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OPINIONES:


OPINION: Reformar también el Sistema Electoral
abogado, miembro titular de la Junta Central Electoral. 
Reside en Santo Domingo.

Reformar también el Sistema Electoral


Las élites políticas y la sociedad civil, finalmente, han sido invitados a la mesa del dialogo. En la misma será servido un menú que se limitará, exclusivamente, a la creación de una Ley de Partidos y a la modificación de la Ley Orgánica Electoral. Se pretende que estas iniciativas sean degustadas como si fueran la quintaesencia para la solución de todos los males que pervierten nuestra defectuosa democracia representativa.
Muchas veces nuestros partidos y la sociedad civil, se obsesionan con determinados aspectos relativos a las normas políticas, tal y como ocurrió, por ejemplo, con la desacertada decisión de unificar las elecciones y de crear el Tribunal Superior Electoral, y no toman en cuenta, en las escasas ocasiones en las que se llevan a cabo las reformas, otros temas de igual relevancia. En esta oportunidad la fijación es la Ley de Partidos Políticos.
Esta es la única explicación para que diversos temas que afectaron a los partidos de oposición, en los comicios que acaban de transcurrir, entre los que se encuentran la distribución de los escaños de senadores, de diputados y de regidores, no hayan sido propuestos por estos para ser incorporados al dialogo que, hace más de veinte años, pastorea Mons. Agripino Núñez Collado.
¿Cómo se puede justificar que un partido político pueda llevarse todos los escaños de senadores en unas elecciones? Esto es lo que ha ocurrido en las diferentes elecciones congresuales, debido a que el diseño del sistema electoral lo permite. Por esta razón, en los hechos, la teoría de la división de poderes de Montesquieu se cumple precariamente en nuestra democracia. En ese sentido, los tres poderes tradicionales, conjuntamente con los llamados órganos extrapoderes, prácticamente han sido fusionados en uno solo: el Ejecutivo. Esto demuestra que es necesario reformar urgentemente el sistema electoral de caras a las elecciones del 2020.
Para el politólogo alemán, Dieter Nohlen, “el concepto sistema electoral en su sentido restringido –y científicamente estricto–, se refiere al principio de representación que subyace al procedimiento técnico de laelección, y al procedimiento mismo, por medio del cual los electores expresan su voluntad política en votos que a su vez se convierten en escaños o poder público”.
De los diez países latinoamericanos con sistema bicameral, solo en la República Dominicana se elige el Senado por mayoría relativa en circunscripciones uninominales. El modelo argentino contempla la elección de tres senadores por provincia, de los cuales al partido que obtiene la mayoría de los votos le corresponden dos escaños y al que ocupa el segundo lugar uno.  En este sistema electoral, diferente al nuestro, ningún partido tiene la posibilidad de controlar plenamente la Cámara Alta.
En el caso nuestro sería conveniente que el Distrito Nacional y las provincias de Santo Domingo, Santiago, San Cristóbal y La vega, en razón la densidad poblacional de cada una, tengan tres escaños de senadores, distribuidos de modo similar que el modelo argentino. Por otro lado, los senadores deben ser elegidos de manera directa por los electores y no por el arrastre de los diputados.
De ser aprobada una Ley de Partidos que garantice el respeto de la voluntad expresadas democráticamente en las urnas por los militantes de los partidos, se podría eliminar la modalidad del voto preferencial y retornar a las listas cerradas y bloqueadas.  Sin embargo, lo que no debe estar sujeto a las garantías que pueda ofrecer la ansiada Ley de Partidos es la sustitución, para beneficio de las minorías, de la fórmula d´Hondt empleada para la distribución de los escaños de diputados y regidores por la de restos mayores.
Por lo expresado anteriormente, tanto la democratización del poder como el diseño de un auténtico sistema electoral representativo, deben ser integrados al dialogo sobre las reformas políticas.
OPINION: Leonel ante el espejo de Bill Clinton
economista y comunicador. Reside en Santo Domingo.

Leonel ante el espejo de Bill Clinton

Leonel Fernández es un líder de dimensiones extraordinarias. Un estadista de primer orden. Es uno de los principales capitales políticos que tiene el PLD y el país. Es el presidente de la principal organización partidaria de la nación, ha sido tres veces presidente y ha realizado tres de los mejores gobiernos de la historia dominicana, a pesar de las acusaciones y falacias en su contra. Leonel es una realidad política de gran significación y un probable pre-candidato presidencial del partido de gobierno, pues a pesar de que ha sido tres veces presidente, la constitución le permite participar como candidato en el 2020. Y a eso tiene todo el derecho y muchas posibilidades.
Sin embargo, siempre he afirmado que tanto Leonel como Danilo, tienen un gran sentido de la historia. Esto significa que saben adoptar la decisiones convenientes en el momento adecuado y que siempre ponen sus intereses personales por debajo de los intereses de su proyecto partidario y del país. Leonel lo ha demostrado en varios momentos de su carrera política, siendo la más reciente en las pasadas elecciones cuando intentó ser candidato, pero ante la reelección indetenible del presidente Medina no tuvo más opción que apoyarla y trabajar por ella.
Pienso que  el ex-presidente Fernández está viviendo un interesante momento de definición de su futuro político. Acorralado por las circunstancias, siente que tiene todas las posibilidades de ser el candidato del PLD en el 2020 y el virtual próximo presidente de la república. Empero, sobre él todavía pesa un importante rechazo de una parte muy considerable de la población dominicana, lo cual sigue colocando su candidatura como un riesgo para la continuidad del PLD en el poder.
Esta semana Leonel estuvo como invitado especial en la convención demócrata que eligió a Hillary Clinton como candidata de ese partido a la presidencia de los Estados Unidos. Y el pasado martes vivió la experiencia de escuchar muy atentamente al ex-presidente Bill Clinton expresando el apoyo a su esposa, y hablando ampliamente sobre la necesidad histórica de que su compañera de vida sea elegida como la primera presidenta de la nación más poderosa del mundo.
Esa actuación de Bill Clinton con su esposa se reflejó como un espejo ante los ojos de Leonel. Este, como Bill Clinton, ha sido presidente en varias ocasiones y es reconocido en su país y en el mundo. Leonel, como Bill Clinton, ha tenido a su esposa como un soporte importante de su proyecto político y de su gestión presidencial. Ambos, por esas ironías de la historia, se han visto en la difícil disyuntiva de que, luego de haber sido los mandatarios de sus respectivas naciones, uno dos veces y el otro tres veces, tienen que servir de apoyo, estímulo y soporte a las candidaturas de sus esposas.
Bill Clinton actuó con responsabilidad y visión históricas el pasado martes, cuando dió un extraordinario discurso en la convención demócrata valorando la gran capacidad de su esposa Hillary y apoyando sin reservas su candidatura. El reto de Leonel Fernández está en si por un orgullo y vanidad personal quiere de nuevo ser presidente,  o si haciendo uso de nuevo de su gran sentido de la historia, es capaz de dejar atrás sus apetencias personales y se decide a apoyar a su esposa Margarita Cedeño para que, si ella gana la convención del PLD, pueda convertirse en la primera mujer presidenta de la República Dominicana.
¿Actuará Leonel Fernández como Bill Clinton?  Sería lo más conveniente para él, para el PLD y para la nación dominicana.
Euri Cabral
Es Economista y Comunicador
euricabral07@gmail.com


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