domingo, 6 de abril de 2014

OPINIONES


Hipólito Mejía debería liderar la Convergencia
Por JUAN BOLIVAR DIAZ
Ante el éxito que cosecha el sector mayoritario del Partido Revolucionario Dominicano encabezado por Hipólito Mejía y Luis Abinader en las movilizaciones de masas que protagonizan, además de lo que siguen marcando las encuestas, muchos comienzan a discutir cuál sería el papel a jugar por el primero en la Convergencia que gesta junto a una decena de grupos políticos.
En lo inmediato Mejía ha evadido hablar de candidatura presidencial, priorizando la necesidad de construir una fuerza política alternativa que ocupe el espacio de la oposición que la crisis del Partido Revolucionario Dominicano ha dejado vacío, lo que lo coloca en perspectiva de constituirse en un líder unificador.
Un PRD sin perspectivas
Tal como se le ha concebido, la “Convergencia por un Mejor País” representa una alternativa de nueva fuerza política, llamada a encabezar la oposición a la prolongación en el poder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), especialmente para la mayoría del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que encabezan Hipólito Mejía y Luis Abinader, conscientes de que la crisis de su partido se prolongará indefinidamente por la imposibilidad de restablecer procedimientos democráticos.
La primera decisión del Tribunal Superior Electoral contra Vargas Maldonado, esta semana, suspendiendo su proceso de elección de dirigentes hasta que entregue el padrón de miembros del partido reclamado por Guido Gómez Mazara, quien lo enfrenta como candidato a presidir el partido, renueva las expectativas de quienes todavía creen en la posibilidad de reunificación del perredeísmo, sobre todo de quienes se aferran al nombre y la mística que han dado vigencia de 7 décadas a ese partido.
Pero al mismo tiempo, hay quienes estiman que esa decisión puede operar como distracción y es indicadora de cuántos incidentes tendrían que ser superados no solo en la renovación dirigencial, sino sobre todo cuando se trate de escoger candidatos. Para un veterano dirigente político como Fafa Taveras es inconcebible competir en un certamen donde el presidente titular del partido y aspirante a mantenerse en el cargo y a la candidatura presidencial ha escogido a sus incondicionales como árbitros y se niegan a entregar el padrón de electores.
Los incidentes se sucederían sin límite de tiempo, manteniendo el desgaste del partido con el rechazo de la población que ha reducido sus simpatías a la mitad del 41 por ciento de los votos que obtuvo hace dos años, aparte del 6 por ciento que aportaron sus aliados. Eso mientras en el PLD una decena de dirigentes se mueven tras la candidatura presidencial, cuatro de ellos en abierta campaña y la mayoría de los senadores lanza la precandidatura del expresidente Leonel Fernández.
Liderazgos aglutinadores
Parece obvio que tanto los perredeístas inconformes con el rumbo de su partido como La Convergencia necesitan liderazgos aglutinadores, que no pueden constituirse solamente sobre la base de precandidatos. Ese trabajo lo vienen haciendo profesionales sin partido, pero tendría que implicar a algunos provenientes del perredeísmo. Es de los mayores desafíos de La Convergencia, dada la dispersión que ha caracterizado no solo a los perredeístas, sino también a los izquierdistas y hasta a la sociedad civil. Quien luce con más posibilidades de encarnar ese liderazgo es Hipólito Mejía, a quien se tiende a subestimar en parte porque él mismo con frecuencia abusa de la espontaneidad y sacrifica la planificación. Su vigencia política está determinada por su capacidad para acercarse a la gente, porque hace reir, porque proyecta bonhomía y por sus extraordinarias energías para la actividad política.
A menudo se olvida que el expresidente registró el 47 por ciento de los votos en la presidencial del 2012, luchando contra un frente de 14 partidos encabezado por el gobernante que utilizó todo el Estado e invirtió cerca de RD$100 mil millones por encima del presupuesto, aparte del caballo de Troya que representó el presidente de su propio partido. Se le echan en cara los errores derivados de su espontaneismo, olvidándose lo que aporta su condición personal.
Como también se le responsabiliza excesivamente de la crisis bancaria que hundió su gestión de Gobierno, tras una primera mitad con buena aprobación que permitió al PRD barrer en la elección legislativa y municipal del 2002, aunque la bomba Baninter estaba armada desde antes de su ascenso al poder. Lo que sí fue un grave error, y él lo ha reconocido, fue la reforma constitucional para buscar una reelección imposible en medio de las graves consecuencias de la crisis financiera.
La mejor inversión de HM
Expulsado del PRD por quienes mantienen secuestrado ese partido, con dos fracasos electorales consecutivos, una precandidatura de Hipólito dividiría el “PRD Mayoritario”, habida cuenta de que Abinader lleva más de un año corriendo, y podría liquidar La Convergencia. Nadie debe dudar que él conseguiría una candidatura de consideración, pero para volver a luchar contra el partido-Estado y ahora sin el nombre y los símbolos del PRD, que con Vargas Maldonado conseguiría restarle muchos más votos que hace dos años.
