Eso de cantar como gallo
Por SILVIO HERASME PEÑA
Las bravuconadas, los “allantes” y eso de cantar como gallo para luego “cacarear” y poner como gallina, no es un método apropiado para el ejercicio de la política.
El peligro es que esa actitud no se la “tragan” los aludidos y entonces usted queda emplazado a definir los pasos siguientes, si es que quiere mantener alguna vigencia dentro de la sociedad. O camina por la ruta del renunciamiento, o se expone al ridículo público que eso si tiene un precio incontrastable en la valoración política de personas e instituciones.
Es el caso de la cacareada afirmación del doctor Marino Vinicio Castillo y su hijo, Vinicito, con respecto al reglamento de la ley 169-14 del presidente Danilo Medina y que reglamenta toda la situación migratoria, especialmente el caso haitiano, de una manera que no gustó a los de la Fuerza Nacional Progresista.
El grupo se declaró en sesión permanente y habría trascendido que no todos estuvieron de acuerdo en renunciar del gobierno de Danilo Medina porque carecen de la potencia política para abrirse un “nuevo camino”.
Si es cierto que hubo algún sentido de “cabeza fría” entre los dirigentes del FNP lo hicieron muy bien, porque las decisiones con la sangre caliente en política, emocional, no es una buena manera de tomar decisiones, y casi siempre se cometen errores que se pagan muy caros.
Juan Bosch certificó en el país una serie de dichos que se quedaron en el alma del país por lo patético que resultaban.
Eso de “cantar como gallo y poner como gallina” se lo atribuyó Bosch en un momento muy tenso en el país al entonces presidente provisional Héctor García Godoy...y en definitiva lo ayudó.
Como cuando propuso una política de obligar al gobierno de Balaguer a cumplir su propia legalidad, en los años 1970, momento en que la Banda Colorada arrasaba los barrios de la ciudad. O cuando se refirió al “paredón de la Muerte Económica” en el gobierno de Don Antonio Guzmán.
Bosch siempre tuvo un dicho apropiado en cada ocasión política del país.
Aún la gente bromea con aquel cuento de Bosch, el del tuerto que no encontró la ventana correcta cuando se acercaba el toro rabioso, y lo agarró “el toro que era”..
Ahora con el caso de los Castillo, la gente recuerda reflexiones de Bosch y bromea con las mismas, y ninguna le cae más bien al caso que eso de “cantar como gallo y poner como gallina”.
Le imputan a los Vincho que no cumplieron sus amenazas de dejar la alianza con el PLD si el presidente Medina acogía el reglamento sobre la migración haitiana que ellos consideran violador de la Constitución y peligroso para el presente y el futuro del país, pero ocurre que sólo ellos y personeros muy comprometidos con la hostilidad a los haitianos tiene ese tipo de resentimiento.
En general las personas educadas, o no, consideran el reglamento legal, constitucional, justo y humano.
No existe en el país un sentimiento de fatalidad con respecto a la migración haitiana; eso sólo lo plantea la reducida cúpula “ultranacionalista” y chovinista que carece de peso específico en la sociedad dominicana.
Es cierto que no gustaría a los dominicanos la proliferación de haitianos por cada esquina de las ciudades del país, pero son esos mismos dominicanos quienes le ofrecen trabajo y permiten que esas pobres personas puedan ganar su sustento diario. A nadie le agrada ver pedigu¨enos haitianos en las esquinas, ni que se dediquen a vender maní tostado o cachorros de perros, pero alguien les compra, porque si no fuera así, el negocio se le cae.
Las diferencias entre haitianos y dominicanos es de carácter económico, cultural, religioso y social, amén de otras diferencias, pero en el siglo actual un negro no es un ciudadano de segunda por su raza. Tal sentimiento quedó en un pasado reciente, pero pasado al fin.
Me he horrorizado al escuchar los “lunes de Vincho” en Colorvisión afirmar que con la migración haitiana se podría generar la formación de una minoría que podría incidir en la vida política el país. Y hasta ha citado el caso de Kosovo.
