domingo, 24 de agosto de 2014

OPINIONES:




Leonel: El hombre
Por JOSE LUIS TAVERAS
No se debe valorar a un hombre al margen de sus circunstancias. Bajo esta lógica, Leonel Fernández es un sujeto accidental de los tiempos, por más artificiosas que sean las maniobras para convencernos de otra cosa. Hoy probablemente sea el político con percepciones más paradójicas: desde el odio visceral hasta la admiración frenética. Esas lecturas emocionales tan contrapuestas no están divorciadas de su historia política ni personal. No podemos juzgar al político sin conocer al hombre.
Fernández fue el primer sorprendido de su destino político.  Aquel militante disciplinado sin notoriedad social ni experiencia resultó bendecido por las corrientes dialécticas del pasado. Un Bosch mentalmente disminuido frente a un Balaguer deslegitimado y en el ocaso de su carrera, abría una riesgosa brecha para la transición en manos de un Peña Gómez díscolo y racialmente rechazado.  Fue esa poderosa razón y no los méritos de Leonel, la que le tendió bondadosamente las alfombras rojas al poder. Su intrascendencia política no fue óbice para recibir de la mano de los dos grandes caudillos del Siglo XX la encomienda de cerrarle el paso al trepidante líder perredeísta, cuyo origen y piel eran una afrenta para una nación de morenos con ínfulas nórdicas.
La presidencia le quedó grande a aquel joven ordinario, con afro, trajes cruzados y baja estatura. Durante su debutante gestión, Leonel Fernández, al tiempo de ejercer la presidencia, desarrollaba un carácter político propio. Su gran virtud fue encarar el desafío de crear un liderazgo sin referencia partidaria. A pesar de los condicionamientos políticos que supuso haber llegado de la mano del pasado más oscuro, Fernández pudo moverse con pericia a través de una gestión distinta donde la imagen institucional fue ostensiblemente mejorada. Impulsó avances en la modernización del Estado y pasó la prueba como político. Su preocupación era construir y afianzar su liderazgo. El primer gobierno del ex presidente Fernández fue dirigido para un proyecto político de futuro; gobernó con estrategia y racionalidad políticas.
En su segunda gestión, Fernández llegó al amparo de sus propias fuerzas y méritos. Tal circunstancia afirmó en él la convicción de que era un líder. Le fue muy cómodo convencer a su ego de esa condición, más aún a un partido que por fin llegaba al poder sin apalancamientos ajenos.  Ese convencimiento se convirtió en su obsesión de vida. Para consolidar el liderazgo soñado, tenía que eliminar todo asomo de resistencia interna y lo logró fácilmente a través del poder; lo usó holgadamente como causa y fin de un proyecto político y personal. Fernández comprendió, entonces, que para permanecer en el poder el modelo de Bosch no era una elección históricamente aconsejable, por eso abrazó el caudillismo de Balaguer. Lo afirmó, lo modernizó, lo burocratizó y lo impuso como cultura de poder con arteras apariencias institucionales. Esa concepción la sustentó en una concentración orgánica o colegiada del poder a través del reparto de sus cuotas en base a méritos subjetivos y partidarios, siendo, los más privilegiados, los miembros del Comité Político y la cortesanía de su naciente liderazgo. A partir de esa realidad se crea en la sociedad dominicana la primera plutocracia del poder con fuerza competitiva con la burguesía tradicional.  Cada funcionario se asumió como dueño de un feudo. Esa autonomía fáctica y autocrática se entronó tanto en la Administración que los despachos expresaron la impronta personal de sus inamovibles titulares. Muchos de ellos se convirtieron en figuras soberbias, repulsivas e impopulares.
En su tercera gestión, Leonel Fernández llegó enajenado por un delirio de poder patológico. Sin más límites que su imaginación, gobernó para su ego, al que doblegó la agenda misma del Estado. Gobernó para sí y se olvidó del político y del país. Se enamoró de su voz y retórica a las que les procuró las tribunas más cimeras en los foros mundiales; se codeó con estadistas de potencias sin agendas relevantes; activó una exagerada exposición personal que lo llevó a destinos tan remotos como insospechados, como el mundo musulmán, porque ya el Occidente, al parecer, le resultaba pequeño.
