Testimonios de educadores revelan cómo la hostilidad y las agresiones impactan la enseñanza y el ejercicio de la autoridad docente.
Un clima creciente de hostilidad
Profesores de distintas partes del país reportan un ambiente de creciente hostilidad que afecta su seguridad y su labor cotidiana. Reciben mensajes agresivos, insultos y amenazas por parte de estudiantes, dentro y fuera de las escuelas. Las situaciones que antes eran excepcionales ahora generan temor entre quienes acuden a las aulas.
Las agresiones no son solo verbales: se han registrado casos en que colocan clavos y objetos punzantes cerca de los vehículos de los docentes para dañarlos. A esto se suma la presión de algunos padres, que reaccionan de forma agresiva cuando sus hijos obtienen bajas calificaciones, recriminando al maestro en lugar de analizar el rendimiento del estudiante.
Los profesores señalan también la escasa presencia de la Policía Escolar, lo que aumenta su sensación de desprotección y temor a que las amenazas escalen.
El ejemplo de una llamada de atención que se convirtió en conflicto
Una maestra de Juan de Herrera vivió un caso ilustrativo: durante un examen, encontró un celular escondido en el estuche de una estudiante de 16 años. Al retirarlo, la joven reclamó de forma desafiante, entregó el examen en blanco y exigió que le devolviera el aparato. La docente evitó responder a la provocación por temor a que la situación empeorara, permaneciendo más de 30 minutos en el aula sin saber cómo manejar el conflicto.
El caso pone de relieve una dificultad compartida: cómo corregir y mantener la autoridad sin que la intervención desemboque en un enfrentamiento. Muchos docentes afirman que hoy miden incluso la forma en que llaman la atención a un alumno.
Datos del magisterio: más de 82,000 docentes confirman el problema
La Asociación Dominicana de Profesores (ADP), en su Primer Congreso Pedagógico Nacional, recopiló más de 82.000 respuestas de educadores de todo el país. El informe concluye que:
El deterioro del clima escolar —caracterizado por violencia, acoso e indisciplina— es uno de los principales obstáculos para el aprendizaje.
Los docentes se sienten desprotegidos institucionalmente y sin herramientas suficientes para manejar conflictos.
Se propone establecer un régimen claro de consecuencias disciplinarias que fortalezca la autoridad pedagógica del maestro.
Un clima creciente de hostilidad
Profesores de distintas partes del país reportan un ambiente de creciente hostilidad que afecta su seguridad y su labor cotidiana. Reciben mensajes agresivos, insultos y amenazas por parte de estudiantes, dentro y fuera de las escuelas. Las situaciones que antes eran excepcionales ahora generan temor entre quienes acuden a las aulas.
Las agresiones no son solo verbales: se han registrado casos en que colocan clavos y objetos punzantes cerca de los vehículos de los docentes para dañarlos. A esto se suma la presión de algunos padres, que reaccionan de forma agresiva cuando sus hijos obtienen bajas calificaciones, recriminando al maestro en lugar de analizar el rendimiento del estudiante.
Los profesores señalan también la escasa presencia de la Policía Escolar, lo que aumenta su sensación de desprotección y temor a que las amenazas escalen.
El ejemplo de una llamada de atención que se convirtió en conflicto
Una maestra de Juan de Herrera vivió un caso ilustrativo: durante un examen, encontró un celular escondido en el estuche de una estudiante de 16 años. Al retirarlo, la joven reclamó de forma desafiante, entregó el examen en blanco y exigió que le devolviera el aparato. La docente evitó responder a la provocación por temor a que la situación empeorara, permaneciendo más de 30 minutos en el aula sin saber cómo manejar el conflicto.
El caso pone de relieve una dificultad compartida: cómo corregir y mantener la autoridad sin que la intervención desemboque en un enfrentamiento. Muchos docentes afirman que hoy miden incluso la forma en que llaman la atención a un alumno.
Datos del magisterio: más de 82,000 docentes confirman el problema
La Asociación Dominicana de Profesores (ADP), en su Primer Congreso Pedagógico Nacional, recopiló más de 82.000 respuestas de educadores de todo el país. El informe concluye que:
El deterioro del clima escolar —caracterizado por violencia, acoso e indisciplina— es uno de los principales obstáculos para el aprendizaje.
Los docentes se sienten desprotegidos institucionalmente y sin herramientas suficientes para manejar conflictos.
Se propone establecer un régimen claro de consecuencias disciplinarias que fortalezca la autoridad pedagógica del maestro.


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