Parece que pese a su indiscutida cultura legal y política, ha olvidado cómo se producen los procesos sociales.
¿Cuántos siglos de dolorosa esclavitud produjo en Haití esa guerra de liberación de 1804?.
Lo que más le conviene a Vincho y a sus hijos es abocarse a comprender los procesos sociales del mundo y la actualidad, y dejarse de intentar imponerse con “malas crianzas” y así evitar que la sociedad deje de estimarlos.
Ellos son ciudadanos respetuosos de las leyes y la decencia pública, pero no pueden pensar que deben dar clases a nadie de lo que es el patriostismo. Deben volver a leer, con criterio analítico, La Isla al Revés, de su ídolo desaparecido, Joaquín Balaguer.
No es buena idea “Cantar como gallo y cacarear como gallina”.
Un soberanismo irresponsable
Por JUAN BOLIVAR DIAZ
No puede ser por ignorancia, sino por irresponsabilidad que algunos persistan en que la nación dominicana desafíe a todo el mundo globalizado, auspiciando graves y masivas violaciones de derechos humanos que contradicen principios filosóficos y jurisprudencias universales, y que están condenadas en múltiples tratados que el Estado dominicano suscribió soberanamente, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Americana de Derechos Humanos.
Aunque para muchos en este país, las leyes son apenas sugerencias y la Constitución “un simple pedazo de papel”, como acuñó Balaguer, es de rigor citar el numeral 3 del artículo 74 de nuestra Carta Magna que reza: “Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por el Estado dominicano, tienen jerarquía constitucional y son de aplicación directa e inmediata por los tribunales y demás órganos del Estado”.
Las relaciones internacionales de hoy se rigen por muchos otros tratados, que ya superan el ámbito de los derechos humanos, y se refieren al comercio, el medio ambiente, la energía nuclear, la aviación y uso del espacio aéreo, los derechos de autor, las transferencias financieras y el tráfico de narcóticos. Se asume que todo Estado que los asume está obligado a cumplirlos, sin el menor pretexto de soberanía nacional.
Es que el concepto de soberanía nacional hace tiempo que fue desplazado, hasta para las grandes naciones, aunque algunas, como Estados Unidos, no han suscrito varios de esos tratados, para escapar de su cumplimiento. Por eso no pueden ser sancionados.
A veces ni siquiera los grandes y poderosos países son sometidos a sanciones por violaciones a preceptos de la convivencia internacional. En algunos casos resisten y salen relativamente indemnes, pero ese lujo no se lo pueden permitir la mayoría, con economías dependientes, como en el caso dominicano del turismo, remesas, el financiamiento, donaciones y acceso privilegiado a mercados como la Unión Europea.
Esta misma semana la Unión Europea discutía un paquete de sanciones a Rusia que involucrarían 10 mil millones de euros por estar auspiciando la fragmentación violenta de su vecina Ucrania. Los alegatos soberanos no serán suficientes para disuadir a los veintiocho países integrados en Europa.
En los últimos días se han multiplicado las críticas por las recientes visitas al país del vicepresidente de Estados Unidos, del secretario general de las Naciones Unidas y del presidente del Consejo de la Unión Europea, bajo el alegato de que vinieron a presionar al presidente Danilo Medina para que carguemos con Haití y todos sus problemas.
Es obvio que esas visitas no fueron turísticas ni simples coincidencias. Han sido parte de un esfuerzo concertado por ayudar al Gobierno dominicano a salirse de debajo de la patana en que la irresponsabilidad soberanista dejó al país tras la sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional, desafiante de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de cuyas decisiones es compromisario el Estado dominicano por decisión soberana. Esos personajes han coincidido en apoyar los esfuerzos del Gobierno dominicano por encontrar una solución siquiera humanista, y a medias jurídica, al grave problema de derechos humanos.