A través de los titulares de las dependencias gubernamentales de presupuestos, concertó tratos asociativos con una elite de contratistas para la ejecución de las grandes obras públicas que reversaba altas comisiones depositadas en cuentas locales y offshore. Esa prestación se convirtió en un protocolo implícito en las relaciones económicas con el gobierno haciendo multimillonarios a sus socios  (funcionarios y contratistas). Mientras eso sucedía en su delirante mundo interior, sus sacristanes, como oficio doméstico retribuido, le lustraban el ego susurrándole designios providenciales a su mesianismo de cartón.
Los que no se deslumbraban con su ajada y “wikipedista” retórica eran tachados como “resentidos” y “envidiosos” o tatuados con el estigma de “pepeachistas”. El líder entró en el trance demencial de la vanagloria con consecuencias nefandas para el país, que tuvo que cargar con la cuenta del festín. Así, de una deuda pública de 9,705 millones de dólares al 2004, llevó el endeudamiento del gobierno y del Banco Central a 23,457 millones de dólares, sin considerar un espantoso déficit cuasifiscal y una nómina pública de 609,525 empleados.
Con el arribo de Danilo Medina al poder, Leonel Fernández exhala un aliento de tranquilidad por el pacto de impunidad a favor de sus socios o prestanombres (¡quién sabe!) pero empieza a caer en una pendiente depresiva por dos obsesiones perturbadoras: la primera, la sensación de vacío existencial que nubla a todo al que cae del pináculo a la vida mortal; y la segunda, la popularidad de Danilo Medina, con la agravada circunstancia de que esa inusitada aceptación se debe al simple esfuerzo del presidente de gobernar de forma diferente a él, sin glorias, ni adoraciones, ni pompas.
El ego de Leonel, estafado por las adulaciones de sus acólitos, empieza a perder aire. La depresión se profundiza mientras más conciente se hace de que el liderazgo de Danilo despunta mientras más se aparta de su modelo. Se siente sofocado y es entonces que empieza a rescatar del desvencijado ideario de Bosch y a esperar que “los vientos soplen”. Busca en la calle la oxigenación popular perdida. Otra vez las lisonjas oportunistas salen de sus escondrijos a tributar sus adoraciones y el ego felino del líder vuelve a rugir con hambre y encono.
Es probable que vuelva al palacio, pero Leonel tendrá que reinventarse porque su única arma, que era discursiva, ya no convoca, más bien, repulsa. Solo le queda el dinero que no puede tener a su nombre, el poder que ya no le llegará de carambola y la lealtad servil que se evapora cuando la gloria desaparece. Ahora, el líder, con rostro cansado, afro canoso, piel desecada y una imagen patéticamente estropeada tendrá que ganarse el 2016 y, como buen dominicano, buscársela partiendo brazos. Lo hará no importa el precio, porque como el toxicómano a su droga, él necesita el poder para vivir.

La reelección perseguirá al Presidente
Por GUARIONEX ROSA
Que el presidente Medina dejara abierta la brecha para la reelección era inevitable, al momento en que pasó revista con los periodistas a las realizaciones de sus dos primeros años de mandato. Lo malo fue que ese tema sensitivo opacó en los medios logros relevantes alcanzados.
Para un gobernante que según las encuestas  tiene la aprobación de más de un 80% de los ciudadanos, haber cerrado de plano las puertas a una posible reelección en el año 2016 no habría tenido mucho sentido, pero él dejó razones de peso para los que están llevando anotaciones.
La interpretación que hicieron algunos comentaristas en el sentido de que el presidente Medina no irá a la reelección motivó alegría en sus litorales, tanto en el interior de su partido, PLD, como entre los otros opositores formales que lo estiman un adversario con muchas ventajas.
Los cercanos al presidente Medina lo ven demasiado concentrado en la obra de gobierno y especialmente en todo lo relacionado con la educación, cuya impronta es notable a corto plazo pero mucho más para cuando concluya su régimen dentro de dos años y más allá.
Para el término del presidente cuatrienio, el presidente Medina podrá anunciarle al país y a los organismos internacionales concernidos con la educación, que el país superó el analfabetismo, una meta que pudieron trazarse regímenes anteriores y no lo hicieron.
