener ninguno de ellos experiencia en la militancia política. ¡Cuántas veletas sin rumbo! y ¡cuántos emborrona cuartillas y cagatintas!, a veces lo que provoca es risa y otras veces un sentimiento de lástima al apreciar hasta dónde alcanza la inconsecuencia e improvisación en el escenario dominicano.
No apoyaremos nunca ningunos de estos planteamientos, que la mayoría de las veces han sido ideados y preparados con perversidad por nuestros adversarios extranjeros y criollos, y no levantaremos nunca la mano para votar a favor de estos absurdos infantiles.
La vergüenza
Por EDUARDO JORGE PRATS
A raíz de la Sentencia TC 256/14 del Tribunal Constitucional (TC) respecto a la constitucionalidad del Instrumento de Aceptación de la Competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), muchos estudiantes y participantes en las redes sociales afirman que sienten vergüenza por este fallo. Esto me acuerda un artículo reciente de Guillermo Sheridan donde cita un poema de Octavio Paz, en el que se refiere a la muerte de los estudiantes en Tlateltoco. En el mismo, Paz, ante la vergüenza de esta tragedia, incorpora a su poema un pensamiento de Marx: “La vergüenza es ira vuelta contra uno mism si una nación entera se avergüenza es león que se agazapa para saltar”.
La cita de Marx es extraída de una misiva a su camarada Arnold Ruge en 1843: “Por lo que leo en la prensa, Alemania está hundida en el lodo y se hundirá más aún”. Su vergüenza se origina en “la vacuidad de nuestro patriotismo y la anormalidad de nuestro sistema de Estado”. Para Marx, “la vergüenza ya es una especie de revolución; […] La vergüenza es una especie de cólera hacia adentro”. Marx cree que la “vergüenza aún no se siente en Alemania, al contrario, esos miserables aún se tienen por patriotas”. El Estado, considera, “es algo demasiado serio para convertirlo en una arlequinada. Un barco lleno de idiotas puede bogar un rato a merced del viento, pero llegará a su destino precisamente porque los idiotas no creen que pueda suceder. Y ese destino es la revolución que nos espera”. La revolución que quiere Marx es la de los “hombres libres, los republicanos” contra los filisteos; es decir, hacia “la dignidad personal del hombre”, hacia el “Estado democrático”.
En el caso dominicano, como afirma Sheridan respecto a México, “no toda la nación tiene vergüenza”. Hay quienes –quizás la gran mayoría, si lo medimos partiendo de como casi todo el establishment político ha apoyado la sentencia del TC- se sienten orgullosos de como la República Dominicana, teniendo una Constitución que proclama su apego al Derecho Internacional (artículo 26); habiéndose adherido libremente a la competencia de la Corte IDH mediante un instrumento que no constituye un tratado internacional que requiera ratificación congresual; habiendo ratificado en los hechos la competencia de ese tribunal a través de la representación legal en causas y la nominación de una juez que finalmente fue incorporada al colegio de ese tribunal; teniendo una Ley Orgánica del Tribunal Constitucional y de los Procedimientos Constitucionales que le reconoce valor vinculante a las decisiones de la Corte IDH; habiendo la Suprema Corte de Justicia reconocido la competencia de esta Corte en decisión que el TC cita como si el tribunal supremo hubiese invalidado dicha competencia; a pesar de todo ello –reconocido en los valientes y bien fundamentados votos disidentes de Ana Isabel Bonilla, Hermógenes Acosta de los Santos y Katia Miguelina Jimenez,- declara inconstitucional la adhesión a la competencia de la Corte IDH.
Y no es que esta decisión del TC vaya a tener ningún impacto en el plano internacional. De acuerdo a la doctrina estoppel, el Estado no puede negar la verdad de ciertos hechos cuando ha adoptado una conducta jurídica contraria a dichas manifestaciones. La única manera para desvincularse de la competencia de la Corte, es la denuncia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) como un todo. Pero para ello, se requiere una reforma constitucional que efectivamente nos desvincule del sistema de protección interamericano de derechos humanos, pues la Constitución constitucionaliza la CADH en el artículo 74.3. Por lo tanto, la decisión de nuestros jueces constitucionales especializados no producirá ningún efecto sobre la competencia contenciosa de la Corte IDH. La Corte continuará conociendo los casos que se presenten contra República Dominicana. Así las cosas, si el Estado dominicano no cumple con las decisiones emitidas por la Corte IDH, ello acarrearía su responsabilidad internacional.
Pero lo peor de todo es que este flagrante desacato del TC y del Poder Ejecutivo a las decisiones de la Corte IDH tendrá consecuencias graves para el país, pudiendo acarrear sanciones que afectaran el comercio exterior, el turismo y la inversión. Es un grave retroceso que nos aislará de nuestros principales socios comerciales, Estados Unidos y Europa, y que nos someterá a constantes críticas en los foros internacionales. Por demás, es una decisión irrealista, pues no toma en cuenta los factores del poder, el peso del lobby haitiano y caribeño en Estados Unidos y el hecho de que la prohibición del racismo, la discriminación y la apatridia son la base del Derecho Internacional. Así estamos perdiendo la gran oportunidad de tomar en serio la cuestión haitiana; aplicar adecuadamente el régimen constitucional de nacionalidad; repatriar con debido proceso a los inmigrantes irregulares; sancionar a las empresas que contratan mano de obra ilegal; dominicanizar y desarrollar la frontera; y encausar criminalmente a las autoridades que se dedican al tráfico ilícito de haitianos. La ley de países débiles como la República Dominicana es la ley y hemos echado por el suelo el único instrumento con que los David enfrentan a los Goliat: el Derecho. Qué vergüenza!
La sociedad merece una explicación
Por SAUL PIMENTEL
Once días después del incendio que un joven provocó en uno de los vagones del Metro de Santo Domingo, una ola de misterio sigue rodeando este caso debido a que las autoridades dominicanas y ni siguiera los medios de comunicación han ofrecido una explicación clara al respecto.
Preguntas obligadas que muchos nos hacemos son las siguientes:
1) ¿Qué motivó al joven Franck Kelin Holguín Medina a cometer este hecho?
2) ¿Fue un caso de terrorismo o un hecho de un maniático?.
3) ¿Su intención era destruir las instalaciones del Metro o provocar una tragedia colectiva?.
4) ¿Actuó por encargo de alguien o se trató de una reacción suya fruto de alguna frustración personal?
5) ¿Cuál es el entorno social en el que él vivía?.
6) ¿Quiénes son sus padres y amigos, y qué dicen éstos del atentado?.
7) ¿Cuál ha sido el discurrir de su corta vida de 21 años?
Han sido dispersas e imprecisas las informaciones oficiales sobre este caso .Aunque las autoridades han prometido esclarecerlo, por razones que se desconocen no lo han hecho, a pesar de que hace once días ocurrió es tiempo suficiente para ello.
Pareciera como si se estuviera jugando al “olvido colectivo”.
Ciertamente, la sociedad dominicana merece una explicación. Sólo así se evitaría que el morbo popular siga pariendo especulaciones.
0 Comentarios