Fue lo que en octubre pasado recomendó el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, cuando anunció la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, órgano de un sistema del cual somos también compromisarios, que vendría, como en efecto hizo, a ayudar a las autoridades nacionales a encontrar una salida del grave escándalo internacional que aquí algunos pretenden acallar con desaforados y trasnochados gritos soberanistas.
A lo mejor creen que este país tiene capacidad para desafiar a la OEA, la ONU, la Comisión y la Corte interamericanas de Derechos Humanos, a Estados Unidos y a la Unión Europea, para solo citar los más directamente involucrados en rechazar que este país de emigrantes e inmigrantes despoje de derechos a cientos de miles de personas nacidas en territorio nacional.
La mejor ayuda que se puede dar al Gobierno es incentivarlo a cumplir la ley que fue consensuada como solución, que la Junta Central Electoral y los ultranacionalistas aún regatean.
El presidente Medina, más que nadie, sabe que nuestro desprecio por la Constitución, las leyes y las normas no es aceptable en el mundo de hoy.
¿Cuál es el móvil del crimen?
Por MANUEL NÚÑEZ
Cuando se investiga un crimen, la experticia judicial determina los hechos, el lugar, la circunstancia, las víctimas, los indicios que llevan a establecer indudablemente la culpabilidad de los agresores. Una vez realizada la reconstrucción , se define quiénes son los beneficiarios de las fechorías. Pero, de todas las indagaciones la que arroja mayores claridades es saber cuál es el móvil.
Nos hallamos en el cráter de un volcán o ante un abismo incomprensible, ¿cuáles razones pueden llevar a los dominicanos a participar en el desmantelamiento de la nacionalidad , en la disolución de nuestra Independencia de Haití? Entre los haitianos las motivaciones están claramente definidas. Se trata de resolver el colapso de su nación a expensas de la República Dominicana, manipulando a la Comunidad Internacional, a la que han llegado a convencer de que las soluciones a su estado de descalabro se hallan en la fusión con la República Dominicana. Pero, entre los dominicanos queda la incógnita sin respuesta ¿por qué renunciar a los resultados históricos de 1844? ¿Por qué convertirse en enemigo jurado de la felicidad del pueblo dominicano? Hay crímenes que, a la luz de las pesquisas y las exploraciones, nos sumergen un banco de nieblas. Son rotundamente inexplicables .
La pérdida de la cohesión nacional
Defender a la nación es el único modo de proteger al pueblo dominicano del conciliábulo de fuerzas que se ha constituido para llevar a cabo su aniquilación. Estamos ante circunstancias verdaderamente excepcionales en toda la historia del pueblo dominicano.
1- El papel desempeñado por las élites económicas. Los grandes grupos económicos, que, son a su vez, grupos bancarios, que controlan las finanzas y el dinero y grupos de prensa que fabrican la opinión, han colocado toda su nefasta influencia para cambiar la soberanía dominicana por negocios. Las élites se han colocado frontalmente contra los propósitos del pueblo dominicano. Estos grupos no tienen patria. Muchos de sus miembros o tienen pasaporte europeo o tienen nacionalidad estadounidense. Para la mayoría la patria son los aeropuertos y las fortunas que han amasado. Para estos, el dominicano es una bestia de carga que puede fácilmente ser suplantada por el haitiano.
En En un interesante intercambio de correspondencia entre empresarios de primerísima importancia, se muestran las opiniones de un liderazgo empresarial desconectado de la realidad ( Véase intercambio de cartas entre J.L. Taveras y el empresario Juan Vicini sobre las declaraciones de Ligia Bonetti) . He aquí las palabras del señor Juan Vicini, Presidente del grupo económico más importante de la República Dominicana: “Durante el mismo tiempo 5 millones de haitianos hoy menores de 21 años entraran a la fuerza laboral de su país, sin contar los 2.5 millones desempleados hoy… y encontraran un vacío que representa un istmo de presión migratoria para nuestra patria… el cataclismo que se avecina, que esta de hecho arriba de nosotros en este momento reflejado por el 30% de desempleo en la población menor de 25 años …versus el promedio nacional de 15% …no solo desvanecerá (…)derrumbara todo lo que usted reconoce como vida, (…)en las cenizas quedara poco de lo que usted reconoce como patria” (17 de julio, 2014).
