Ticker

8/recent/ticker-Deportes

Header Ads Widget

Responsive Advertisement

OPINIONES:




El jacho, la antorcha y la reelección
Por ROSARIO ESPINAL
El jacho se apagó y la antorcha se atascó. Así podría resumirse el estado político de los dos principales partidos del país. Predomina la obsesión con el poder.
El jacho perredeísta alentó las luchas democráticas antibalagueristas, se forjó como la esperanza nacional, el partido del pueblo y la libertad. Pero en sus períodos de gobierno la llama flameante se apagó. Ese partido ya no ilumina. No hay ideas ni programas, ni esperanzas ni organización, tampoco unidad política. El PRD es un verdadero caos, una compra y venta, una masa electoral sin cauce. Se imponen la ineficiencia y la ineficacia.
En el fracaso político del PRD radica en gran medida la explicación de las deficiencias del proceso democrático dominicano. Su liderazgo nunca pudo llevar a concreción la mejoría social de las masas populares que dijo representar, ni tampoco la institucionalización racional del Estado. Siempre se impuso la lucha rapaz de personajes políticos que han buscado utilizar la masa votante perredeísta para llegar al poder.
El PLD, en vez de encarnar los ideales de ética y transformación social de su fundador, se adhirió al modelo conservador. Heredó la estructura gubernamental, la élite y la masa electoral balaguerista. Así se hizo partido gobernante y partido mayoritario. Como todo proyecto conservador dominicano, se debate en cómo ser caudillista en un contexto político no dictatorial. De ahí la metáfora de la antorcha.
En un partido democrático inspirado en forjar la democratización de una sociedad, existen mecanismos para contener las aspiraciones personalistas de los políticos. Por eso hay limitación de períodos, o simplemente, cuando se agota un tiempo en el gobierno, los presidentes abandonan el ejercicio de la política presidencial. No así en República Dominicana.
Todas las modificaciones constitucionales de los últimos 50 años han estado enfocadas en cambiar el sistema de reelección. Tomemos como referentes las últimas dos modificaciones que se produjeron en 2002 y 2010.
En el año 2002, Hipólito Mejía promovió una reforma constitucional para permitir la repostulación inmediata por un período y presentarse nuevamente en las elecciones de 2004. Fracasó en el intento.
En el año 2010, Leonel Fernández promovió una reforma constitucional para eliminar el nunca jamás después de dos repostulaciones consecutivas y así poder presentarse nuevamente en el futuro. En esos afanes anda.
Ningún sistema de reelección es perfecto, pero modificar la Constitución con frecuencia para acomodar el deseo de los presidentes de turno es una aberración constitucional, y demuestra un apego espurio a la institucionalidad democrática.
En el PRD, con posibilidades limitadas de ganar las elecciones de 2016 por su profunda división, la repostulación sigue siendo un tema central; y en el PLD aún más, donde se debate si la antorcha pertenece a Leonel Fernández para volver, a Danilo Medina para seguir, o a algún otro pre-candidato para hacerla rodar.
A su vez, acostumbrado a la manipulación constitucional por los políticos, el pueblo dominicano tampoco se adhiere a un concepto definido de la reelección. Si le gusta un presidente se expresan las tendencias reeleccionistas, si no le gusta, se afianzan las tendencias anti-reeleccionistas.
Repito, ningún sistema de reelección es perfecto ni la reelección indefinida, ni la reelección no consecutiva, ni la prohibición total de la reelección. Todos tienen méritos y defectos. Pero una vez se escoge un sistema y se establece en la Constitución, debe prevalecer en el tiempo para construir institucionalidad política. Es decir, el sistema de reelección no puede expresar el capricho del momento de un presidente o de un partido, y ni siquiera de la ciudadanía. Si no, la política es un relajo.

Un diálogo privado entre Danilo y el Papa
Por ROBERTO MARCALLE ABREU
Cuando laboraba como periodista –la mayor parte de mi vida-, la especulación, una especulación honda, meditativa, trascendente, avalada por datos precisos y un manejo correcto de la historia y los mejores intereses nacionales, era fundamental en la labor de orientar al público lector.
En alguna medida, eso se ha perdido. Con el alza desmedida de los costos de los periódicos, la reflexión ha perdido mucho espacio.
Hay hábitos que nunca desaparecen. Por eso, he dedicado estos días a pensar en el diálogo privado entre el presidente Danilo Medina y Su Santidad.
Me he preguntado, por ejemplo, si el mandatario dominicano, quien es un hombre sencillo y piadoso, le habrá confesado al Padre Santo su angustia ante el acoso de que ha sido objeto su país por parte de los poderes mundiales para obligarnos a tolerar una situación a la que se opone la mayoría absoluta de los dominicanos.
Es seguro que el Papa es conocedor de nuestra pobreza y graves carencias de toda naturaleza. No hay mejor ejemplo que el estado de nuestros hospitales, todos ellos adeudados de manera grave y con retrasos de meses en la recepción de los presupuestos con los que limitadamente operan.
¿Le habrá confesado el presidente que, pese a esta situación, hemos tenido que dedicar cientos de millones a atender una población -la haitiana-, aquejada de las mayores taras de salud de todo el Continente, en perjuicio de nuestra propia población?
¿Le habrá manifestado Medina al Papa la violencia que se está gestando en el alma nacional, al observar que la mayoría de los empleos que crea la economía son absorbidos por una mano de obra degradada que acepta “lo que sea” en desmedro absoluto de nuestros obreros, de nuestros jóvenes, de nuestras mujeres? ¿Y que, incluso, hasta los empleos de la pobreza, como la venta de artículos en las esquinas, víveres en las calles, la vigilancia de hogares y negocios, el servicio doméstico, nos ha sido arrebatado por esos extranjeros?
¿Le habrá dicho al Papa que, gracias a los bajos salarios, la casi totalidad de los empleos creados en la Agricultura y el Turismo, se encuentran en posesión de los haitianos?
¿Le habrá expresado su incomodidad por el hecho de que miles de ONG, las Naciones Unidas, las potencias, nos han impuesto mecanismos encaminados a legalizar a personas que sólo vienen a incrementar nuestra pobreza, la violencia social, la enfermedad, la arrabalización de nuestras ciudades?
En algún momento, ¿le habrá confesado el presidente al Sumo Pontífice el malestar que le provoca ver que esos emigrantes cada día que transcurre son protagonistas de actos de violencia, crímenes, robos y graves conflictos de toda naturaleza?

Publicar un comentario

0 Comentarios