Próximo a los 75 años, sobre el promedio de vida de los dominicanos, no debería procurarse una tercera derrota que ahora podría ser catastrófica, porque tendría más dificultad para sumar seguidores fuera de los ámbitos perredeístas. Y porque ya no puede sembrar para cosechar votos en un futuro político que entonces no tendría.
Hay indicios y versiones de que Hipólito Mejía y su familia están conscientes de lo adverso que les resultan la circunstancias, pero que él también sabe que podría jugar un papel preponderante liderando una Convergencia llamada a crear nuevas ilusiones políticas en un país desencantado de un partidarismo tan profundamente corrompido, fundado en el clientelismo y el rentismo, en la malversación del patrimonio público y de espalda a los procedimientos democráticos.
Hipólito, que ya fue presidente de la República y otras dos veces candidato, podría dar un ejemplo en un país donde los políticos de su nivel, como el liderazgo en general, no concibe el retiro y cree que tras ellos llega el diluvio. Y si pone todas sus energías al servicio de una “Convergencia por un Mejor País”, con un programa razonable de necesarias reformas económico-sociales y políticas, podría tener un colofón para la historia.
Al no ser candidato, Mejía podría convertirse en líder y árbitro inspirador del proyecto de Convergencia, abriéndolo a todos los sectores que anhelan el rescate de la política. Si de una competencia sana y corta, con igualdad de condiciones para todos los precandidatos, con padrón universal como proponen los propulsores del proyecto, sale un candidato más joven que encarne las aspiraciones y demandas nacionales, por lo menos quedarían como opción alternativa y liquidarían la minoría que secuestra el PRD, lo que hasta permitiría su rescate, dado que han dicho que no renuncian al mismo.
Contrario a lo que algunos creen, nada está definido para el 2016 y el agotamiento de la capacidad de endeudamiento del Estado augura graves dificultades presupuestarias para los próximos años.
Las insatisfacciones crecerán, a pesar del buen desempeño personal del presidente Danilo Medina, quien tiene impedimento constitucional para la reelección, y en su partido soplan vientos de confrontación. Hay espacio para una nueva opción de oposición, aunque esa construcción no parece fácil.
El dilema Hipólito-Abinader
La confusión parece predominar en sectores perredeístas sin un líder que los aglutine, lo que en la historia de ese partido fue decisivo, primero con Juan Bosch y luego con José Francisco Peña Gómez. Las encuestas del último año han indicado un fortalecimiento de Luis Abinader como opción a la candidatura presidencial, por la que trabaja abiertamente, beneficiándose del hecho de que no ha ocurrido lo mismo con Hipólito Mejía, quien comprende que una competencia entre ellos los liquidaría a ambos, por lo menos de cara al 2016, pues aumentaría la dispersión entre los perredeístas y contaminaría el nacimiento de La Convergencia.
Hipólito y Abinader aparecen en las tres últimas encuestas Gallup-HOY liderando las tres cuartas partes de los que se consideran perredeístas, pero en partes casi iguales, con ligera ventaja del segundo. Juntos harían de La Convergencia una real opción alternativa, sobre todo si llegan alentando la unidad, la participación de las minorías, y con un programa de rescate de la democracia y la ética política que tanto escasea en el país.
Si pretenden simplemente apoderarse del proyecto Convergencia y transportar allí una lucha bilateral, le propinarían un golpe mortal y liquidarían la posibilidad de que se convierta en un centro de atracción de la inconformidad nacional, sobre todo en los sectores que aspiran a nuevas formas de hacer política y gobernar. Se apropiarían de una idea que ha tenido como motores a agrupaciones de izquierda como el Frente Amplio y su candidato Fidel Santana y a los independientes aglutinados en Ciudadanos y Ciudadanas por la Democracia. Sería más razonable que crearan un nuevo partido político.

Preguntas sobre la situecion del PRD
Por MIGUEL ESPAILLAT
El 3 de agosto de 2012, y luego el 21 de diciembre, también del 2012, es decir, un año y cuatro meses atrás, al ver que era imposible quitarle el partido a Miguel Vargas, porque intuí temprano los planes de él y Leonel Fernández de inhabilitar el PRD como opción electoral, para que dividido y menoscabado en su fuerza, el PLD tuviera el camino expedito.
Al efecto, escribí dos artículos alertando a las bases y a la dirigencia del partido, de la advertencia aludida, sustentando además, que la única opción que teníamos los adversarios de Miguel Vargas para llegar al poder, era con la formación de un nuevo Partido, del cual, hasta llegué a proponer su nombre: Partido Revolucionario Auténtico.  Esos artículos fueron seguidos por otros, reafirmando con argumentos diferentes mis criterios en torno a ese tema.