Medina al parecer se guía mucho de su instinto como político sabio. La lista que presentó como logros del régimen en sus primeros dos años son los mismos temas en los cuales puso énfasis en el programa que presentó a los electores para el período 2012-2016.
Esos temas, como la educación y la salud han dominado la atención del gobernante. Otros que indican el desarrollo de la economía como la agropecuaria, las construcciones, las zonas francas, las microempresas y el turismo crecieron durante los últimos dos años, dice el Banco Central.
En el aspecto netamente económico, Medina se benefició del anuncio del Banco Central de que la economía del país creció 7.2% en el primer semestre del año, lo que en alguna medida impulsó al gobernador Héctor Valdez Albizu a sugerir alzas en los salarios de los trabajadores.
La reelección y Medina
El tema de la reelección perseguirá al presidente Medina durante el futuro de su mandato, por lo menos hasta que su partido, el PLD, abra el espacio para proponer las candidaturas, a lo que el gobernante se refirió durante la conversación con los periodistas como “el plazo”.
“Yo creo que debo someterme al plazo y, llegado el momento, voy a emitir mi opinión, si es que todavía lo requieren acerca del tema”, comentó el gobernante. Su criterio fue acogido por sus adversarios dentro y fuera del PLD como de que no irá a la reelección y así reaccionaron.
El tema de la reelección persiguió al doctor Leonel Fernández durante su último cuatrienio. La impresión general era que el gobernante quería postularse para agotar el tramo que actualmente  gobierna Medina pero las circunstancias no lo ayudaron. Hizo privadamente la alegoría de quien programa llegar a Montecristi pero las circunstancias lo obligan a parar en La Vega, que habría sido su caso.
Tras evadir el tema en muchas oportunidades, en abril del año 2011 y tras al parecer muchas consultas con empresarios amigos y otras personalidades, el entonces gobernante anunció que no se repostularía “para evitar tensiones a la sociedad dominicana”.
En Estados Unidos, un país citado con frecuencia por estudiosos dominicanos al momento de hacer comparaciones, el presidente Bill Clinton (1992-2000), dejó la Presidencia en ése último año con la tasa de aprobación más alta para un gobernante desde la II Guerra Mundial.
Los analistas coinciden en que si la Cconstitución del país le hubiese permitido una tercera postulación, Clinton la habría ganado fácilmente. Para la época el estadista norteamericano no tenía el nivel de popularidad ni por asomo del que las encuestas le atribuyen hoy a Medina.
Algunas voces pura y simplemente rechazan la reelección porque están promoviendo a Fernández. Es el caso del senador de Espaillat, José Rafael Vargas, uno de los patrocinadores de Plataforma Democrática, que se espera proclame al ex presidente en Sans Souci el próximo 31.
Uno considerado danilista, el alcalde Juan de los Santos   , de Santo Domingo Este, sugirió al presidente Medina “concentrarse de lleno en lo que queda de su gestión de gobierno, sin dejarse distraer en un proyecto reeleccionista”.
El ex vicepresidente Rafael Alburquerque, leonelista muy convencido quien cree que “los vientos están soplando fuerte”, fue más diplomático y comedido, al decir que el PLD no cuenta con los votos legislativos para modificar la Constitución y permitir la reelección.
Mayor satisfacción
Al recapitular sobre los dos primeros años, el presidente Medina dice que la mayor satisfacción es la cercanía que tiene con la gente. Medina estableció las visitas sorpresas a las zonas más empobrecidas del país, en algunas de las cuales nunca antes había ido un presidente.
Para el estilo conservador de los presidentes dominicanos Medina ha sido una excepción. Planteó la revisión de los deprimidos salarios de los trabajadores porque cree que ello permitirá comprar más y dinamizar la economía y denunció que conspiran contra el contrato de las plantas a carbón.
Sobre ese tema, que ha motivado una campaña de publicidad por parte de las empresas que no ganaron la licitación para la construcción de las dos plantas, el presidente dij “Y mire que ni siquiera yo voy a recibir los beneficios de esas plantas, porque probablemente entrarán en servicio en el año 2017”.
La austeridad en los últimos dos años ha sido extrema. No hay comparación con los primeros dos años del doctor Balaguer en su mandato 1966-1970, cuando abrió los salones del Palacio Nacional para espléndidas y a veces extravagantes recepciones en las cuales reunía lo más granado de la sociedad de la época.
