TEHERÁN. — Las tensiones entre Irán y Estados Unidos subieron este lunes a un nuevo nivel. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió de forma tajante que cualquier agresión estadounidense contra bienes o instalaciones de su país recibirá una respuesta inmediata y dirigida al corazón del sector energético estadounidense: sus redes de producción, transporte y refinación de petróleo y gas.
«Es simple: la cadena de producción de petróleo y gas aquí es extensa, accesible y vulnerable. Las empresas estadounidenses de petróleo y gas que operan en estas aguas y en estas instalaciones comparten esa vulnerabilidad. Ataquen nuestros activos y serán atacados».
— Mensaje de Mohammad Bagher Ghalibaf en su cuenta oficial de X.
Ghalibaf subrayó que la República Islámica ya ha demostrado su capacidad de golpear posiciones estadounidenses en la región, en alusión a operaciones anteriores que dejaron bases militares norteamericanas «que ya no son viables». Reforzó su mensaje con una ilustración que mostraba refinerías paralizadas, acompañada de una advertencia sombría: «La década perdida para la economía estadounidense se aproxima», y atribuyó ese escenario a decisiones de lo que calificó despectivamente como «algunos payasos en el Departamento de Guerra de EE.UU.».
La respuesta iraní fue inmediata y directa: respondió a una amenaza previa del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, quien había advertido a Teherán que, si sus fuerzas armadas atacaban a la Armada estadounidense, Washington respondería con la destrucción sistemática de la flota mercante iraní.
Este choque de declaraciones marca una escalada retórica sin precedentes en las últimas semanas, que se produce en un contexto de enfrentamientos directos en aguas internacionales. El intercambio deja claro que ambos países han elevado sus exigencias y que las líneas rojas se han trazado de forma explícita: cualquier ataque a activos propios será respondido golpeando la infraestructura energética o naval del otro.
El escenario, por ahora, permanece en el terreno de las advertencias —pero ambas partes han dejado claro que están dispuestas a cruzar la línea si se ven provocadas. El mundo observa con atención, consciente de que una conflagración que afecte al suministro energético podría tener repercusiones globales inmediatas.


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