Desgraciadamente, nadie me escuchó, pues en este partido las bases y el que no tiene dinero, somos ceros a la izquierda.  Pero el tiempo, inexorable, me ha dado la razón y después de muchas luchas inútiles, el grupo mayoritario liderado por Hipólito y Luis, después de asimilar la realidad, han tenido que abocarse de manera algo tardía a la formación de ese partido, con el cual habremos de concurrir a las elecciones del 2016.
Ante esta realidad, ahora sucede, que no se está dando la unificación monolítica que se esperaba en torno al proyecto de la llamada convergencia, sino, que connotados dirigentes como: Orlando Jorge Mera, Guido Gómez Mazara, Francisco Peña Guaba, Eduardo Sanz Lovatón, Alfredo Pacheco, Janet Camilo y Geanilda Vásquez, los cuales suponíamos sólidamente pertenecientes a este movimiento político, repentinamente, y para sorpresa de muchos, han optado, por seguir dentro de la fracción del PRD liderada por Miguel Vargas.
Estos dirigentes, a lo largo de los casi dos años que han transcurrido después de las elecciones realizadas en mayo de 2012, se la han pasado buscando la unidad con Miguel Vargas y su gente, apelando a olvidar el pasado, a la unidad sin odio y sin rencores para asegurar, el triunfo en las elecciones del 2016; con lo cual, desde el poder- sostienen ellos- emprender las transformaciones sociales, económicas y políticas que nuestra nación demanda y necesita.
En este ínterin, los dirigentes abocados en esa búsqueda de conciliación, hemos visto, que han sido objeto de muchas burlas, humillaciones y desconsideraciones, tanto por parte del sector Vargas, como por las altas cortes a cargo de dirimir los procesos de reclamo que el sector mayoritario ha incoado ante los tribunales correspondientes.
En este contexto, lo extraño de todo esto es, que pese a que Vargas ha dado muestras más que suficientes de que  no le interesa la buscada unidad, estos líderes, aún buscan un dialogo que conduzca a la reconciliación, obviando no sólo, los desplantes y burlas de Vargas y su grupo, sino también, que esa unidad en el caso hipotético de que se diera, nunca se daría en forma mayoritaria, pues buscando el 10% de Vargas, por otro lado, se perdería un 30% o más, que sostiene (entre ellos yo), que alianza con Vargas nunca jamás.
En medio de estas enconadas luchas, el discurso para la unidad y conciliación de estos líderes para el pueblo ha sido: “Estamos luchando por llegar al poder, para realizar las transformaciones sociales, económicas y políticas que nuestro país necesita y para ello es necesario la unidad.
Ahora bien, como para hacer la revolución se necesita de los revolucionarios, es decir, para realizar esas transformaciones sociales, económicas y políticas que prometemos al pueblo, una vez estemos en el poder, necesitamos de la gente idónea para ello, es decir de las personas de probada honradez y conducta patriótica, dispuesto a sacrificarse por su país; de gente sin dobleces, que hayan dado prueba de ser auténticos apóstoles de la política, tal como lo fueron muchos de nuestros antepasados. En fin, en el gobierno, necesitamos de ciudadanos con vocación de servicio a su pueblo, que no vayan a hacerse más rico de lo que son, a costa del erario puesto bajo su responsabilidad.
Ante esta situación, mi pregunta es la siguiente: ¿Ese gobierno que prometemos realizar una vez lleguemos al poder, será posible ejecutarlo, con gente en posiciones importantes, como Eduardo Jorge Prats, abogado de la Barrick Gold, Fiquito Vásquez, Peggy Cabral, Julio Maríñez, Aníbal García, Rudy Gonzales, Cesar   Díaz Filpo, Alejandro Abreu, Wilfredo Alemany, Nelson Marte, y para requintar, digamos con Miguel Vargas de Presidente de la Republica?
¿Llegar al poder con esta gente, y prometer que haremos un gobierno para los desposeídos, y que realizaremos las transformaciones sociales, económicas y políticas, no es un engaño más a nuestro pueblo?
¿Son ellos hombres y mujeres, de ideales y principios nobles?
¿Tienen todos ellos las condiciones cívicas y morales requeridas, para hacer los grandes aportes que nuestra patria demanda de sus hijos, en este crucial momento?
¿Con ellos, estaría nuestra patria en buenas manos?
¿No sería más correcto políticamente y de provecho para el país, luchar para que esta gente no alcance en nuestra patria posición alguna de poder en el estado?
¿Un verdadero Proyecto de Nación, sería posible con ellos?
¿O en el fondo, de lo que se trata, es simple y llanamente de llegar al poder?
A ustedes connotados dirigentes, dejo las respuestas a estas simples interrogantes

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