En esa era al Palacio Nacional le quedaban la vajilla, cubertería y mantelería fina en boga en los grandes palacios, que los invitados fueron distrayendo como “recuerdos” hasta que en los últimos años del doctor Balaguer, ya anciano y ciego, las fiestas pasaron de moda.

En el PLD: Ni el uno, ni el otro
Por SILVIO HERASME PEÑA
Parece que este inusitado movimiento reeleccionista a favor de Danilo Medina responde al hecho de que Leonel Fernández, pese a todo, quiere regresar al poder para el próximo período electoral “con viento y marea”.
Y si bien a Leonel se le quiere y respeta, su equipo, como dijimos recientemente, no puede volver a hacer lo que hizo durante los ocho años anteriores.
Al exjefe de Estado se le imputa que fue extremadamente complaciente con personajes que sirvieron para él, sobre quienes pesan denuncias muy concretas de acciones que no resisten una experticia de doña Licelot Marte. Por eso se advierte ese nuevo empeño que ha comenzado a tener reacciones concretas dentro del danilismo.
Temístocles Montas se ha erigido en el principal contradictor de Leonel Fernández tan pronto advirtió que su exjefe tenía el propósito de volver a ocupar nuevamente la “Silla de Alfileres”.
Francisco Javier García ha sido claro al decir que él será el próximo presidente de la República y que no ve ningún viento que asegure el regreso de Leonel.
Reynaldo Pared Pérez y Radhamés Segura entienden que su momento ha llegado y alegan que no volverán al redil del expresidente. Al menos eso es lo que están alegando.
El reciente pronunciamiento del ministro de Obras Públicas, un hombre estrechamente vinculado a Danilo Medina, a favor de la reelección del jefe del Estado que ha negado tener esa intención, obviamente responde a una reinterpretación de la política de Danilo de no reelegirse. Lo mismo ha dicho Tony Isa Conde, un programador de las políticas del jefe del Estado.
Pero si tales pronunciamientos fueran poco y podría alegarse que no responden a las genuinas intenciones del presidente de la República, la que hizo el director de prensa del Palacio Nacional no puede dejar ninguna duda al respeto. Se está construyendo la estructura reeleccionista de Danilo…¿por qué?.. Sencillo.
Parecería que se habrá discutido intensamente el impacto de las distintas fuerzas en el PLD y en el pueblo y se ha encontrado que dada las circunstancias actuales Leonel y su grupo tendría una oportunidad de reasumir el control del Estado.
Yo soy de los que rechazan desde lo más profundo de mis escrúpulos políticos la reelección presidencial de cualquiera. Sea Leonel o Danilo, porque creo que la reelección abre una caverna ominosa en la que se puede abrigar todo tipo de actos de corrupción, y tenemos ejemplos muy graves y recientes.
Entiendo perfectamente que el Presidente Medina preferiría no dar ese paso arriesgado y plagado de todos los peligros, y que solo se sacrificaría, en el sentido correcto de la palabra, si ve peligros atentatorios a lo que él entiende que debe ser el papel de su partido en el escenario nacional.
Si se tratara, como se hace saber, que es mejor una reelección de Danilo que un retorno de Leonel, todo aquel que tiene sentido de la realidad nacional acatará la ingente decisión de Danilo. Y no serán pocos los que preferirían ese continuismo.
Se esperaría que sea el mismo Leonel que se oponga a un pleito abierto con Danilo por su afán de regresar. Entiendo que debe repensar lo que le están ofreciendo.
Creo, por el contrario, que los dos deben reunirse y considerar la perspectiva política que se le presenta en este momento y auspiciar entre los dos un escenario que le abra las puertas a los cuatro candidatos emergentes que pugnan por ganar la nominación interna y acudir a la presidencial en el 2016. ¡Eso sí sería una decisión anticaudillista! Se podría especular que ninguno de los cuatro pre-candidatos que gane asegura un triunfo en el 2016. ¿Acaso no es el PLD el que va a competir? Es obvio que el arranque reeleccionista de Danilo se justifica por los pasos que está dando Leonel; es obvio, valga la redundancia, que los pasos que está dando Leonel es porque no se quiere dejar avasallar.