A confesión de partes, relevo de pruebas. Seducidos por la idea de hallar una inagotable mano de obra barata , de mantener invariablemente bajos los salarios, han renunciado a cualquier compromiso con la nación, a la que observan con aire de benefactores. Han apoyado, ardientemente, la plataforma de la desnacionalización de los empleos y del territorio a cambio de la expansión de sus negocios en Haití. Según esto, la economía debe estar al servicio de las ambiciones particulares, y no al servicio de la nación. Es decir, que la libertad empresarial se ha transformado en la libertad de unos cuantos de enriquecerse sin límites, excluyendo a los trabajadores dominicanos, anulando nuestro porvenir.
2- Los excluidos por los empresarios y por el Estado, las principales víctimas de esta catástrofe, son los trabajadores. Al momento de iniciar un proyecto de regularización masiva de extranjeros ilegales, el Gobierno no estableció, ni fijó límites, sobre cuál era la cuota aceptable de extranjeros que no constituyesen una amenaza al interés nacional. Mediante la Ley 169/14, se h a propuesto regularizar a todos los haitianos que se hallaren en la República Dominicana, sin establecer categorías migratorias y aplicando el principio de la reunificación familiar. No es, pues, una oleada migratoria, lo que ha aprobado en el Congreso, sino la colonización del país. De este modo, el pueblo dominicano quedaría legalmente despojado de todos los empleos de la agricultura, de la construcción, del trabajo informal. Es decir, privado de todos los mecanismos de supervivencia.
3- La clases media, los profesionales y los intelectuales, secuestrados mentalmente por los grandes grupos de prensa, ahogadas en un mar de sufrimientos , se han mostrado por ahora incapaces de encarnar el patriotismo y de presentar una resistencia apreciable a todos estos nefastos manejos.
4- Los dirigentes políticos que hemos elegidos para salvaguardar los 170 años de Independencia han proclamado a las claras su decisión. Primero, han servido de plataforma a las ambiciones de los haitianos, apoyado por la manipulación de un reducidísimo grupo de la Comunidad Internacional, a la que han jurado lealtad y servidumbre. Segundo, se han sometido al proyecto de las élites económicas dominicanas, que han comprometido el territorio nacional a cambio de la expansión en Haití y de trabajadores baratos. El gran olvidado de toda esta maquinación en la que participa el liderazgo político, una porción importantísima de los empresarios y de la clase media, es el pueblo dominicano..
5- Desde nuestra Independencia en 1844 no ha habido mayor amenaza a la cohesión nacional. El pueblo dominicano, vendido por sus dirigentes políticos; traicionado por la clase media, por sus profesionales y por sus intelectuales; suplantado por las operaciones patrocinadas por el empresariado, confronta las mayores incertidumbres de toda su vida independiente. Donde hay un fuerte, representado por los empresarios y el mando político, y un débil, simbolizado por el pueblo dominicano, la frontera debería proteger al pueblo. Porque el pueblo sólo tiene el territorio. Sin esa configuración territorial de nuestro país, perderia indudablemente la cohesión nacional. Para nosotros, desde luego, no será estímulo alguno, desconectar a nuestro pueblo del territorio; destruir el porvenir y su derecho a la sobrevivir; modificar la naturaleza del Estado; suprimir el ordenamiento constitucional para hacernos federar en un inconfesable experimento geopolítico, que nos llevará a una ausencia del Estado, ¿ a quién puede representar un Gobierno entregado a los propósitos de un poder extranjero? Si los empleos, la salud, la educación y la seguridad de los dominicanos no están entre sus prioridades, ¿ cuáles son, pues, sus prioridades?. No hay que buscar explicaciones en el zafacón de las ciencias sociales, allí donde se desvanecen toda la representaciones, donde nadie representa a nadie, allí donde no hay Estado la mafia y el crimen organizado, implantan su reino.
