WASHINGTON. — El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, advirtió este sábado, 1 de agosto de 2026, que cualquier enfrentamiento —ya sea económico o militar— entre Washington y Pekín tendría consecuencias catastróficas sin precedentes a escala global.
«Cualquier conflicto entre Estados Unidos y China, ya sea económico o militar —Dios quiera que no ocurra—, sería catastrófico tanto para estos dos países como para el mundo entero», afirmó Rubio durante una entrevista concedida a la cadena Fox News.
El alto funcionario situó la gestión de la relación bilateral entre ambas potencias como el mayor reto de la política exterior estadounidense en este momento: «Tenemos que manejar esa situación, pero no podemos dar la espalda ni renunciar a nuestros intereses nacionales. Exigen que cada administración busque un equilibrio entre estas dos fuerzas opuestas».
El contexto: tensiones en aumento a pesar de los canales abiertos
Las declaraciones de Rubio se producen en un momento de fragilidad y contradicción en las relaciones entre ambas potencias. Apenas en mayo de 2026, el presidente Donald Trump y el líder chino Xi Jinping se reunieron en Pekín en una cumbre que buscó establecer "líneas de seguridad" y estabilizar los vínculos. Sin embargo, desde entonces las fricciones se han recrudecido:
⚓ El frente geopolítico y militar.
El estrecho de Taiwán y el mar de China Meridional siguen siendo los puntos más volátiles. China ha intensificado sus patrullas de guardacostas cerca de Taiwán, acciones que Washington ha calificado de desestabilizadoras. Rubio ha señalado en reuniones previas que Estados Unidos no aceptará que en aguas internacionales pasen a estar bajo control de otro país, y que mantendrá su compromiso con la libertad de navegación y con aliados como Filipinas. Pekín, por su parte, ha advertido repetidamente que la cuestión de Taiwán afecta a sus intereses más sagrados y constituye el mayor riesgo de conflicto entre ambas naciones.
💼 La guerra comercial y económica se intensifica
En el plano económico, las medidas se han sucedido a un ritmo acelerado. El 24 de julio, Estados Unidos impuso nuevos aranceles del 12,5 % a productos chinos bajo la denominada Ley de Prevención del Trabajo Forzoso. Luego, apenas el viernes 31 de julio, Washington añadió a más de 40 empresas chinas a la lista de entidades restringidas. Pekín reaccionó de inmediato este sábado, calificando la medida de "coerción económica sin fundamento" y advirtiendo que tomará las medidas necesarias para defender sus intereses. Lo que resulta especialmente llamativo es que las sanciones llegaron apenas un día después de que altos funcionarios de ambas partes mantuvieran una videoconferencia en la que se comprometían a preservar la estabilidad comercial.
🔬 Tecnología y competencia global
La competencia en semiconductores, inteligencia artificial y cadenas de suministro estratégicas mantiene su intensidad. Estados Unidos ha reforzado restricciones a la exportación de tecnología de punta hacia China, mientras Pekín acelera sus planes de autosuficiencia tecnológica.
El equilibrio imposible: cooperación y conflicto al mismo tiempo
Lo que hace especialmente delicado el momento es que, al mismo tiempo que se imponen sanciones y se intercambian advertencias militares, los canales de diálogo siguen abiertos: el 22 de julio, Rubio se reunió con el canciller chino Wang Yi al margen de la cumbre de la ASEAN; una delegación empresarial china visita Washington este mismo fin de semana; y se mantiene la previsión de una visita de Estado de Xi Jinping a Estados Unidos en septiembre.
Es precisamente esta coexistencia de diálogo y fricción lo que ha llevado a Rubio a insistir en que el mayor desafío no es eliminar las diferencias, sino gestionarlas: mantener la comunicación para evitar errores de cálculo, sin renunciar a los intereses nacionales ni permitir que las tensiones desemboquen en algo que, como él mismo reconoce, nadie podría controlar.


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