Si es cierta esa premisa, entonces están dadas todas las condiciones para que “el uno o el otro” se junten para discutir sobre lo que mejor conviene a su partido y a la nación. Y que tras agotar ese diálogo, franco y honrado, ofrezcan al país una opción que lo saque de lo que yo definiría como el trauma de egoísmo político y de la insistencia en repetir lo que ha estado mal.
Sería muy decoroso que ese diálogo ofrezca al país los resultados de lo que se ha llamado, quizás irónicamente, como “la fábrica de presidentes” y una baratija que la rechazarían hasta los mercaderes de la Duarte.
Por qué hay que pensar y actuar mal, si se puede, y tienen el tiempo suficiente, de actuar bien. Esperamos que se imponga la razón y el sentido común en una coyuntura tan prometedora como la actual, y no se destruya el bello y honroso chance de “hacer lo que nunca se ha hecho”.
¿Sería mucho pedir? Si así fuera, tendría sentido eso de que no sea “ni el uno, ni el otro”. Veremos.

El absurdo reeleccionista
Por JULIO MARTINEZ POZO
No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo…,  y los que están hablando y promoviendo reelección presidencial desde el Gobierno no alcanzan a valorar la dimensión del daño que están provocando.
Es una apuesta ciega e irracional que ni obedece a la voluntad del presidente Danilo Medina, ni a las posibilidades reales de lograr una modificación constitucional para reintroducir una figura de rememoración catastrófica para el desarrollo institucional del país.
Los votos congresuales para imponer una modificación constitucional son hoy más precarios que en oportunidades anteriores en que el endiosamiento al gobernante de turno condujo a violentarlo todo para tratar de reelegirlo.
No es solo que como lo acaba de advertir el ex vicepresidente Rafael Alburquerque, que el PLD no cuenta con los votos para producir una reforma constitucional, es que entre los que tiene hay señales muy claras de oposición a ese propósito.
Una muy obvia la acaban de dar los senadores leonelistas al escoger al senador Adriano Sánchez Roa como vocero de los senadores del PLD. Los danilistas, por la imagen del Senado,  imploraron para que tal cosa no ocurriese e incluso sugirieron otros nombres de leonelistas para apoyarlo en forma consensuada, y la respuesta fue no, “el que queremos es a Adriano”, que ganó 16 votos contra 14.
Moraleja: quisieron hacer saber a los que andan hablando de reelección que tienen  votos en el senado para frenarlos, y si necesitan que se lo expliquen con cucharita, el senador José Rafael Vargas, que al igual que el doctor Alburquerque, hablan como voces autorizadas del leonelismo, volvió a declarar esta semana que la reelección está prohibida y que es un imposible conseguir los votos para modificarla.
Pero en el danilismo hay manos que no se levantarían ni con una grúa para tal despropósito, es cierto que hay diputados con poco que perder que entran en cualquier  cosa, pero hasta ahora no ha habido un solo senador que le ande haciendo coro a lo absurdo.
Olvidan que entre los seguidores de Danilo Medina hay muchos que lo respaldan, lo admiran y lo respetan porque lo consideramos un político excepcional, no uno de esos tantos animadores de circo que desde Pedro Santana hasta Hipólito Mejía les ha importado hacer añicos sus propias palabras.
El caso de los votos PRD y PRM no tengo que volver a analizarlos, saben que si tienen chance no será contribuyendo a que el PLD concurra a las elecciones con Danilo Medina.
Como Danilo Medina se ha encerrado a trabajar día y noche con todas las dificultades que ha tenido que afrontar, es probable que no haya tenido tiempo de explicarles cómo ha logrado mantener a flote una economía con un déficit como el heredado y con problemas estructurales como los descritos en su tenida  con la prensa palaciega, todo ha sido a base de malabarismos sustentados en un intangible llamado confianza, que si se pierde, Dios tenga compasión de los dominicanos sobre todo de los más pobres que siempre cargan las peores consecuencias.
 ¿Quién les ha dicho a los que buscan destruir la credibilidad de Danilo Medina, que a un país le hace mal saber que cuenta con un líder diferente, que promete lo que puede cumplir y cumple lo que promete, que no ha ido al poder por delirios de grandeza sino por vocación de servicio y una experiencia de Estado puesta en beneficio de  la nación?

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