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Un concepto personal

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         Carlos Acevedo  
    Periodista y escritor
UN ARTICULO DEL PERIODISTA PÙERTOPLATEÑO CARLOS ACEVEDO, PUBLICADO EN LA REVISTA "CIVISMO" QUE SE INSERTA DESDE SANTO DOMINGO EN LAS REDES SOCIALES.

[Por considerarlo de sumo interes, reproducimos este trabajos]  

Por Carlos Acevedo
Observando lo que somos, lo que no tenemos, lo que necesitamos y lo que no hemos podido alcanzar en las expectativas de la realización de una “sociedad modelo” en el comportamiento humano (sueño eterno de los más puros), proponemos de buenas ganas, las ideas que enseñan, por dónde deberíamos empezar…
Aunque muchos quieran tomarlo, como una iniciativa de corte filosófico, y hasta cierto punto simbólico, estas ideas se expanden hacia la esfera de lo esencial y lo ineluctable.
Se impone establecer en la República Dominicana, la Universidad del Civismo o formalizar unas reglas que marquen un paralelismo equidistante con la idealizada Universidad.
Las razones y motivaciones, son esencialmente estas:
El concepto de Educación en este país de nuestros amores, debe elevarse hacia los espacios de las mayores relevancias como ocurrió en el siglo XIX con las proyecciones que trajo a nuestra tierra el gran maestro y humanista puertorriqueño Eugenio María de Hostos.
El Manual de enseñanza que entregó el maestro, y que se difundió previo a la creación en República Dominicana de las Escuelas Normales, tenía impregnada una declaración que parecía un clamor descollante en la manifestación concluyente: ¡CIVILIZACIÓN O MUERTE!
Hostos no concebía (¡No lo concibió nunca!), que tuviera cabida entre los seres integrantes del conglomerado humano, el hombre incivilizado, que según la apreciación de otros se constituye en la manifiesta encarnación del hombre paria en todos losambientes de la vida humana.
Y el hombre paria, no es otra cosa que un ser cargado de incivilidad, lo que se traduce en rudezas, groserías, desatinos y absurdeces.
Hace tiempo que los dominicanos deberíamos haber saltado por encima de esos antivalores sombríos y haber iniciado, aunque se necesitara para ello, arrojo e intrepidez, la Revolución del Civismo.
Es seguro que con ello hubiesen quedado atrás los excesos más brumosos que hoy nos desquician y que son el producto de la ignominia y la sinrazón, que no han podido ser cambiados por la condescendencia, la tolerancia, la compasión y la urbanidad.
Un país de gente talentosa como el nuestro, hasta para zurcir mejor los lienzos desmembrados, debería ocupar el primer lugar entre los que más atesoran el Civismo en la parte del mundo que nos toca compartir.
Pero contrario a ello, asistimos, en pleno sol del siglo 21, al grotesco drama de la infame violencia, alimentada de los feminicidios, los sádicos atracos a mano armada, con su secuela de víctimas, y todo lo que se inscribe en la rudeza, la crueldad y la bestialidad.
Hace falta que nos iniciemos como discípulos en la Universidad del Civismo, para que podamos convertir esa palabra en un dejemplo de vida en un país que necesita alcanzar el pináculo del Civismo fuertemente cimentado.
Y ello se va a lograr en la idealizada Universidad del Civismo, donde nos recibiremos todos, aunque sea, inyectando los hogares familiares del néctar del pensamiento de este pensamiento de Platón:
“La conquista de uno mismo, es la más grande de las virtudes. Y ella es, una de las conquistas del Civismo.

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