Desde el momento en que se anuncia tu nacimiento y el sexo que define tu género, comienzan a gestionarse en el cerebro de tus padres y en el de la sociedad todas las cosas que de ahí en adelante te pertenecen, vas a usar, cómo te van a llamar, las formas en que serás educada. En tu memoria, se van almacenando informaciones que te definirán el resto de tu vida y con las que construirás tus propios sueños.
Educación y valores
No muy lejos de este nicho acogedor que se llama hogar, también está la sociedad con la que converge y donde también se construirán otros aspectos de tu vida, dependiendo del entorno social al que pertenezcas.
Todos estos elementos forman a un ser humano y completan una maleta que se llena de acciones, actitudes, comportamientos y formas de pensar que llevarás el resto de tu vida a todos los lugares, incluyendo el laboral, donde vamos a trabajar y dedicamos más tiempo de las 24 horas que el día nos regala.
Vacíos existenciales
Es ahí donde, además de ejercer tu profesión apegada a las políticas y expectativas de la empresa para poder crecer y alcanzar la cúspide, también de vez en cuando tienes que sacar de la maleta parte del equipaje que te hizo llegar, pero si cuando llenaste el equipaje quedó un espacio vacío y lo ocupó el ego, la infelicidad, la falta de valores humanos, humildad, todas estas miserias son las que van aparecer en los intervalos como si fuera artífice de obra “Los siete pecados capitales”.
La historia está plagada de hombres que cuando llegaron al poder gobernaron más sus miserias humanas que su inteligencia como son Adolfo Hitler, Mao Zedong, Josef Stalin en otros continentes y en República Dominicana Rafael Leonidas Trujillo.
Salario emocional
Espero que algunos jefes que hemos elegido no tengan tantos vacíos en sus maletas y si los tienen nos permitan llenarlos con buenas acciones para que se conviertan en personas capaces de incentivar y encaminar a su equipo por un bien común, sin importar su posición dentro de la empresa y la sociedad. Que trabajen por un bien común. Generen cambios positivos y puedan ser recordados con cariño, admiración y respeto. Si el poder es para usarlo, como dice el refrán, entonces pienso que debe ser para bien.

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