Las razones del traidor
Pero todas estas circunstancias borrascosas, no nos esclarecen la pregunta inicial ¿ por qué hay dominicanos que han escogido traspasarle los problemas haitianos al pueblo dominicano? ¿ Qué hay detrás de la elaboración del terrible decreto 327/13, de la Ley 169/14 y del decreto de Reglamento a esa Ley? ¿ Por qué dar muestras de una violencia que ha quebrantado la Constitución en los artículos 272, 3, 6, ha derogado la Ley de Migración 285/04 y ha destruido el papel que deben desempeñar las instituciones?
1. La patria de las élites económicas es el dinero. Sus razones son económicas. Se han dejado seducir por una abundantísima mano de obra, que mantendrá los salarios invariablemente bajos. No importa si ese derrotero priva al pueblo dominicano de sus mecanismos de subsistencia, del trabajo, de la escuela, de los hospitales, del porvenir y termina, despojándolo, además, de su destino como porción esencial de la nación dominicana. Lo que nos proponen, con el ropaje del progreso, no es la emancipación del pueblo dominicano, sino su suplantación, su disolución en la balcanización del territorio, que fragmentará profundamente nuestra sociedad.
2. Existe un ansia de destrucción en una porción minoritaria de la clase política dominicana. Sobre todo en aquellos que han fraguado su vida profesional en el seno de las ONG, que han vivido como peones del intervencionismo internacional, que son correa de transmisión de los jesuitas y sus organizaciones apéndice, que, deseosos de ser parte de una plataforma de poder, se han colocado como instrumento de las políticas que EE UU pone en práctica a través de la USAID. En todos estos individuos hay un resentimiento profunda que los lleva a todos a someterse a la servidumbre extranjera. Menosprecian al país. No tienen confianza en el pueblo dominicano. Desprecian la Constitución y las leyes. Detrás del mundo que nos proponen sólo hay un esfuerzo de disolución, el abandono de todo lo que nos había identificado como país, el desprecio por la historia, y el culto por el hundimiento del pueblo dominicano. ¿Cuál es el mundo que van a desplegar ante nuestros ojos, importando los problemas de Haití a nuestro país? Nos proponen una patria donde no habrá empleos para los dominicanos; donde las escuelas naufragarán en el hundimiento, en la confusión y en la desesperanza; donde las enfermedades y los problemas que enfrentaremos tendrán tales proporciones que será imposible imaginar un porvenir radiante. Nos proponen un mundo sin porvenir, sin referencias históricas. Una sociedad fracturada donde la impotencia, la cobardía, la falta de patriotismo, será colocada como ejemplo de prudencia política.
3. Algunos quieren disfrazar estas campañas de odio al país con un lenguaje humanitario. Proclaman que prefieren traicionar a su país, antes que hacerlo a la Humanidad. Olvidan que los dominicanos tenemos derechos, que formamos parte de la Humanidad. Poseídos de una compasión delirante por el haitiano ilegal se han olvidado de nosotros mismos. Han suprimido nuestro derecho al trabajo, a la salud , a la educación, a la seguridad, a vivir en nuestra cultura y amar nuestras tradiciones. Y, ahora en nombre de ese humanismo que niega nuestra existencia, quieren arrebatarnos el derecho a la autodeterminación. La vocación al gobierno propio.
Hace quinientos años, el 11 de diciembre de 1511, un predicador al cual todos reputan como el primer defensor de los derechos humanos en América, Fray Antón de Montesinos, se refirió a los antiguos habitantes de la isla, con estas palabras que, hoy ante el despojo del porvenir de que han sido víctimas los dominicanos, tienen una rotunda actualidad:
¿Éstos, no son hombres?
¿No tienen ánimas racionales?
¿No sois obligados a amallos
como a vosotros mismos?
¿Esto no entendéis?
¿Esto no sentís?
¿Cómo estáis en tanta profundidad
Del sueño tan letárgico dormidos?
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